Protocolo de montaña - Columna de Andrés Gillmore



Desde la década del cuarenta del siglo pasado cuando el geólogo Suizo Arnold Heim, entro por el valle del León y intento escalar en ese entonces la inalcanzable cima del monte San Valentín, el más alto de la Patagonia Chilena-Argentina con sus 4098 m.s.n.m. se empezó a desarrollar la intención de venir a subir nuestras cumbres que no son menores, Cerro Castillo con 2.675 m.s.n.m., San Lorenzo con sus 3.706 m.s.n.m. desde ese entonces la Patagonia de Aysén fue reconocido en el selecto grupo de practicantes de este deporte a nivel mundial.

En el año 1984 cuando decidí radicarme en el Valle Leones y empezaba a entrosarme con la gente del valle y ciertamente no sabia nada de nada, aunque trataba de aparentarlo, pero que a decir verdad no engañaba a nadie en ese entonces con la perspectiva que tengo hoy en día. Tuve la suerte de contar con la buena voluntad, paciencia y la gran sabiduría de muchos pobladores que se reían de mi, pero que a pesar de mi inexperiencia me ayudaron a adaptarme, como Don Renato Poblete, Rene Haro, Santos, Raúl y Gerónimo Álvarez, Enrique Aldea, Víctor Briones, Rubén Sandoval, Rolando Montenegro, Ana Fuentes Rojas, Norma Sandoval, todos me comentaban entre otras cosas de la expedición Neo Zelandesa, que en el año 1969 habían entrado por el valle hacia el monte San Valentín y como la expedición había marcado la vida de ellos en un antes y un después cuando muchos eran unos niños y me mostraban los recuerdos. Cortaplumas, Sogas transformadas en lazos con una simple presilla, lonas, crampones, sacos de dormir. 

La expedición había contratado varias yuntas de bueyes y pilcheros para transportar los pertrechos hacia el lago leones al final del valle desde el lago General Carrera, para desde ese punto cruzar por la ladera sur y llegar al glaciar leones en los inicios de los campos de hielo norte arriba del lago y emprender la caminata por la pampa de nieve para llegar a la base del monte. Los Neo Zelandeses lo lograron, pero con mucha angustia y grandes dificultades el enfrentar un clima despiadado.

Habiendo tomado las riendas de mí vida y entrosado en los que haceres diarios de la vida de campo, al vivir a solo 1 hora y media de a caballo del lago león vadeando el río Meliquina, fui contactado por muchos grupos para trasladar carga a orillas del lago león con mis caballos; siempre quedo en mi memoria un grupo de tres argentinos del club de andinismo de Bariloche que emprendieron la gran aventura por el año 1987. A las dos semanas volvió uno de ellos y me comento que no tenía la suficiente preparación y experiencia. Dos semanas después como alma en pena apareció otro de los argentinos, informando que su compañero había caído en una grieta y que estaba muerto. Años después un francés que había entrado por Laguna San Rafael, no se supo más de el. Su padre llego desde Francia y lo busco por semanas en helicóptero. Según el una médium le había dicho que aun estaba vivo. Nunca apareció. 

Una expedición italiana que entro por el valle de Río Tranquilo con esquíes de estilo randones, casi no pueden escribir el libro contando la experiencia para financiar la expedición, la suerte los acompaño y pudieron salir, pero casi no la cuentan.

Años más tarde un conocido que había llegado a la región a instancias de mi padre, que al final luego de grandes dudas termino montando un complejo turístico, había hecho cumbre en el mismo Everest con la primera expedición femenina Chilena en lograrlo, las vio muy feas en el monte San Lorenzo en pleno verano, al verse en una terrible tormenta que duro una semana. El mismo relataba que lo que vivió esos días pusieron aprueba toda su experiencia en montaña, que si no hubiera tenido la experiencia y la fuerza psicológica adquirida por años y la sapiencia por haber entendido el clima de Aysén, sencillamente se hubiera quedado en el monte San Lorenzo.

Años después ocurrió la desgracia de los estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso en su intento por subir el San Valentín, perdiéndose la vida de 6 estudiantes. Me toco muy cerca la tragedia, al estar involucrado el hijo de un gran amigo mío, que tuvo la suerte de salvarse. Todos sabíamos lo que estaban viviendo los muchachos, divisábamos el San Valentín a la distancia desde el sector de Puerto Guadal a orillas del lago Carrera y logramos unas comunicaciones por el teléfono satelital. Aunque teníamos sol y estaba muy agradable donde estábamos, nada podíamos hacer ante las terribles condiciones climáticas que veíamos a lo lejos en el San Valentín. Solo quedo esperar a que mejoraran las condiciones para que se pudiera iniciar el rescate y eso fue a fines de diciembre. 

