Los Ríos de Aysén deben correr libremente - Columna de Andrés Gillmore

La decisión del Ministerio de Obras Públicas denegándole los derechos de agua a HidroAysén, a “consolidado” la decisión que había tomado anteriormente el Consejo de Ministros con respecto a las intenciones de la filial de Endesa-Colbún. Lo lógico seria ser políticamente correcto y celebrar que Aysén puede seguir su camino, olvidarse de tan angustiosa distracción, ante una intención que no ha contribuido en nada para el desarrollo del territorio, que solo ha traído malos ratos, dividiéndonos como nunca lo imaginamos, en una región que se caracterizaba por su unión y donde de una manera u otra nos conocemos todos. 

Se tuvo que enfrentar dos gobiernos, uno de izquierda y otro de derecha, concertación y alianza; una gran mayoría en el territorio entro en batalla solo por honor y el gran amor que sentía por Aysén y lo que eso implico en esos oscuros años, donde la ignorancia y la decidía manejaron nuestros destinos, cuando ser un defensor de los ríos de Aysén y luchar por la sustentabilidad de todos y no solo por la de algunos, era ser considerado persona no grata por una gran mayoría.

Pero en este intrincado mundo de los grandes intereses económicos, donde muchos son tan serviles, humildes y entregados al mundo del capital, como lo ha demostrado el caso Penta, nada es lo que parece ser, cuando se habita en las incómodas gradas del mundo ciudadano. A decir verdad lo único que uno puede decir a ciencia cierta desde este lado del cuadrilátero, es que poco y nada sabemos de quien trabaja para quien, vemos caras pero nunca corazones y que nadie en su sano juicio pondría las manos al fuego por los políticos que nos representan hoy en el congreso. 

Lo que ha sucedido en términos reales con la decisión del MOP, es lo que podríamos decir como un retraso en la intención y nada más, asumiendo aunque nos duela, que estas decisiones son manipuladas por las mismas transnacionales; entendiéndose que el proyecto podría volver a rediseñarse y ser presentado nuevamente para su evaluación ambiental y eso no lo podemos obviar bajo ninguna circunstancia y es lo que tiene tan complacido a los interesados en represar. 

Si de verdad quisieran hacer las cosas bien y desestimar la intención como corresponde, debería estarse trabajando por la restitución de los derechos de aguas devolviéndoselas a Aysén con prontitud; quitándoles el rango de perpetuidad con que cuentan en la actualidad y que tienen una vez que son otorgados. La exactitud de lo que sucedió sin ponerle ni sacarle, es que esos derechos fueron negados parcialmente, por que el agua no fue utilizada; pero aun sigue existiendo restricción total para otros usos que no sea producir energía. Si hoy los pobladores del Baker y del Pascua quisieran usar el agua para riego y presentaran un proyecto con esa intención, serian rechazados. 

Pocos saben que el 99 % de los derechos de agua de los ríos Baker y Pascua siguen aun concedidos exclusivamente para uso hidroeléctrico. Hoy no solo ENDESA-COLBÚN son los propietarios de los derechos; hace tiempo que entro al negocio ENEL Italia y hace poco AESGENER, que es el resultado de la división realizada en 1987 de Chilectra, que la transformo en tres empresas independientes de distribución: Chilectra, Chilquinta y una generadora y distribuidora como es Chilegener; producto de la privatización clandestina de todo el paquete estatal de empresas durante la dictadura, provocándole al Estado chileno una pérdida en esos años de más de 6.000 millones de dólares; según el informe final de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados, a partir de los datos aportados por la Contraloría General de la República. AESGENER cuenta en la actualidad con el 26 % de los derechos de las cuencas de Aysén. 

La voz del gobierno en Aysén ejercida por la señora Intendenta Ximena Ordenes con mucha simpatía, ha sido en verdad muy ambigua en sus formas ante el tema, que demuestran el verdadero sentir del gobierno. En una entrevista concedida al Diario de Aysén publicada el 23 de enero pasado dijo Ordenes; “Tenemos reservas de aguas de caudales de ríos o caudales superficiales, evidentemente hay que tener una definición, acá lo único que se ha hecho es denegar los derechos de agua, por lo que habrá que ver su uso futuro, pero eso es otra conversación. “Esto no resta sus usos futuros, el tema es que hay que definirlos”, agregando “no resta que en el futuro se pueda hablar de otro tipo de proyectos y esa es la conversación que tenemos pendiente con la comunidad regional”.

