Un Chile más justo - Columna de Andrés Gillmore

No hay duda que todas las fallas del modelo de desarrollo han sido expuestos de una manera como nunca antes se había dado en nuestra sociedad, desnudando todo el proceso de una manera tan descarnada, que uno no puede dejar de preguntarse como fuimos tan ciegos e ilusos que no supimos ver lo que estaba pasando y durante tanto tiempo. Como ciudadanos debemos reflexionar ante esta realidad y entender porque es importante, que los cambios actuales más que una visión de Estado, Gobierno o por una iniciativa de los políticos por mejorar los procesos y la calidad de vida de los habitantes de Chile, el cambio que estamos viviendo en la actualidad se debe principalmente a que la ciudadanía alzo la voz haciendo valer sus necesidades y derechos, exigiendo sustancia y que nos transformemos en un país justo, con sentido social y sobre todo más solidario a la hora de aplicar estrategias y construir el modelo de desarrollo.

El consumismo desde la llegada de la nueva democracia en 1989, se transformo en la piedra angular del modelo económico; en un comienzo (1986) fue una linda sensación acceder a tantas cosas materiales y diferentes tarjetas créditos, pero a la larga fue solo un espejismo que represento un costo social enorme para las clases sociales menos adineradas y los confundieron totalmente al hacerlos creer que crecimiento era igual a desarrollo, concepto utilizado para justificar procesos, pero que en verdad es una gran falacia y bajo este paradigma se dio pie para el abuso, la desigualdad y que se jugara con la esperanza y la vida de miles de chilenos.

Si miramos con retrospectiva histórica, es sorprendente ver lo que éramos y proyectábamos a mediados del siglo XX, cuando contábamos con industria envidiable a nivel latinoamericano. Hoy puede parecer algo irreal y fuera de contexto, pero en ese entonces tuvimos la capacidad de construir locomotoras de muy buena calidad y que además eran exportadas a Francia. A mediados de los años 60 del mismo siglo, tuvimos importantes armadurías de automóviles en Arica de marcas como Citroën, Renault, Chevrolet que era el primer paso para construir automóviles (así empezó Brasil en los mismos años), exportábamos cereales, carne, lana, textiles, calzado, productos del mar y productos manufacturados de muy buena calidad. Fuimos considerados un país de grandes potencialidades industriales y futura potencia alimentaria. El mismo Estadio Nacional construido en el año 1938, fue en su momento el recinto deportivo más grande de Latino América jamás construido por un Estado hasta ese entonces; su diseño respondía a una clara señal de modernidad que proyectaba el Estado y fiel reflejo de lo que significábamos, demostrando la capacidad de nuestra propia gente y nuestra incipiente industria.

Con la llegada del gobierno de Salvador Allende se politizo totalmente la forma de producir y no supimos lidiar con la lucha de clases que heredamos de las dos administraciones anteriores de centro derecha; Alessandri-Palma, que inicia la reforma agraria y la de Frei-Montalva que le da continuidad pero no del todo ajustada a la realidad, con falta de una organograma certero y con delineamientos que orientaran bien la reforma. Allende lamentablemente no sabe hacer los ajustes necesarios y desarrollara una reforma agraria política y no productiva como debería ser y se inicia la lucha de clases por apoderarse de los recursos, que fue lo que en definitiva nos llevo al quiebre democrático, permitiendo la llegada de la dictadura militar y que todo el camino avanzado hasta ese entonces para lograr un Estado industrial en el más amplio sentido de la palabra quedo en la nada misma. A mediados de los años 80 con la irrupción de los Chicago Boys con el modelo neo liberal tomado por la dictadura para suplir el vacío, sustento la teoría del desarrollo a través del chorreo, permitiendo la entrada de productos manufacturados sin aranceles, poniendo a competir lo poco que quedaba de nuestra industria con estos productos y literalmente no sobrevivió nadie y desde ese entonces nos transformamos en un país de meros intermediarios al servicio de las transnacionales.

Por todas estas razones y algunas más largo de explicar en esta sencilla y humilde crónica, se produjo el desbalance que vivimos en la actualidad, creando una lucha de clases moderna y civilizada, sin armas, pero con redes sociales con buenas miras y marchas por lograr una sociedad justa y responsable, por una generación que tuvo la fuerza para salir del ostracismo imperante desde el año 1989, entendiendo su rol y sus responsabilidades, porque en definitiva el modelo y el mismo Estado olvido su compromiso social que tiene que tener ante su ciudadanía. Todo se transformo en un negocio de ventajas comparativas, con claras desventajas para la ciudadanía con menos recursos; incluso en temas como educación y salud se aplicaron los mismos parámetros, inaplicables y fuera de contexto para estos temas de gran trascendencia.

Hoy vemos como algo normal que se esconda información financiera, que las políticas de gestión sean oscuras y con poca accesibilidad a la información. Las prácticas comerciales no son transparentes y no existe ética adecuada del hacer y el Estado no tiene el compromiso social que debería tener y la capacidad de exigir empleos justos y de calidad; llegándose a niveles de abuso insospechados por no existir reglas claras y todo amparado por una legislación hecha a la medida de las grandes empresas. No contamos con informes financieros públicos y debidamente actualizados de las diferentes actividades económicas que se realizan en el país (Johnson, Ripley, Cenco Sud, etc, Pascua Lama, HidroAysén, Energía Austral). No existen reglas claras que garanticen un ambiente seguro y el acceso a reales oportunidades para desarrollarnos como se debería.

En la actualidad las remuneraciones del empleado medio apenas le permiten sobrevivir y muchas veces con muy poca dignidad, obligándolo a tener que endeudarse con altas tazas de interés por ser considerado un capital de riesgo por las instituciones financieras y bancarias, creando un círculo vicioso negativo. Las políticas de desarrollo deben estar sustentadas en el bien común y preocupándose por el medio ambiente con responsabilidad, sustentabilidad y visión de futuro.




Por, Andrés Gillmore
Corporación Costa Carrera


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