Aysén, territorio de mujeres - Columna de Andrés Gillmore

No hay duda que la historia de Aysén ha sido contada básicamente por hombres y que a pesar de todo lo que digamos, aun somos una sociedad intrincadamente machista. Cuando hablamos de historia y colonización, nunca hemos tenido la capacidad de valorar como se debe el trabajo de la mujer en Aysén y como ella ha sido el verdadero puntal de lo que somos y la proyección de lo que seremos.

Cuando decidí a mediados de los años ochenta irme a vivir al Valle del león al sur del territorio, muy cerca de campos de hielo norte para criar ovejas, tengo muy claro con la perspectiva de hoy que en ese entonces no sabia realmente lo que significaba vivir en el mundo rural y el sacrificio que significaba intentar esa forma de vida con una formación urbana, en un Aysén muy distinto al de hoy. En esos años forme mi familia y en ese mundo nacieron dos de mis tres hijos y fundamente los valores de vida con los que me he guiado desde ese entonces y enraizó mi profundo y gran amor por Aysén. 

La década de los ochenta podríamos llamarla de transición histórica, cuando nos bajamos del caballo y literalmente nos subimos a las camionetas, ante la abertura de la Carreta Austral en 1989 y como ese hecho cambio para siempre las relaciones en la región a tal punto, que podríamos decir fehacientemente que hubo un antes y un después para todos en Aysén; inclusive para mi y mi familia y ya nada fue lo mismo desde ese entonces. 

En esos años todos de una manera u otra todos nos ayudábamos los unos con los otros en los trabajos de campo y a sortear la vida ante sus variadas indisposiciones, que en esos tiempos no eran menores y un simple dolor de muela podía decidir tu vida para siempre. Cuando a un poblador le faltaba algo no dudaba en pedir ayuda a un vecino, que fue lo que a fin de cuentas permitió la colonización, que la vida se hiciese realidad y con perspectiva de futuro. 

Un vecino en ese entonces se veía como una ayuda, nunca como un enemigo. Lógicamente existían las típicas rencillas y nada es más cierto que fue y continua siendo un territorio de hombres y mujeres con mayúsculas en donde el débil tenia poca cabida y muchos “entraban a la cancha” y “radio trompa” tenía alta audiencia en los fogones, pero no había duda que en el mundo rural se dependía sustancialmente del vecino para sobrevivir.

Las mujeres en ese mundo hostil supieron marcar la diferencia en todo sentido, incluso en mi propia realidad lo pude constatar, ya que sin la ayuda de Adriana Vargas con la que estuve casado por 30 años y mi gran compañera de esos años, no tengo dudas que si ella no hubiese estado a mi lado no hubiese sobrevivido a las vicisitudes que nos toco vivir, que como todo en la vida tuvieron de dulce y mucho de agraz ante lo que enfrentamos, que por momentos pensé que me superaban en todo sentido y que sin ella no hubiese podido sortear bajo ningún punto de vista.

Tuve la oportunidad de conocer a grandes hombres que forjaron el desarrollo de Aysén desde este valle, pero me impresionaron fundamentalmente sus excepcionales mujeres, que conociéndolas entendí que sin ellas la colonización no hubiese sido posible bajo ningún aspecto, ya que todas de una manera u otra contaban con un temple y una fuerza que aun hoy sorprende por su audacia y decisión y que esos hombres audaces sin ellas no lo hubieran logrado. Mujeres que al verme tan joven y inexperto como lo era en esos años, cada una a su modo y forma me ayudo con sabios consejos y sus fuertes prerrogativas; como olvidar a Doña Dorama Delgado, María Álvarez, Carmen de Poblete (señora de Don Renato), Elsa Poblete, Edita Padilla, Norma Sandoval, Ana Fuentes Rojas, Lina Delgado y tantas otras mujeres, que marcaron mi vida al ofrecerme su amistad, que me mostraron ese otro mundo tan poco reconocido de la mujer de Aysén. 

Ellas siempre han tenido una posición predominante en la familia de Aysén, representado por sobre todas las cosas las bases del hacer, muchas no tuvieron otra alternativa que hacer de las tripas corazón y sobre ponerse a un sin numero de vicisitudes muy complejas y a pesar de todos los inconvenientes supieron salir airosas y sacar sus familias adelante, haciendo posible la colonización y luego la radicación. 

El rol de ellas fue predominante en esos valerosos años; no solo representaban el sustento emocional o que simplemente se preocupaban de la comida y del cuidado los hijos, que ya era tremendamente fundamental, pero a decir verdad representaban mucho más. Su valor y vitalidad eran trascendentales, marcaban la diferencia entre un emprendimiento exitoso y uno fallido. Las mujeres por sobre todas las cosas mantenían al hombre focalizado y lo ayudaban con su templanza a salir adelante en todas las labores que debían realizar, que ante cualquier distracción marcaba la diferencia entre la vida y la muerte. 

De esta manera permitieron que la radicación fuese posible, que el esfuerzo diera frutos y proyección social, en una obra que por momentos fue heroica y sustancial, cuando todo estaba en riesgo. También entregaban esperanza, alegría y proyección, al ver como el sueño de vida encontraba asidero y les permitía ser dueños de su propio destino. Aceptaban incondicionalmente las condiciones de vida por encontrar la vida propia, aportando soluciones interesantes a los problemas diarios con sabiduría y discreción. 

Mujeres que mostraron entereza y valentía en situaciones que hoy nos pueden parecer increíbles y fuera de contexto, pero que en ese entonces eran normales y fundamentales, que sin pensarlo enfrentaron la realidad que a muchas les toco tener que parir solas por la falta de matronas; no dudaban en recorrer días y días de a caballo por conseguir remedio para un hijo o para su hombre enfermo; enfrentando las olas de los grandes lagos y los caudales de los grandes ríos en precarios botes en busca de víveres para su gente. 

La colonización de Aysén no pudo haber llegado a buen término sin estas grandes mujeres emprendedoras, que al igual que ayer, las nuevas generaciones que las han remplazado en la actualidad y descendientes directas de aquellas, son como en ese entonces la base de sustentación de la familia del siglo 21 de Aysén. Su ejemplo hasta los días de hoy mantiene la unión familiar y viva la tradición y la cultura de lo que somos y representamos como territorio de excepción.




Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario Turístico
Consultor de proyectos de desarrollo en Aysén
@Veranadas


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