La re-nacionalización de los recursos naturales - Columna de Andrés Gillmore

No hay duda que estamos trabajando por lograr en la actualidad profundas transformaciones sociales y políticas en la forma en como construimos el modelo de desarrollo y eso también es aplicable a la región; pero invariablemente por una u otra razón siempre llegamos al mismo atolladero de siempre y no logramos concretar los objetivos como debería ser y esto ocurre más que nada, por la intromisión de las transnacionales en los procesos internos de la toma de decisiones y porque administran nuestros recursos naturales a voluntad. La variable social ha tenido una preponderancia vital en hacernos tomar conciencia de esta realidad, al hacernos entender la necesidad de lograr cambios sustanciales en estos temas, si queremos avanzar en busca de la equidad y la justicia social, que al final de cuentas es lo que define y posicionan un modelo de desarrollo y lo pueden hacer exitoso. 

Si  estudiamos la historia, nos daríamos cuenta que los ciclos políticos tienden a repetirse en el tiempo y las generaciones que en el pasado vivieron estos procesos, se entregan fundamentalmente a las mismas batallas que las actuales, solo que bajo circunstancias diferentes, pero irremediablemente en busca de los mismos objetivos. 

En los inicios de 1960 surgieron en Chile ideas reformistas y revolucionarias tal como las actuales, ante el surgimiento de una nueva clase social, conformada por profesionales liberales que habían logrado subir en el estrato social por medio de los estudios universitarios, que permitió ante esta nueva realidad, se tomara una conciencia más acabada de los procesos sociales y desarrollo, realizándose al igual que hoy un debate real, sobre las circunstancias y las formas en como se venia administrando el país y posicionando las estrategias de desarrollo; debate que dejo al descubierto entre otras cosas, como las corporaciones norteamericanas (hoy conocidas como transnacionales), explotaban la gran minería del cobre y dejaban muy poco al Estado y por ende el desbalance era de relevancia. 

Con la llegada a la Moneda de Eduardo Frei Montalva (DC) en 1964, un claro representante de esta nueva clase social chilena progresista y con el discurso de lograr una “Revolución en Libertad”,  expuso la imperiosa necesidad de hacer reformas estructurales para hacer del país más competitivo y lograr una mayor justicia social y erradicar la extrema pobreza. Entre las reformas que propuso Frei-Montalva, la más importante fue la “chilenización del cobre” como se conoció la intención, al entender que el recurso debía ser administrado por el Estado si queríamos de verdad avanzar hacia el desarrollo.

Como paso inicial el gobierno de Frei-Montalva cambio la relación del Estado con las Corporaciones que explotaban el cobre y se puede decir que las obligo a que aceptaran  a que el Estado de Chile se hiciese parte, financiando parte de la extracción del cobre y se presento un plan de trabajo y desarrollo para aumentar la producción y realizar la refinación completa del cobre en Chile y obtener así un mejor precio de mercado.

Al sumarse el Estado, quedaron expuestas las enormes utilidades que obtenían las corporaciones  al transparentarse la información y que estas se habían encargado de ocultar estratégicamente, reavivando en la opinión pública y en los políticos la necesidad de nacionalizar el recurso. El gobierno de Frei-Montalva dejo como obligación para el próximo gobierno, poner en marcha lo que se denomino “La nacionalización pactada”. El tema fue ampliamente debatido en la campaña para elecciones presidenciales del año 70 y se transformo en promesa de campaña de Salvador Allende (PS) y de Radomiro Tomic (DC). Alessandri, candidato del partido Nacional y representante de la derecha, omitió el tema.

Al ganar las elecciones Salvador Allende con un margen de solo 33 mil votos, obligo a que su victoria tuviera que ser ratificada por el Congreso Nacional lo que al final consiguió y tal como lo había prometido en su campaña por llegar a la Moneda, dio inicio a la nacionalización del cobre y su definitiva estatización. El 11 de Julio de 1971 a través de una reforma constitucional,  apoyada por la unanimidad del Congreso, se determino  la nacionalización definitiva de la gran minería por la Ley 17.450.

No hay duda que al igual que en esos años que no son tan lejanos y llevados por la misma opinión publica que dio inicio el proceso de nacionalización del cobre; tendríamos que analizar seriamente la renacionalización de la gran minería y de todos los recursos naturales que hoy están en manos de las transnacionales, de manera tal que los beneficios de lo que es nuestro queden en Chile. 

En Aysén en la actualidad tenemos una situación parecida en relación directa con nuestros ríos y sus cauces de aguas. El Código de Aguas que fue confeccionado en 1980, privatizo los recursos hídricos de todo el país y permitió que la inscripción de los derechos fuera gratuita y que una vez inscritos según nuestra aberrante legislación, estos puedan transarse en el mercado y obtener ganancias económicas sustentadas en estos derechos. La situación es extremadamente anómala por decir a lo menos y permitió que comunidades a lo largo de todo Chile incluidas las de Aysén, que ancestralmente usaban los ríos y esteros para su sobrevivencia, se vieran despojados de su uso y quedaran a merced de las transnacionales.

En Aysén los derechos de aguas en la actualidad están en un 96%  en manos de Endesa, que es dueño y señor para hacer lo que les plazca con ellos, incluso venderlos, traspasarlos u utilizarlos para construir represas con embalse y muros de contención; estructuras que son tremendamente destructivos para los ríos por la extrema sedimentación que producen al intervenirlos.

Debemos  entender que la claridad que hoy tenemos en estos temas, que en Aysén no podemos pretender desarrollar una matriz de desarrollo sustentable, si los derechos de aguas de nuestros ríos continúan en manos de las transnacionales. Solo a partir del momento en que estos vuelvan a sus verdaderos dueños, es que podremos solucionar los temas que verdaderamente nos aquejan y generar un desarrollo interno con capacidad de sustentación. 

En lo que se refiere el tema energético interno específicamente, para Aysén es importante obtener esos derechos, porque nos permitiría tener la capacidad de producir una matriz energética propia sustentada con represas de paso, que solucionarían definitivamente el déficit energético, defenderíamos nuestros ríos de la amenaza de las transnacionales y podríamos solucionar definitivamente el tema de la contaminación ambiental de Coyhaique y rebajar las tarifas de electricidad para nuestras comunidades. 




Por, Andrés Gillmore
            Sociólogo 






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