Comunidad y medio ambiente: Visión de desarrollo para Aysén - Columna de Andrés Gillmore

A esta altura de los acontecimientos no hay duda que la región de Aysén ya debería de poder contar con un plan Maestro de Desarrollo Regional; pero la extrema centralización con que se administra el país, en pleno siglo 21 aun no contamos con un rayado de cancha que dicte las normas, defienda los intereses y proyecte con autoridad y autodeterminación la forma en como queremos hacer desarrollo en Aysén. Que además tenga como fundamento esencial, el balance entre el desarrollo social, la producción y el medio ambiente. 

Si algo de positivo podemos rescatar de las batallas medio ambientales que se han dado en los últimos años en la región en contra de Alumisa, HidroAysén, Central Río Cuervo y las Salmoneras especialmente en el lago General Carrera (no así en el litoral), es que se ha demostrado fehacientemente que los proyectos no contaban con estudios de impactos ambientales adecuados y profesionales, que si se hubieran concretado de esa forma, invariablemente se habría destruido la proyección de Aysén.

Esta dura realidad y sumado todo el desgaste que le ha significado el proceso interno de la región, al tener que desviarnos de los verdaderos objetivos, nos ha hecho comprender la complejidad de lo que significa mantener el equilibrio entre las comunidades, la producción, el desarrollo y el medio ambiente. No podemos pensar en desarrollarnos sustentablemente, si no le damos prioridad con carácter de urgente a este tema, si queremos proyectarnos con sustentabilidad y armonía, respetando los valores culturales y sociales que nos identifican.

La producción, los servicios y el comercio en todos sus rubros, afectan negativamente el medio ambiente si no se toman las providencias necesarias, con orden y protocolos serios de trabajo, bajo un planteamiento responsable, que cuente con un trazado de prioridades y objetivos claros en ese sentido; entendiéndose que somos básicamente una región de emprendedores del área de servicios y debemos ser cuidadosos a la hora de emprender y de relacionarnos con el medio. 

Si comparamos Aysén con otras regiones, no es difícil darnos cuenta la gran diferencia entre ellos y nosotros, que a pesar de todas nuestras complejidades y deficiencias en muchos temas que hacen que nuestro día a día sea muchas veces engorroso y de mucho sacrificio y de lo pasados a humo que pueden estar los Coyhaiquinos, la calidad de vida que encontramos en la región es comparativamente mejor y eso se debe precisamente a la calidad escénica, ambiental y geográfica que poseemos y las esplendidas diferenciaciones culturales que encontramos a lo largo de Aysén. 

Esto no quiere decir que en Aysén no convivamos con problemas ambientales, tenemos conciencia que las salmoneras (litoral) y las mineras contaminan en sus respectivos emplazamientos; pero en ningún caso nuestra realidad es comparable con la destrucción que encontramos en otras regiones. La ventaja comparativa que poseemos no la podemos desechar, seria un crimen cometer los mismo errores teniendo ejemplos tan a la vista, entendiéndose que la calidad ambiental es nuestro sello de desarrollo, que proyecta positivamente todo lo que hacemos y producimos.

El tema energético interno nos ha estado llamando la atención, haciéndose prioritario abordarlo con soluciones de proyección, ante una realidad que nos esta superando con creces, por el costo (el más caro de Chile), la mala calidad del servicio (con continuos cortes) y la precariedad de la generación, que básicamente se sustenta en el diésel y la leña verde, en una región con recursos naturales para generar energía renovables.

Es prioritario fundamentar la concepción de políticas eficaces en relación directa con la matriz energética interna, que posibiliten sustentar la proyección de desarrollo bajo el concepto de la sustentabilidad energética y eso pasa necesariamente por lograr un balance entre el medio ambiente, la producción y la proyección de las comunidades. 

El medio ambiente es ante todo un bien social que nos pertenece a todos, su cuidado esta directamente relacionado con nuestras vidas y de acuerdo a como nos relacionamos con el, determinamos nuestra calidad de vida y la proyección de nuestros emprendimientos. Todos los procesos de producción desde una cereza cosechada en Chile-Chico que viaja a Estados Unidos, hasta un treking de montaña realizado en Puyuhuapi por turistas extranjeros, son parte de un solo que hacer que debemos conceptuar y protocolizar con normas y reglamentos para crear nuestra propia visión de desarrollo. 

Como región debemos crear una base de sustentación que nos permita defender el territorio de las malas prácticas ambientales y sociales; diseñar un modelo propio de desarrollo que se transforme en un proceso definitivo, reconocido y estable, como una guía para todo aquel que quiera emprender en Aysén. Personalmente no tengo dudas que nos sobra inteligencia y materia prima entre nosotros mismos para conceptuar y construir ese plan; pero indudablemente necesitamos lograr crear una conciencia regional ante la necesidad, que nos liberemos de las falsas idolologías partidistas que solo nos han divido y que en todos estos años no nos han llevado a nada y trabajar por el diseño de un plan de desarrollo regional. 

El liberalismo comercial en la cual esta fundamentado el modelo económico imperante a nivel nacional, no tendría porque ser un sinónimo de contaminación, de devaluación y de destrucción de Aysén como lo ha sido todos estos años; por el contrario, debería tener la capacidad de resaltar lo positivo, aminorando lo negativo en los diferentes procesos de intervención productiva, invirtiendo en polos de crecimiento eficientes, con planificaciones claras, concretas y económicamente viables, en relación directa con las diferentes comunidades y con sus objetivos trazados, permitido por una regionalización y una descentralización que permita la autonomía en las decisiones.

El verdadero valor de una visión de desarrollo propia para Aysén, es la posibilidad de erradicar efectivamente el cohecho que tanto daño nos ha hecho y lograr bajo ese sustento un cambio sustancial en la formulación y en la realización de los diferentes proyectos de desarrollo, haciéndonos una región responsable ante su propio destino. Pero hasta ahora el proceso de regionalización solo ha sido un discurso, que no ha tenido la capacidad de pasar de la teoría a la práctica, produciendo mucha desorientación por decirlo de alguna manera y en forma diplomática.

Los objetivos que debemos perseguir lograr una verdadera autonomía y una eficaz regionalización, es que el proceso de desarrollo y decisorio sea coherente y nos permita un crecimiento sostenible, respetando al ser humano como valor fundamental de proyección; elevar los estándares de vida de las comunidades; mantener la estabilidad; colaborar con el desarrollo participativo de los municipios y las diferentes provincias; contribuir al crecimiento sano del comercio interno y su relación con el exterior; regionalizar y descentralizar la toma de decisiones.

Los Consejeros Regionales a escasos meses de haber asumido sus cargos, esperanzados que podrían marcar la diferencia, ya han reclamado públicamente que no cuentan con la autonomía prometida, que además les quieren quitar la facultad de aprobar proyectos y que todo lo prometido por el gobierno de la Nueva Mayoría ha quedado en el discurso; demostrándonos que en definitiva no sacamos nada con crear leyes y protocolos de trabajo, si no tomamos un compromiso serio, responsable y en conciencia de todos los estamentos del Estado, que a pesar de las innumerables necesidades y de lo trascendental y urgente que se hace la búsqueda del desarrollo para mejorar la calidad de vida de nuestras comunidades, debemos proteger y ser consecuentes en el hacer.








Por, Andrés Gillmore
            Sociólogo 





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