[Columna] ¿Somos tontos los chilenos? Por Alexis López Tapia


No. No se trata de una pregunta retórica para respondernos fácilmente que claro que sí, porque de otro modo no se explica un Gobierno como el que nos rige.

Las implicancias ideológicas de esta pregunta me resultaron evidentes en extrañas circunstancias -que quizá algún día les relate-, cuando un sostenedor apeló directamente a esa condición para intentar explicarme los pobres resultados en la prueba SIMCE que sistemáticamente obtienen sus estudiantes.

Ello, pese a su evidente orgullo en el sentido de que su colegio “es el mejor de la comuna”, y al hecho de que su aseveración estaba claramente vinculada al hecho de que esa comuna en particular es parte del Chile pobre… y por ende -en su lógica-, tonto.

Inmediatamente me acordé de los famosos y actualmente desacreditados test de inteligencia de sir Cyril Burt, que se hicieron famosos durante la segunda mitad del Siglo XX, y que demostraban contundentemente que el CI es completamente hereditario, y que los pobres son más tontos que los ricos, entre otras cosas.

El hecho más relevante de sus investigaciones, es que Burt pretendía haber estudiado a gemelos idénticos separados, un experimento hoy clásico…

Su primera publicación en 1955 señaló que había estudiado 21 parejas, cuya correlación de CI era de 0,771. Tres años más tarde, el número de parejas se había elevado a “más de treinta”, y –curiosamente-, el índice seguía siendo el mismo. Once años más tarde, y cuando la muestra había aumentado a 51 parejas ¡la correlación aún era de 0,771! Lo mismo ocurría en parejas de gemelos idénticos no separados, aunque la muestra seguía creciendo progresivamente en el tiempo.

Fueron las propias matemáticas las que desacreditaron a Burt más rápido de lo que su fan número uno, Arthur Jensen, se atrevió a aceptar. El burdo fraude quedó al descubierto cuando se descubrió que simplemente había “inventado cifras” y “había falsificado” todos los datos.

La discusión de fondo, entonces y en la conversación con el sostenedor, tenía mucho más que ver con nuestra visión de la sociedad que con difusos test de inteligencia.

En efecto, los argumentos políticos incluso hoy, desean fervientemente estar amparados por fundamentos científicos, y –mejor aún-, biológicos (para muestra, vean la discusión sobre la "Píldora del día después").

En la base ideológica del Neo Liberalismo, e incluso en los fundamentos del monetarismo de Milton Firedman y sus adláteres chilensis –los Chicago Boy’s- hay una tradición filosófica de individualismo que hace hincapié en la primacía de individuo sobre la comunidad.

Se argumenta que esta prioridad tiene un fundamento moral –incluso teológico-, en que los derechos de los individuos tienen absoluta prioridad sobre los de la colectividad –como por ejemplo, el derecho a talar bosques nativos hasta eliminarlos para obtener el máximo beneficio económico inmediato-, y un aspecto ontológico y aparentemente lógico, al considerar que la Comunidad no es más que la suma de los individuos que la componen.

Esta es la herencia directa de las ideas de Thomas Hobbes y de la noción de que la existencia humana es una bellum omnium contra omnes, una “guerra de todos contra todos”, o del concepto del hombre como homo lupus hominem, “el hombre es un lobo del hombre”, que el autor usó en Leviatán.

En clara sintonía con estas ideas, si los pobres son genéticamente tontos, es claro que el “derecho” de los Lobos socialistas neoliberales es comérselos a mordiscos, y que –por ende-, la gran mayoría de los chilenos que no somos ricos, somos una presa de la concertación y la alianza "socialista neoliberal" que nos come a impuestos, alzas y corrupción todos los días.

¿Es esto así?

Lo primero que le respondí al sostenedor es que la distribución social de la inteligencia es transversal y disgregada. No está concentrada –por mucho que a algunos les parezca-, ni por “clase social” ni por origen racial –genético-, ni por otros factores predeterminados.

Su reacción –previsible- fue indicarme que los mejores puntajes de la prueba SIMCE están en los colegios privados, que concentran alumnos de familias de mayores ingresos.