Nunca he sido un montañista propiamente tal, subí cerros en mi época universitaria de no más de 3 mil metros de altitud en la zona central. Al llegar a Aysén tuve la oportunidad de subir el Mackay, Cinchado y he realizado algunas incursiones al Parque Nacional Cerro Castillo, pero ni siquiera pensé en subirlo. En el valle del León al vivir cerca de glaciares, ventisqueros y de los campos de hielo norte, fui adquiriendo experiencia de montaña en condiciones adversas por la misma obligación de tener que recorrer en pleno invierno con varios centímetros de nieve por cerros y montañas cuidando ovejas y vacunos. Muchas veces me vi involucrado en situaciones complicadas en el sector del lago león al que hacíamos incursiones habitualmente, en circunstancias con peligro de muerte por congelamiento si no se era precavido, que me enseñaron en la practica misma a respetar el medio, a pensar dos veces antes de hacer algo, a saber leer el clima y las nubes para predecir el futuro y saber tomar decisiones, escuchar la experiencia de los que saben y entender que bastaría con un simple esguince de tobillo para entrar al infierno y poder morir en el intento. 

Al cambiar de giro y tener que dedicarme al turismo de intereses especiales si quería seguir viviendo en Aysén en el año 1994, la experiencia adquirida en ese entonces me sirvió muchísimo en las actividades que emprendí, cabalgatas, treking a glaciares (ruta de los glaciares: Ventisqueros Bertrand, Meliquina y Leones), Fly Fishing, navegación en el río Baker y lagos Carrera y Bertrand. Actividades peligrosas, aun más cuando la haces con clientes, que cualquier descuido te puede complicar la vida si no guardas los respectivos protocolos de seguridad y no sabes leer el clima y los vientos. Aprendí a decir NO, hoy no se puede; en un entonces donde nadie más desarrollaba estas actividades y no tenía a quien pedir consejo. 

Tuve la gran oportunidad de recibir al famoso alpinista de origen austriaco, Reinhold Messner; el primer hombre en hacer todos los ocho mil del planeta sin oxigeno. Vino a Aysén con la televisión alemana a cruzar campos de hielo norte hacia Laguna San Rafael, precisamente entrando por el valle del León. Esta vez el movimiento de pertrechos se realizo en el hidroavión de Margarita Noranbuena, que en esos años prestaba servicios desde la costa del león al lago General Carrera. 

El día de Messner comenzaba a las 4 AM, como era el único que tenia la obligación de estar para servirle el desayuno en el restaurant, entre café y café y con la luz tenue del inminente amanecer conversábamos un poco. Me recalco entre otras cosas lo indispensable que las expediciones internacionales pudiesen contar con guías locales y la obligación de dejar un registro de los objetivos y del posterior desarrollo de la expedición, para que luego pudiese ser analizado por los andinistas de la región. 

Recuerdo como hace algunos años a tras me encontré en la playa del complejo turístico Playa Guadal Cabañas, a cuatro españoles que iban a intentar la cumbre del San Valentín. Era febrero y hacía mucho calor, llevábamos más de una semana con buen tiempo y todo hacía presagiar que el clima cambiaria luego, como es lógico en la cuenca del Baker. Les comente que no era el mejor momento, que normalmente el acercamiento (aprouch) se hace con mal clima, para esperar el bueno a orillas del lago León y aprovechar esa ventana para cruzarlo y hacer el campamento base arriba del glaciar. Se rieron, me dijeron lo expertos que eran, me tiraron el curriculum de cumbres que habían hecho en Europa. Una semana después los tuvieron que ir a sacar con escandalo público, con un gasto de varias decenas de millones de pesos que pagamos todos los chilenos por rescatarlos. Al llegar a Madrid se rieron de lo que habían hecho en sendas entrevistas por los medios españoles y aquí nos habíamos desvivido por rescatarlos y ningún agradecimiento.

La reflexión que hice en ese entonces y que vuelvo a hacer ahora; es que de una vez por todas debemos tener la capacidad de exigir en Aysén un protocolo obligatorio para subir las grandes montañas de la región y cruzar campos de hielo. Que todos los montañistas que quieran hacerlo, deben inscribirse formalmente en Conaf y Carabineros, presentar una hoja de ruta con los objetivos de la expedición y posteriormente mandar el desarrollo de esta; presentar una carta del club de montaña al cual pertenecen, que los avala como montañistas y un certificando dando fe que cuentan con la experiencia necesaria; contar con un seguro de accidentes que cubra los gastos en caso de necesidad de tener que ir a rescatarlos; la obligación y ningún pero que valga, de tener que contratar servicios de porteadores de la región y mínimo un guía local como practico de expedición; pagar una suma a considerar por realizar la expedición.

Además en los accesos deben de existir puestos administrados por Conaf y llevar un control riguroso de quien entra y quien sale; no se puede seguir trabajando en forma amateur precaria, cuando las actividades son profesionales y cada día aumenta el flujo de los interesados y por ende aumentando el riesgo en porcentajes reales del aumento de accidentes, que afectan de un modo o de otro, la proyección comercial de la actividad. Al entenderse que mucha gente se dedica a esta actividad y dependen de ello y que cualquier desgracia que ocurra no solo atenta contra la vida de los involucrados, también afecta la proyección de la actividad y de la región turística en la que se ha transformado Aysén en los últimos años.





Por,
Andrés Gillmore
     Sociólogo










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