"La educación en el mundo y también en Chile" Columna de Francisco Javier Urzúa Rodríguez.

Por recomendación de @uni_001, he visto un vídeo de un académico británico, ­habla de las factorías de elementos económicamente útiles para la sociedad o el Estado, me refiero a los colegios y de como estos se han transformado en verdaderas fábricas de «cerebritos» y de como se han inflado los grados académicos, pues si en los 80's tener un título universitario era «éxito asegura'o», hoy son los doctorados.

¿Será que los títulos no valen nada o será que puedes ser muy inteligente, pero si no produces «te vas cagando por comunista»? creo en las relaciones personales, pero el sistema está hecho para que estas mueran por la rutina, para ser engranajes de una gran máquina y si uno no funciona como se espera, es reemplazado.

Genuinamente la industrialización genera hombres sin sentido de vida, cuya máxima principal es acumular riquezas materiales, pero una pobreza espiritual enorme, porque ahora hasta los curas –a excepción de los franciscanos– tienen «aifón» y se mueven en vehículos relativamente modernos y a costas de los feligreses, lo he planteado otras veces creo, antes el ideal de todo hombre era «tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro», en ningún caso habla de producir, cobrar caro y acumular riquezas.

Ahora un hombre no se conforma con ver salir el sol ni siquiera con los eclipses, hemos perdido la el amor al asombro, ahora a nadie le gustan las cosas simples, sin ir más lejos, en las fiestas pasadas, entre la familia tácitamente preferimos pasar una noche de conversación, sin más que algo rico de comer y buena compañía, pero la fiesta ya dejó de ser familiar, ahora es la fiesta del consumismo, el cariño sufre un proceso de metamorfosis y se transforma en un regalo materialista.

El asombro, es aquello que nos insta a seguir innovando, pero al mecanizar todo el funcionamiento de la sociedad, se ha perdido, muy pocos tienen el privilegio de trabajar por gusto, probablemente las profesiones peor remuneradas son en las que las personas trabajan en lo que les gusta y son más felices que un ingeniero en minas, porque probablemente el que eligió la mejor remunerada, sólo lo hizo por el atractivo económico, en cambio en la peor remunerada, el atractivo es plenamente espiritual, tengo la suerte de conocer a dos ingenieros en minas, ambos ejercen como profesores de mi colegio, uno además de profesor es aficionado a la fotografía y el otro a la música y el teatro, es decir, estudiaron algo muy atractivo económicamente, pero no satisfacía sus ambiciones personales o a la postre se transformaron en trabajos incompatibles con la vida familiar.

Me acordé de lo que dijo el actor nacional Jorge Zabaleta, dijo que él no era un prototipo de alumno brillante, veía el colegio como cárcel y por sobre todo, dijo que él desde chico buscó una profesión u oficio de la que se sorprendiera a diario, que cada día fuese un desafío. Ciertamente la mecanización de los procesos es lo que termina por matar a una sociedad, acabando con la innovación por la ridiculización del fracaso. ¿Pero quién no aprendió a nadar sin tragar agua? ¿Quién no aprendió a caminar sin tropezarse? De los errores se aprende y en el sistema educacional imperante en el orbe los errores son estigmatizados, por ende, el sistema estigmatiza aprender.

Hace un tiempo leí un artículo de José Miguel Serrano en su blog de La Tercera, habla de que Chile es un país que destaca dentro del continente sudamericano como un país sin muchas riquezas económicas, pero con un pueblo que destaca por su calma, por ser un país de vates, de organizaciones sólidas y no de caudillismos efímeros, ¡Malaya sea ese Chile mágico que el padre de éste nos relatara! ¡Malaya sea el pueblo que vive de acuerdo a las leyes de la naturaleza! A lo que se refiere Serrano, es que si bien es cierto, Chile es un país «relajado», se está enseñando a las nuevas generaciones a perder dicho estado desde la infancia. Ojalá que esta destacada impronta no se pierda, que nuestras nuevas generaciones conozcan el campo, desarrollen el apego a este suelo que nos ha visto nacer, por apego me refiero saber cuidar esta «herencia» que le dejaremos a nuestros hijos.

Esa herencia cultural es la que debemos preservar, pues está siendo seriamente amenazada por la rutina y la esclavitud de los impulsos y de lo que la economía social de mercado espera de un individuo.

Volviendo al hilo del vídeo, el exponente explica que los colegios al estigmatizar el fracaso estigmatizan también la creatividad y con eso, el hambre de aprender, me temo que todo está perdido, son muchas las generaciones que han pasado por lo mismo, sobre todo desde el inicio de esta centuria, por razones personales revisé un libro de historia entregado por el Estado, me parece que en el año 85 u 86 del siglo pasado, es envidiable como eran, con fuentes primarias, de esas que hacen pensar al alumno y que cada cual saque sus propias conclusiones en cambio los actuales, sólo traen textos preparados por un editor, cargados de opiniones más que de hechos concretos.

Quizás se pueda enmendar el rumbo, para que en las generaciones del porvenir puedan surgir, no sólo en lo económico, sino en lo personal y espiritual, pues la satisfacción de un trabajo bien realizado es mejor que cualquier paga.

Francisco Javier Urzúa Rodríguez.


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