Pero ese argumento carece de toda validez, como se verá rápidamente.

Vamos a suponer que usted tiene un hijo brillante, un verdadero genio, pero lo envía a vivir en la selva y lo crían –digamos- los gorilas.

Bueno, su hijo NO será “Tarzán”, lo siento. 

Su hijo será otro gorila, nada más, y de paso esta es una refutación a la propia novela de Edgar Rice Burroughs.

Cierto, claramente su hijo será más inteligente que los gorilas, pero al medir esa inteligencia en parámetros humanos, aparecerá como menos inteligente que el hijo más tonto de su vecino. Y si este ejemplo parece artificial, no nos olvidemos los casos de los “niños lobo”, como el de la India, donde una niña fue criada por una manada de lobos hasta que la rescataron… y siguió comportándose básicamente como una loba hasta que murió.

Continuemos.

En otras palabras, el hecho de que los resultados de la prueba SIMCE sean mejores en colegios con estudiantes de mayor nivel socio económico no es porque ellos sean más inteligentes, sino porque el ambiente en que se desarrollan, y la calidad de la educación que reciben es mejor.

Nada más.

Pero hay otro punto crítico a considerar: El 80% de la población chilena no es rica.

Los datos obtenidos desde 1985, muestran la desigualdad existente en la Distribución del Ingreso en Chile: el 10 por ciento (decil) más rico de la población se lleva más del 40 por ciento de los ingresos, mientras que el 10 por ciento más pobre recibe un monto que alcanza el 1 por ciento.

En otras palabras, el 80% de la población chilena está justo en medio: entre los más ricos y los más pobres, y ese 80% vive con algo más de la mitad del ingreso del país.

Y como señalé antes, la distribución de la inteligencia no está concentrada: es transversal y disgregada.

Por ello, hay más niños inteligentes en ese 80% de la población -que somos la mayoría de los chilenos-, que en los extremos más rico y más pobre del país. Simplemente porque somos la mayoría de los chilenos.

Lo que sí ocurre –y que explica el error de análisis del sostenedor-, es que obviamente el ambiente, la alimentación, los estímulos, el acceso a la cultura y la tecnología, y particularmente la calidad de la educación del decil más rico de la población, logra que allí la inteligencia de los niños se desarrolle al máximo de sus capacidades posibles.

Eso es lo que reflejan los resultados de la prueba SIMCE: que en Chile hay una brecha gigantesca en las posibilidades de desarrollo de los sectores de mayores ingresos económicos respecto a la mayoría del país, y no que allí hay o nacen más niños inteligentes.

Por eso, no importa si usted es pobre o es rico: si tiene un hijo inteligente, lo alimenta adecuadamente, lo estimula permanentemente, lo rodea de un ambiente que potencie sus capacidades, lo educa para aprender de manera continua, le brinda acceso a la cultura y la tecnología, y le brinda una educación –aunque sea en la casa-, de buena calidad, con toda seguridad desarrollará todas sus capacidades, aunque salga mal en la dichosa prueba.

Por el contrario, no importa si usted tiene la fortuna de Bill Gates: si usted tiene un hijo inteligente y no lo alimenta bien –lo cría a puro MacDonald- no lo estimula, no le da acceso a la cultura y la tecnología, no le enseña a aprender, y le da una mala educación, seguramente su hijo será un tonto rico, como lamentablemente parecen abundar en el país.

Los chilenos no somos tontos.

Sí somos muy ignorantes. Somos bastante incultos. Y somos bastante flojos para aprender a aprender.

Por eso quizá hay muchos convencidos de que el Individuo tiene primacía sobre la Comunidad, y por eso las desigualdades sociales, que justifican lo anterior, seguirán existiendo mientras haya quienes crean –por convicción, tontera o convencimiento-, que esa es una verdad más Santa que el mismísimo Papa.

Eso basta y sobra para explicar porque tenemos Gobiernos como el que tenemos. 

No porque seamos tontos...


Alexis López Tapia













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