Anticiparnos es desarrollo - Columna de Andrés Gillmore

El mayor problema que tenemos en Aysén en la actualidad, es que no hemos tenido la capacidad de generar un Plan de Desarrollo integrado, que nos permita un ordenamiento territorial y un buen uso integrado de cuencas. Necesariamente la creación de un Plan integrado, es el único medio para lograr un desarrollo sustentable, armónico y con parámetros sustentables. De no ser así, es como construir una casa sin un plano arquitectónico y sin el plan solo construimos un rancho.

Se tiene la tendencia a compararnos con otras regiones o con el mismo Santiago, aplicando modelos preconcebidos, que no consideran nuestras potencialidades y debilidades. Muchas veces hemos tenido que escuchar frases tan ridículas como “Aysén se merece el mismo desarrollo de Santiago” o “Aysén no puede seguir siendo el patio trasero de Chile” por parte de empresas y personajes, que han llegado a la región creyéndose dueños de la verdad, sin tomarse el tiempo de entendernos, con una actitud paternalista que solo nos menoscaba. Tenemos perfecta conciencia de lo que queremos y de como lo queremos, que somos ante todo, el ante jardín más bonito que un país pueda tener y la única región de Chile que es considerada “Reserva de Vida” y respetada a nivel mundial por ello. El tema de fondo que reflejan estas sesudas frases, es que existe un desconocimiento total de lo que somos y lo que representamos, es labor de nosotros mismos y de nuestras autoridades, darnos a entender de lo que queremos y como lo queremos. Siempre hemos corrido el riesgo, que por un simple negocio, una ventaja comparativa mal evaluada, o la tentación de jugar con variables que poco se entienden y poco demostrables, para sacar ventajas políticas ante las propias debilidades que tenemos, nos obliguen a aceptar formatos que no corresponden.

Es importante tener la capacidad de entender los procesos sociales y sus cambios, adelantándose, preparándonos con conocimiento de causa, para lo que se viene en los próximos 30 años, que intrinsicamente no serán fáciles y que sin duda alguna representan el gran desafíos, crecer y desarrollarnos de acuerdo con lo que somos, sin destruir nuestra identidad cultural, formato social y nuestro medio ambiente.

En el mundo rural en los últimos años, se han gestado importantes procesos de cambio social, sobre todo de una re-distribución de la tierra y de los negocios, que no ha favorecido en nada a los ayseninos, desestimando la forma de vida que históricamente practicábamos, reflejando la falta de un debido Plan de anticipación y de mitigación de contingencias, que hubiese permitido a las comunidades sobrevivir y proyectarse como es debido. Al no entenderse la problemática, las comunidades quedan aisladas y desprotegidas.

En décadas pasadas la vida rural no era mala y aunque todo quedaba a tras mano y se andaba de a caballo, recorriéndose grandes distancias, perdiendose días y semanas en meros tramites, no había TV satelital, se nacía y se moría en el campo, a pesar de todo eso, los pobladores tenían una mejor calidad de vida, tenían animales y un mercado que los demandaba, permitiéndoles proyectarse a el y las futuras generaciones, enfrentando el futuro con tranquilidad.

Al final de la década de los ochenta y principios de los noventa, casi todas las tierras en el sur de Aysén, estaban en posesión de descendientes directos de colonos de cuarta y quinta generación, que habían obtenido sus títulos de dominio gratuito por parte del estado en la década de los setenta, transformándolos de colonos a pobladores. En menos de diez años a partir de mediados de los noventa, las tierras fueron vendidas a capitales foráneos, precisamente por la falta de un Plan de desarrollo y de contingencia, que permitiera potencializar a los pobladores y utilizar sus ventajas comparativas.

Las comunidades estaban en ese entonces estaban dejadas de lado y a su propia suerte, en un escenario muy poco favorable y sin el debido apoyo, que en definitiva nada pudieron hacer ante el gran impacto social y económico que llego de fuera de la región, que literalmente los avasallo en pocos años, permitiendo la pérdida de lo más preciado que puede tener un aysenino, la pose de la tierra, por la obligatoriedad de vender para sobrevivir.

Como región debemos aprender de esa experiencia negativa que tuvo un alto costo social y no cometer los mismos errores. La falta de precaución atomizo considerablemente la problemática y permitió que la gran mayoría de los pobladores quedaran fuera del proceso al tener que vender sus tierras y que no pudieran disfrutar de la prosperidad del nuevo formato y del aumento a precios exorbitantes del precio de la tierra por la compra de estas por los nuevos contingentes, con acceso a créditos bancarios que los pobladores no podían tener y que en definitiva marco la gran diferencia.

Mucho se habla que necesitamos mejorar la conectividad con la provincia de Palena y la región de Los Lagos. Esta claro que es una necesidad básica de conectividad, de eso no hay duda y la solución ya esta en proceso; pero también es cierto, que debemos prepararnos para resistir el lógico embate social-cultural y de negocios que llegaran de las regiones de Los Lagos y de Los Ríos, con la llegada de un gran contingente en busca de nuevas oportunidades, obsesionados con Aysén y sus oportunidades de negocios. Debemos preparar a las comunidades y desarrollar un Plan de acción de desarrollo regional de comunidades, que permita anticiparnos a los embates sociales que sin duda llegaran y permitir que nuestras comunidades puedan sumarse al desarrollo propuesto. No como ocurrió en el sur, donde los pobladores a pesar del esfuerzo de generaciones, pasaron de dueños a empleados de sueldo mínimo en sus propias tierras.




Por,
Andrés Gillmore
Corporación Costa Carrera

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