El futuro de la provincia Capitán Prat esta en su proyección turística - Columna de Andrés Gillmore

Nadie puede poner en tela de juicio que la provincia Capitán Prat es el territorio con mayor proyección turística de Aysén. Para los que hemos tenido la suerte de recorrer su territorio desde siempre, tenemos claro su excepcional belleza, que esta fuera de todo parámetro conocido en Chile. Aunque uno viva de toda la vida en Aysén, acostumbrado a los paisajes extraordinarios de la región, la belleza que encontramos en este rincón nunca deja de sorprendernos, reconociendo su importancia como monumento natural no solo de Aysén o de Chile, si no de nivel mundial. 

Quien puede dejar de considerar de esa manera el río Baker y sus dos riberas; el maravilloso río Colonia con su extenso y hermoso valle de grandes empastadas, su glaciar del mismo nombre; el famoso lago Cachet 2, que desagua en el río Baker por lo menos dos veces al año que lo extra limita cambiando su curso completamente aguas arriba; el grandioso Valle de Chacabuco y Entrada Baker, con sus planicies pamperas, hermosas colinas y su encantadora fauna; el lago Cochrane y su eternidad maravillosa de aguas encrespadas que te hacen reflexionar. Los hermosos bosques de Lenga de Villa O’Higgins únicos en Aysén; el glaciar el Mosco y su río que desagua en la increíble enormidad de lago O’Higgins y su enigmático glaciar; el lago Cisnes y su encantadora belleza; la vegetación sub tropical que encontramos al llegar al océano pacifico con sus bosques de Ciprés y sus tranquilos fiordos, que enaltecen el glaciar Montt; la reserva nacional Tamango y sus tranquilos huemules; el monte San Lorenzo y su vital fuerza, así tantos otros escenarios largos de enumerar, que nos hacen reflexionar sobre lo maravillosa que es la naturaleza y lo afortunados que somos en Aysén de poder contar con ella a discreción. El que no lo entienda, no entiende nada. 

La provincia abarca los municipios de Cochrane, Caleta Tortel y Villa O’Higgins, lo que reconocemos como el Aysén profundo. Pocos son los destinos turísticos que pueden contar con escenarios geográficos y realidades culturales tan diversas, pero unidas por un solo hilo conductor como lo encontramos en la provincia Capitán Prat.

Por eso el premio nacional de sustentabilidad turística recibido la semana pasada por la provincia de los glaciares-Capitán Prat, tiene la capacidad de resaltar este hermoso territorio aysenino, poniéndolo a nivel nacional como un ejemplo público-asociativo rural, marcando un hito trascendental con un antes y un después para esta gran provincia, con un gran reconocimiento también para todos los emprendedores de este territorio, que se la han jugado con tanto esfuerzo por desarrollar la actividad turística a pesar de todas las inclemencias que significa hacerlo. El premio demuestra lo bien encaminados que están, reconociéndolos como un ejemplo que debemos seguir, para no perder el objetivo y transformarnos en un futuro no tan lejano en una región sustentable en todo sentido aprovechando nuestras ventajas comparativas.

Quienes hemos trabajado desde los mismos inicios por sacar adelante el turismo en Aysén desde la cuenca del Baker, con el objetivo de socializar la actividad, con el solo interés que la actividad sea de todos y no solo para algunos pocos y lograr el respeto que merecemos por lo que somos y representamos como forma de vida sustentable social y culturalmente, entendemos el tremendo esfuerzo que significa hacer turismo en la región y muy especialmente en un territorio tan alejado de la gran capital Coyhaique, sin contar con un verdadero apoyo gubernamental, con autoridades que normalmente les cuesta incorporarse como debiera ser y que muchas de las veces actúan con el doble discurso, hablando fuera de la región de la importancia del turismo y su proyección, pero al llegar de vuelta a la hora de tomar las decisiones, no tienen la capacidad de ser coherentes con el discurso, siendo predominados por falsos estereotipos impuestos por intereses que manejan de fuera de la región los objetivos reales que debemos tener, que buscan crear divisiones para apoderarse de nuestros recursos naturales y hacer caso omiso de lo que somos. 

