El uso político del no a HidroAysén - Columna de Andrés Gillmore

Uno de los tantos problemas con que las organizaciones ayseninas han tenido que lidiar desde que se entro en batalla por no permitir el represamiento de los ríos de Aysén, es el uso político de la iniciativa, que no beneficia en nada a resolver el problema, solo divide, creando un ambiente enrarecido que no corresponde al verdadero fundamento de los que pensamos que las transnacionales no operan con ética, no solo en la región de Aysén como en el Chile total, abusando de una ley medio ambiental mal implementada, construida a la medida para que las transnacionales puedan operar sin ningún estándar profesional operacional, presentando estudios de impactos ambientales paupérrimos que no reúnen las mínimas condiciones para ser construidos, destruyendo todo a su paso incluso las comunidades.

Esa es la realidad de muchas regiones de Chile en la actualidad y es una muestra del centralismo y en el último tiempo muy especialmente en las regiones australes, con proyectos hidroeléctricos muy invasivos y destructivos en Aysén: Río Cuervo en la comuna de Puerto Aysén, HidroAysén en la cuenca del Baker y lo que lamentablemente se consumo muy desprolijamente en la región de Magallanes, con la puesta en operación de la mina de carbón invierno en Isla Riesco, la más grande a tajo abierto del planeta, en una región que es por todos sabido es azotada por grandes vientos huracanados.

En Aysén el tema no representa un gran problema, al entenderse que ir en contra o a favor de las represas es un tema transversal, que atañe indistintamente del color u ideología política. Los partidos políticos regionales lo han entendido así y no se meten públicamente en el debate, aunque todos en Aysén sabemos claramente los intereses creados y que partidos políticos están interesados.

HidroAysén al ser una empresa extranjera no entiende los códigos de la región y ha venido ejerciendo desde el último tiempo un “bullyng” desenfrenado en las comunidades rurales especialmente en el sur de Aysén, haciendo uso malicioso de su programa en Radio Ventisqueros “Hablemos con HidroAysén” en Coyhaique, producido y conducido por María Soto, la relacionadora comunicacional de HidroAysén, difamando en el programa a cuanto líder de opinión y representante de organizaciones sociales que están en contra del proyecto, para intentar revertir la contrariedad del proyecto, cruzando la línea de la ética, la moral y las buenas costumbres a las que estamos acostumbrados a debatir y a disentir en Aysén y eso solo demuestra como opera la transnacional y los valores con que se manejan.

En estas elecciones el tema energético es de gran importancia y por supuesto la viabilidad de HidroAysén como solución energética no se puede obviar del debate. Muchos candidatos tienden a usar el discurso contrario para demostrar que se proyectan por un Chile del futuro y que al ser reconocidos como contrarios a HidroAysén, “se entendería” que están optando por una estrategia energética vía energias renovables no convencionales (ERNC). Pero la verdad que el tema no es tan así como se cree y la incertidumbre es grande cuando algunos hablan tan ambiguamente sobre el tema y no son taxativos como debe de ser ante el tema y uno duda si realmente son ciertas las posturas y que las actuales posturas no sean solo una estrategia de campaña para conseguir los votos.

Lo que más tenemos que fijarnos cuando un candidato discurse de la inviabilidad de un proyecto energético como HidroAysén, Río Cuervo o Isla Riesco o cualquiera de los proyectos en carpeta de las diferentes termo eléctricas a carbón o petróleo, es constatar que si de verdad el actuar de hoy se coincide con los del pasado del candidato, en eso se sustenta la verdad de la posición y argumentan más sólidamente que cualquier discurso que se pueda hacer. Es muy importante evaluar las consecuencias futuras del actuar de un candidato dentro de un margen de movilidad como el sentido común manda.

Ser consecuente no significa no tener la capacidad de cambiar de idea, de no entender el cambio y la evolución de las ideas y de los conceptos, entendiendo que el mundo científico nos devela rápidamente verdades aceptadas por mucho tiempo que hoy ya no lo son más. La visión del mañana debe fundamentarse en entender los procesos y los cambios, exigiendo rigor científico y profesional con el que se actúa. Hoy no basta con decir, hay que analizar, demostrar y fundamentar.

Un ejemplo claro de lo que sucede con el mundo de las represas de muros de contención y embalses y son una prueba real de la evolución del pensamiento y del cambio de los paradigmas. En los años 50 al 70 del siglo pasado, estas moles de concreto fueron consideradas las mejores formas de producir electricidad, creyéndose en ese entonces que eran energías limpias y renovables. En los años 80 de acuerdo a estudios que les fueron realizando a las represas a medida que las pudieron monitorear y entrando en operación se entendió que contaminaban, que no eran tecnologías tan limpias como se creía. En los 90 la sedimentación producida en los ríos intervenidos fue una importante voz de alerta, constatándose importantes daños en la flora y fauna de los territorios intervenidos y sobre todo se entendió que destruyen a las comunidades. En Chile es fácil de constatar lo destructivo de la intervención, solo basta con visitar el alto Biobío.

En los 2000 quedo claro que eran muy destructivas, con poca vida útil no más de 50 años. En los Estados Unidos se empezaron a cerrar y demoler muchas de ellas y desde ese entonces en Europa se dejaron de construir totalmente y ellos entendieron que la apuestan es por ERNC era lo que había que hacer. Hoy los que justifican las represas de muros de contención, sustentan sus dichos en estudios realizados en el siglo pasado donde hoy no tienen valides científica alguna y se usan para confundir a una opinión publica que no esta bien informada y de ahí que tanto profesional capacitado este tan en desacuerdo con HidroAysén y su forma de trabajar.

En el tema energético se debe tener claridad que Chile no necesita más energía para su consumo domiciliario, ese discurso es una falacia y no se ajusta a la realidad, quienes necesitan más energía es la mega minería, pero son ellos los que tienen que generar sus propios proyectos energéticos y en los mismos lugares donde se emplazan sus faenas de producción. No pueden pretender intervenir Chile de norte a sur, para que ellos puedan operar a menores costos y a entera satisfacción, eso fue posible en el Chile del pasado. En el de hoy ya no lo es y es atentatorio al bien común, al desarrollo eficaz y sustentable que buscamos tan desesperadamente.


Por, Andrés Gillmore
Corporación Costa Carrera.
@Veranadas


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