No olvidemos, la posible construcción de la central Río Cuervo - Columna de Andrés Gillmore

El costo actual de producir energía a partir de combustibles fósiles va en constante aumento; los costos asociados son elevadísimos sobre todo para un país como el nuestro, inmerso en las densas profundidades de la globalización. Continuar indefinidamente con tan extrema dependencia, es sin duda un formato sin futuro, muy poco recomendable y sin sentido común. El gran objetivo debería ser, lograr ser lo más independientes posible en materia energética. 

Ante este escenario tenemos que tener la capacidad de analizar cuales son nuestras verdaderas ventajas comparativas y partir por ese objetivo, que sin duda las ERNC (Energías Renovables no Convencionales) son el camino que debemos seguir, para que en lo posible en unos 20 años, logremos la independencia energética aplicando un plan de Estado que aproveche nuestras potencialidades como corresponde. 

Está comprobado que la producción fotovoltaica solar con los años será más barata que el carbón, el gas natural y el diésel. Países como Australia y Sud África, con características geográficas y climáticas similares a las nuestras, han entendido la urgencia de renovarse y han comenzado sus respectivos procesos de recambio en sus matrices energéticas a ERNC, que de aquí al año 2020 les permitirá sustentarse casi exclusivamente bajo ese formato, demostrándonos que es posible, que solo basta con tomar la decisión política y decidirse a hacerlo. 

En Chile existen abundantes recursos de energías renovables no convencionales a nuestra disposición y somos considerados uno de los países más ricos en este sentido; proyección que debemos aprovechar y producir así un menor impacto en el medio ambiente y sobre todo en las comunidades rurales que invariablemente sufren las penas del infierno por las malas decisiones. 

En la actualidad contamos con cerca de 4.000 MW en geotermia, 5.000 MW en energía eólica, 15.000 MW en mini hidro de pasada y en energía solar contamos con el orden de unos 40.000MW y de paso el mejor sol del planeta para generar energía en forma sustentable y barata.

Para que podamos concretar estos objetivos, necesitamos mejorar la ley medio ambiental, hacerla más precisa y exigente, que cuente con los debidos parámetros profesionales y científicos, ser consecuentes con el discurso y que sean realizadas por instituciones reconocidas de nivel mundial con la debida certificación, entregándoles a las comunidades las garantías que corresponden y dejar de sustentar incongruencias ideológicas, como que intervenir ríos con represas de muros de contención y embalses son energías renovables y sustentables, cuando todos sabemos y esta comprobado que no lo son, porque generan mucho C02 y destruyen los ríos, por la gran sedimentación que producen al intervenirlos.

Además los estudios de impacto ambiental (EIA) con que se han sustentado la mayoría de los proyectos energéticos, no han incluido la variable social como debería de ser, como estrategia para bajar los costos y mejorar de esa manera tan poco ética, la rentabilidad de la inversión, vulnerando totalmente los derechos humanos de los habitantes de las regiones. 

Las evaluaciones hasta el día de hoy no han tenido la capacidad de entregar una visión realista de lo que realmente significan las intervenciones y no se ha realizado un debate a la altura de la importancia y de la significancia, de lo que representan verdaderamente los proyectos para la vida de las comunidades y lo definitivo de la decisión, una vez que se le de luz verde al proyecto. (ALTO MAIPO-ISLA RIESCO)

En la comuna de Puerto Aysén en la región de Aysén, aun esta muy vigente la intención de la transnacional Xstrata (de origen Suizo pero de capitales Australianos) que quiere construir tres represas, interviniendo los ríos Cuervo y Blanco. De construirse la Central en el emplazamiento proyectado a 500 m.s.n.m. en los altos de la ciudad de Puerto Aysén, representaría un enorme riesgo para la seguridad de los habitantes, con la posibilidad cierta que la ciudad sea destruida por un gran tsunami, producido por la central, precisamente por ser un proyecto mal elaborado y pesimamente evaluado. 

El emplazamiento del proyecto está en una falla geológica de grandes proporciones, como la Liquiñe-Ofqui que cruza todo el sur de Chile. Para concretar la intención además se tendría que construir un lago artificial de 13.166 hectáreas, en una zona con una alta presencia volcánica y geológicamente inestable. Además se deberá hacer una obra en paralelo para unir los lagos Yulton y Mehuin, que generaría un alto impacto en el terreno del emplazamiento, que destruirá el medio ambiente y su flora y fauna, única en Chile.

Xstrata entregó como respuesta ante el informe que da cuenta de todos estos aspectos sobre la inseguridad del emplazamiento realizados por las diferentes ONG preocupadas por el problema; aceptando los riesgos, reconociendo la existencia de la falla geológica y los inminentes peligros para la comunidad de Puerto Aysén, justificando el proyecto por su alta rentabilidad, sosteniendo que serian capaces de manejar la emergencia con un exhaustivo monitoreo de la falla geológica, para que cuando se produzca la emergencia y el posible tsunami, activaran la voz de alarma con tiempo suficiente para evacuar Puerto Aysén. 

Lo que preocupa y no deja de ser alarmante, es que los diferentes estamentos estatales y de gobierno que evaluaron el proyecto, no sean lo suficientemente claros y taxativos en contra del proyecto, ante tanta evidencia que demuestran que no es posible construirlo, por el inminente riesgo que significaría para los más de treinta mil habitantes de Puerto Aysén, si se le diera luz verde a la intención.





Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario Turístico
Consultor de proyectos de desarrollo en Aysén

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