La ética de la probidad - Columna de Andrés Gillmore

No hay duda que nos estamos acostumbrando a lidiar con faltas a la ética y la probidad en todo orden de cosas, tanto en lo público como en lo privado, que definen lo obligatorio y lo permitido en la acción ante una decisión. Fundamentalmente hemos perdido la capacidad de asombro y no nos sorprendemos cuando descubrimos las diferentes manipulaciones de la información y las respectivas faltas a la ética. Este tipo de incongruencias con que nos hemos acostumbrado a aceptar la realidad, hace que nos explicamos todo, incluso lo inexplicable. La aceptación social de estas irregularidades como parte del juego político, esta trastocando considerablemente el escenario político, desvirtuando la realidad social, porque en ellos se esta fundamentando la toma de decisiones. 

La ética y la probidad están vinculadas directamente con la integridad con que actuamos, en formas que definen un país y proyectan su verdadera sustentabilidad. Si nos comparamos con países desarrollados nos daremos cuenta, que la ética, la moral y las buenas costumbres, son valoradas en lo público como en lo privado, sin diferenciaciones sociales o por puestos de trabajo, quienes no cumplan son penalizados como ejemplo. Si no tenemos la capacidad de cuidar las formas, reforzar los conceptos de lo que esta bien y lo que esta mal, estamos en serios aprietos al creer que esa realidad es normal, que debemos aceptarlo y que a fin de cuentas nada podemos hacer para mejorar, que es irremediable y parte de nuestra idiosincrasia. 

Con una mirada más profunda a los diferentes procesos, nos daremos cuenta que convivimos a diario con serias faltas a la ética y la probidad, que perfectamente podrían tipificarse como delitos con penas de cárcel. El mismo lobby empresarial que se ha permitido durante décadas, ha sido el caldo de cultivo para estas malas prácticas, invadiendo los procesos de resolución y esta en todos los rubros de la sociedad. La misma ley electoral ha sustentado los beneficios de este mundo factico, permitiendo que los políticos que en teoría están para contrarrestar estas fallas, crearon una ley que les permite financiar las campañas políticas con oscuros recursos y con total impunidad, permitiendo que no tengamos certezas si votamos por la persona, por el partido político o por los intereses que financian la campaña del candidato, desvirtuando la realidad y sobre todo retrasándonos en la búsqueda de la equidad y el desarrollo social. 

La Ley de Pesca que destruyo a los pescadores artesanales de todo Chile, omitió la ética y se introdujo falto de toda probidad para sacar adelante esta macabra ley, que ente otras cosas nos quito la potestad sobre nuestro mar, escondiendo el verdadero objetivo que se perseguía al instaurar la ley, que no era otro que beneficiar a los industriales pesqueros, permitiendo totalmente fuera de todo contexto y fuera de todo orden, la pesca de arrastre, que esta prohibida y conto con el apoyo de muchos senadores y diputados, que son financiados por los mismos industriales pesqueros que se beneficiaron con la ley. HidroAysén si no hubiese contado con gobiernos sin ética y faltos de probidad, nunca habría sido tema y jamás hubiese sido posible su aprobación con un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) tan deficiente y poco profesional. 

La falta de ética y de probidad a la hora de decidir, se usa para modificar la realidad cuando no se tiene otra alternativa y no se es capaz de aceptar las propias limitaciones. Los gobiernos en teoría se fundamentan en la constitución y lo que proyecta este concepto en el orden social, ante la posibilidad de tener la debida protección de las garantías individuales para preservar el concepto del interés público, ante los principios de la responsabilidad del Estado, al dividir el poder y permitir una pluralidad que sea sustentable. Pero si invariablemente dejamos de lado los principios éticos y de probidad para cambiar la realidad estamos en serios aprietos. 

El fortalecimiento de las unidades de control interno por el mal uso de las facultades discrecionales se hacen urgentes ante la realidad, sin el, se ha permitido márgenes de flexibilidad que son intolerables, si queremos una gestión proactiva ante una realidad que nos esta carcomiendo desde adentro, incidiendo negativamente en la relación de las organizaciones ciudadanas con el Estado y los gobiernos de turno.



Por, Andrés Gillmore
Sociólogo








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