El lamento de los glaciares - Columna de Andrés Gillmore

Visitar un glaciar y tener la oportunidad de convivir con el, se podría decir a ciencia cierta que es una de las experiencias más extraordinarias y inolvidables que puede vivir un ser humano, haciéndolos razonar sobre la importancia de estas grandes estructuras de hielo y la gran dependencia que tenemos ante estos verdaderos ríos congelados que nos dan vida y permiten que la tierra sobreviva. No puede haber nada nada más sobre cogedor que compartir con ellos, sintiendo sus palpitaciones y sus lamentos de vida que transitan por sus venas de agua. 

Tuve la suerte de convivir por más de una década muy de cerca con el glaciar leones en la frontera norte de campos de hielo norte, en la cuenca del Baker en la región Aysén y entendí en la práctica misma de todos esos años de convivencia, lo significativos e importantes que son para el desarrollo de la vida humana y que ante todo debemos saber protegerlos. 

Los glaciares son grandes masas de hielo que se forman cuando la nieve se acumula de un año para el otro sin fundirse. La presión de la nieve al ir perdiendo el aire, terminan formando el hielo lechoso y luego el hielo azul, que con el tiempo se hace transparente como el cristal. Para que existan los glaciares se necesitan temperaturas promedios tan bajas, como para permitir que la nieve se acumule y se adhiera a la roca, por eso es que hoy corren un serio riesgo ante el calentamiento global. En las regiones polares los glaciares se les denominan casquetes o inlandsis; en el resto del planeta solo encontramos glaciares de montaña tal como los que tenemos en Chile, que ocupan una extensión treinta veces menor que la ocupada por los inlandsis o casquetes en los círculos polares.

La protección de los glaciares como todo lo que adquiere valor, se ha transformado en Chile en una intención política, discurso que supo ocupar muy bien el actual gobierno de la Nueva Mayoría al utilizarlo como caballito de batalla en la campaña presidencial; sobre ese fundamento se ganaron muchos votos ante la promesa que se los protegería y se confeccionaría una ley de la república. 

La triste realidad es que el actual gobierno se ha entendido con las grandes transnacionales, muy especialmente con Barrik Gold, que quiere construir el proyecto Minero Pascua Lama, interviniendo los Glaciares del Valle del Huasco, desentendiéndose totalmente de la iniciativa, poniendo en evidencia una ves más que el Ministerio de Medio Ambiente que debería velar por estos temas y prevalecer, no tiene relevancia alguna en el gabinete y en la actualidad los objetivos de esta cartera son irrelevantes ante el Ministerio de Hacienda; sobre todo si los intereses de las transnacionales puedan ser trastocados.

Pero mientras suceden estas cosas en Palacio y se sopesan los intereses con un claro doble estándar entre lo que se dice y se hace; el calentamiento global continua invariablemente su camino, aumentando las temperaturas medias por las altas concentraciones de gas de efecto invernadero, por la quema de combustibles fósiles, calentado la superficie de la Tierra y las capas bajas de la atmósfera a limites insospechados por las grandes cantidades de radiación infrarroja producida, que es absorbida por el planeta, calentando la superficie terrestre y los mares a escala global y regional.

Uno de los grandes efectos del cambio climático, es la continua desaparición de hielo en el casquete polar y en los cuerpos de hielo a nivel continental. A medida que la temperatura sube, perdemos las líneas de equilibrio de los glaciares, a tal punto, que la temperatura media anual esta por encima en la cual el hielo no debería derretirse, que es mayor a medida que se asciende, aumentando la isotermia en la alta montaña, produciendo el retroceso de los glaciares a escala global.

Las consecuencias de este fenómeno que al parecer en Chile no le damos la trascendencia que debería ser, ha predeterminado que con el pasar de los años el nivel de los océanos haya aumentado considerablemente por el derretimiento de los hielos y la realimentación del calentamiento global, con una pérdida importante de la superficie reflectante de la Tierra, elevando el nivel del mar al derretirse los mantos de hielo de Groenlandia y de la Antártida occidental, ocasionando el continuo aumento de la temperatura media global entre 1 y 4°C, con el lógico aumento del nivel del mar entre 4 a 6 metros o más en ciertas regiones del planeta.

Según investigaciones realizadas por la Universidad de Harvard y la Snow and Ice Data Center (NSIDC), la pérdida de hielo se ha adelantado 30 años, ante las proyecciones realizadas en el año 2007 por este mismo instituto, poniendo en riesgo al Ártico, que quedaría libre de hielo en menos de diez años, si no hacemos algo de verdad relevante por cambiar esta realidad.

Tal como esta sucediendo en el Ártico, el deshielo de la Antártida ha sido mucho más rápido de lo previsto en los diversos estudios científicos realizados a lo largo de los años, indicando que a fines de siglo el cambio de masa del hielo generará un aumento de 1,4 metros en el nivel del mar, muy superior a los 0,59 metros estimados en el año 2007-8.

En términos eco-sistémicos si no tenemos la capacidad de proteger los glaciares desde ahora y no exigimos su protección por mera sobrevivencia, la reducción de hielo creara una variabilidad en las cuencas hidrológicas que se alimentan de los glaciares, perdiéndose importantes reservas de agua dulce, que en la actualidad son vitales para el desarrollo del país y de muchas comunidades que dependen del vital elemento. 

Alterar el balance hídrico de las cuencas, es en si mismo una alerta de grandes proporciones que no hemos tenido la capacidad de evaluar. En la medida que el agua marina alcanza zonas continentales al tomar contacto con los acuíferos, produce una progresiva desaparición de los suelos congelados (permafrost) presentes en regiones frías o peri-glaciares de áreas circumpolares de Canadá, Alaska, Rusia, norte de Europa, Patagonia y en la alta montaña en general, aumentando la inestabilidad de los suelos, provocando grandes avalanchas en regiones montañosas, como la ocurrida en el Himalaya esta temporada, que cobro la vida de dos decenas de montañistas y varios Sherpas.

La alteración de las cuencas hídricas que dependen de los glaciares para sobrevivir, afectara negativamente en la cantidad de agua disponible para consumo humano en las próximas décadas en Chile. La falta estacional del suministro de agua que vivimos actualmente ante las grandes sequias del centro norte, irán en aumento si no tenemos la capacidad de proteger los glaciares y no tengo duda alguna, que su protección debe transformarse en la parte integral de la estrategia de desarrollo que debemos proponer, defendiendo el ciclo del agua y la vida de tantas comunidades, que sin agua están destinadas a la irreversible desaparición.




Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario Turístico
Consultor de proyectos de desarrollo en Aysén
@Veranadas

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