Cuando la Intendenta de Aysén se refiere a que se tiene una conversación pendiente con la comunidad; no es otra cosa desde mi punto de vista, que esta aplicando el sentido sociológico de la estrategia para reflotar bajo otro punto de vista la intención de represar por medio del “Programa de Desarrollo Energético”. La idea del gobierno no es otra, que objetivizar las debilidades propias de Aysén, como la alta contaminación ambiental de Coyhaique, la escases energética producido por el monopolio y el mal servicio que entrega EDELAYSÉN, bajo el “sustento democrático” (que tiene a la espera el nefasto proyecto Río Cuervo en la comuna de Puerto de Aysén de la transnacional Energía Austral), sacando beneficios de las debilidades sociales bajo lo que ahora ellos pregonan como la base de sustentación democrática; “las consultas ciudadana” y la “ley de asociatividad” que pretende implementar el ministerio de energía para lograr estos objetivos.

Desmenuzando las dos estrategias, es fácil imaginarse lo que ellas presuponen y pretenden. Ahora es común escuchar a los grandes empresarios el discurso “se debe trabajar con las comunidades”, “ellas deben ser escuchadas y manifestar sus necesidades” “no hay duda que lo más sano seria hacer consultas ciudadanas”; porque saben perfectamente que es fácil manipularlas y lograr bajo el camuflaje de una supuesta “democracia directa” obtener los objetivos pretendidos, ante una ciudadanía que no tiene acceso real a los informes técnicos y las consecuencias reales de tales decisiones. 

No es difícil de imaginar lo que significaría realizar una consulta ciudadana con la posibilidad de represar los ríos de Aysén, permitiéndose que se dispute bajo ese contexto la sustentabilidad del proyecto, ante los millones de dólares que las transnacionales invertirían en propaganda, manejo social, gubernamental y sobre todo el político para lograr sus objetivos; a decir verdad es inimaginable y totalmente fuera de propósito, ha sabiendas del perfil manipulador con que se sustenta el modelo de desarrollo. 

Si analizamos la pretendida ley de Asociatividad, esta no es otra cosa que permitir bajo el resguardo de lo que implicaría una ley de la republica, que fuese perfectamente legal que las transnacionales compartieran las ganancias (royalties) de los proyectos con los municipios, juntas de vecinos u comités campesinos; desplazando la factibilidad y lo que significa como base de sustentación los Estudios de Impacto Ambiental (EIA), que son los que en definitiva deben regir si los proyectos reúnen las condiciones necesarias para desarrollarse. La ley significaría otra forma de pagar por contaminar, pero con ribetes mucho más diabólicos y permisivos que los actuales, puestos al servicio de los grandes intereses extranjeros, en detrimento del desarrollo sustentable de la región.

Todo esto posible, porque en más de veinte años de democracia ninguno de los gobiernos ha tenido la capacidad de haber proyectado un plan de ordenamiento territorial de desarrollo estratégico, con un adecuado plan de manejo de cuencas, que definitivamente raye la cancha y dictamine lo que se puede hacer o no en Aysén. Simplemente porque no les conviene a los intereses creados y como dice el refrán a -río revuelto ganancias de pescadores-. 

La fundamentación de la decisión de decir “no al proyecto HidroAysén”, se sustento bajo la premisa que los intereses de la región ante su proyección social, cultural y comercial, no iban de acuerdo con la intención de represar sus ríos; entendiéndose que el desarrollo de Aysén debe fundamentarse en la ganadería, turismo de intereses especiales y en la agricultura orgánica. Ese fundamento debería ser más que suficiente para dictaminar en forma oficial, que Aysén debe ser libre de represas y sus ríos correr libremente. 




Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario Turístico
Consultor de proyectos de desarrollo en Aysén
Chelenko Noticias
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