Normalmente los que están fuera de la actividad turística, tienden a encandilarse fácilmente con el brillo que producen los servicios turísticos y suelen ser muy despectivos con aquellos que realizan la actividad; no valoran el esfuerzo, olvidando que muchos trabajos se generan desde el turismo y en todo orden de cosas, permitiendo servicios paralelos que viven en torno a la actividad. Cuando no se conoce la actividad por dentro, se cree que todo es fácil, cuando en verdad es un trabajo sacrificado, que toma tiempo para operar y desarrollar un producto como corresponde, en una actividad con un nivel de competencia importante, que exige importantes inversiones solo para lograr estar y solo es el inicio sin garantizar nada, con una gran cantidad de externalidades negativas que no se ven a simple vista, como costos de mantención de todo el año cuando solo se opera medio año, pago de patentes, contribuciones, contadores, sueldos empleados, marketing, conectividad tecnológica, mantención, construcción de emplazamientos y servicios, precio del dólar, viajes dentro y fuera de la región, que resultan difícil de cuantificar en forma teórica a la hora de evaluar y ponerlo en practica, quedando siempre al vaivén normal de los imprevistos de toda índole que cada temporada nos trae, de una diversidad tal, que muchos no tienen la capacidad de lidiar con las variables. Sumándole todo lo que significa tener que competir entre nosotros mismos que no es un tema menor a solo un clic o una simple llamada de teléfono. 

Hacer turismo en el sur de Aysén, es un estilo de vida, una forma de hacer y de relacionarse con el medio, creada específicamente en el año 1993 en el lago General Carrera, como una alternativa para solventar la gran crisis de la ganadería de ese entonces, al perderse los poderes compradores de ganado y lana; por la asociación de Chile al Mercosur, surgiendo de esa terrible crisis terminal que destruyo la forma histórica con la que nos desarrollábamos, el turismo como una forma comercial de desarrollar la región. 

El turismo de intereses especiales en la cuenca del Baker, surgió como una alternativa natural y muy propia ante lo único que tenemos gratis por el momento, que podemos usar a voluntad, la calidad escénica y ambiental de nuestra geografía de todo el sur de Aysén, desde Villa Cerro Castillo a Caleta Tortel, hecho que nos permitió hacer la debida reconversión. Por eso debemos cuidarlo a como de lugar, porque de perderlo simplemente lo perderíamos todo.

Es por todos sabidos y ha sido motivo de gran controversia en toda la provincia, que en sus ríos más emblemáticos estarían emplazados las cinco represas que pretende construir HidroAysén en el río Baker y Pascua, jaqueando de sobre manera la actividad turística. Muchos de los habitantes al parecer tendrían dudas de cual seria la mejor decisión ante cual visión de desarrollo tomar; estimulados por HidroAysén que no duda en prometer hasta lo imposible por lograr sus objetivos de intervenir la provincia y usufructuar de ella. 

La gran pregunta que se deben hacer aquellos que aun dudan de cual camino tomar, creyendo que lo mejor seria represar, es preguntarse en consciencia “es factible destruir este gran futuro que ya ha sido reconocido nacionalmente con el premio otorgado, sustentado en lo que representan como territorio único y extraordinario a nivel planetario, por una vía que destruiría todo y para siempre y que además al final deja de lado a las comunidades y solo se benefician ellos mismos”. 

Ejemplos de que podemos introducir de manera más eficiente a las comunidades en las actividades turísticas tenemos muchos en Chile, solo basta con visitar Puerto Natales, San Pedro de Atacama, Pucón, constatándose que si es muy posible y no por menos preciar esos destinos que son muy llamativos; pero no hay duda que la provincia Capitán Prat es todo eso y mucho más.





Por Andrés Gillmore
          Sociólogo 



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