"Benedicto, El hombre de la mano fuerte y corazón de niño", Por Dennis Jofré

La sorpresiva renuncia del Santo Padre Benedicto XVI nos sorprendió a todos. A mi parecer ni por la cabeza de sus más cercanos colaboradores estaba esta posibilidad, pero a estas alturas esta más que claro, que de apresurada esta decisión no tiene nada.

En primer lugar sorpresa, incredulidad, confusión…Palabras que, eso si, dan paso a preguntas, ¿porque esta decisión?, ¿Qué está pasando en la Iglesia?, ¿Actúa en libertad el Papa? Etc.

Más allá de todo lo que esto genera, hay que mirar las cosas desde el punto de vista del funcionamiento de la Iglesia que, aunque cueste créelo no funciona siempre como todas las instituciones humanas, ciertamente el Espíritu Santo hace su trabajo y acompaña el camino de la Iglesia, por lo tanto mirándolo desde este lado la dimisión de Benedicto XVI más que un simple decir “no me la puedo” y tranquilamente retirarse a un descanso, es más bien un decir “es tiempo de renovación”, una renovación que su significado solo esta en la conciencia del próximo sucesor de san Pedro.

Benedicto XVI llego a la Cátedra del Vaticano para suceder a un Papa tremendo en su carisma, que le permitía ser por ende un gran comunicador, un hombre sencillo que ante todo fue Padre, amigo y pastor. ¿Qué le quedaba entonces al Papa Ratzinger? Definitivamente una humanidad que lo acogió desde el primer momento con el mismo amor que a su antecesor y que fue decisivo a la hora de permitir ahora a este nuevo “Pescador de hombres” mostrar toda su persona, valorándose en él su extraordinaria claridad frente a los problemas no menores en la Iglesia, una intelectualidad que lo hace ser uno de los teólogos más importantes del último tiempo y su sencillez que a veces se transformaba incluso en una timidez que asombraba, estábamos nuevamente por la Providencia de Dios frente a otro gran Pastor que como lo han afirmado los Obispos chilenos siempre ha sido un Padre atento, un Maestro lleno de sabiduría y un Testigo de la Esperanza que no engaña.

No hay que entrar entonces en el juego de especular los porque de su repentina salida del solio Pontificio, sino más bien, entendiendo esta lógica que si una decisión como esta, que es tan importante no puede ser tomada a la ligera ni menos pretender pensar que un hombre con las características de Benedicto se dejaría influenciar por presiones externas a su conciencia de Vicario de Cristo. ¿Y por qué?, no queda duda que si bien durante su ministerio petrino mostró toda su caridad de pastor, también ha sido un hombre de mano de hierro para enfrentar a aquellos que justamente quieren hacer de la Iglesia una institución donde el pecado de la corrupción y de la violencia de todo tipo contra las personas inunden el lugar donde Cristo a querido permanecer…su Iglesia.

Frente a los casos de pedofilia fue de una línea….no hay espacio para los pedófilos en la Iglesia aseguro sin titubeos, la dignidad de las personas, especialmente de los más débiles debe estar ante todo.

La corrupción de su más cercanos claramente fue uno de los dolores más grandes de su vida, la fuga de documentos desde su mismo escritorio nos daba a conocer que algo no andaba bien en el Vaticano, pero no perdió la calma y la lucidez, realizó las modificaciones que él estimo necesaria dentro de lo que se llama “El sequito Papal”, perdonó a quien cometió este delito, su mayordomo Paolo Gabriele a quien quería como a un hijo.

De debilidad entonces, no se puede hablar en Benedicto, aunque esto podría contrastar con sus mismas palabras en el Consistorio donde anuncio su dimisión: “Por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino” aseguró. A mi parecer, una humildad incomparable, el Papa de la mano firme y el corazón de niño se dio cuenta que sus fuerzas ya no daban para guiar a un barca que cada día necesita ir mas allá, siempre más “mar adentro”. Pero he aquí entonces una clara señal, no es que haya contradicción en todo esto, sino que, nos da mayor claridad para ver que los desafió a los que se enfrenta la Iglesia en este siglo son de de una magnitud tremenda, el mundo cambia, exige siempre más respuestas y la Iglesia debe darlas, con los fundamentos necesarios y sin alejarse en nada de la cruz de Cristo, porque cuando pierda de vista esa cruz ya no será la Iglesia de Jesucristo.

El nuevo sucesor de Pedro, sucesor de un grande como Benedicto XVI es el hombre al que el mundo católicos mirara nuevamente con ojos de esperanza, con oídos atentos y un corazón dispuesto a seguir poniendo su fidelidad en aquel a quien el mismo Cristo le dijo "Tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam", “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Gracias Santo Padre, bendíganos en el Nombre del Señor.

Por,

Dennis Jofré Perez
Asistente de Educación
Twitter: 
 
PATAGONIA CHILENA, REGIÓN DE AYSÉN.





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