La regionalización y su proyección social de sustentabilidad - Columna de Andrés Gillmore

Para los que nos interesamos por el desarrollo de Aysén, el tema ecológico ha adquirido en la actualidad una importancia vital; en el esta indudablemente la proyección de desarrollo de Aysén como un todo, porque de él depende que nuestros servicios y productos sean competitivos y puedan proyectarse adecuadamente. La regionalización para lograr este gran objetivo no es un tema menor bajo ningún punto de vista, de su formalización real dependemos para que verdaderamente podamos proyectarnos hacia el futuro con una buena base de sustentación, sin perder nuestra esencia cultural, social y medioambiental. 

En la actualidad existe una tremenda decepción en el mundo ciudadano regional, ante la fallida promesa de regionalizar y descentralizar la toma de decisiones. Muy a pesar de haberse conformado una comisión con representantes a nivel nacional y se haya trabajado por más de un año para sustentar las bases para lograr el objetivo; hoy a pesar de las promesas, esta más que claro que el gobierno no está dispuesto a cumplir su promesa una vez más. 

Llevamos décadas escuchando la importancia de descentralizar, que sin ella es imposible avanzar hacia la sustentabilidad de las regiones, que es la única manera de encauzar un desarrollo armónico y sustentable, sosteniéndonos en la autonomía territorial y con esa mega estructura crecer regionalmente y aportar bajo ese concepto al crecimiento del país como un todo. 

La prueba más fidedigna que el gobierno no quiere cumplir su promesa de campaña de regionalizar y que le permitió una muy buena cantidad de votos, es la misma reforma tributaria, que por muy increíble pueda parecer, fue apoyada por todos nuestros parlamentarios; la reforma no entrega ninguna financiación propia a las regiones; los gobiernos regionales tendrán que seguir peregrinando al Ministerio de Hacienda en Santiago, para solicitar dineros para financiar políticas de desarrollo y por mucho que podamos elegir a un intendente mediante el voto popular de nada servirá si las regiones no tienen su independencia económica. Por eso según mi punto de vista es muy preocupante la actitud de nuestros parlamentarios ante este tema tan trascendental para el futuro de Aysén; por más que el senador Walker se ponga la camiseta de los sueldos regionalizados, que el diputado Sandoval Plaza les exija a las salmoneras que aporten más a las comunidades y que el senador Horvath logre embolinar la perdiz trasladándose a Villa O’Higgins y preocuparse en terreno de las obras de conectividad con Argentina, si no contamos con una adecuada política de regionalización y descentralización de la toma de decisiones nada será valedero y no tendremos una base de sustentación para proyectarnos como corresponde, y no podremos acceder a un necesario ordenamiento territorial y un plan de desarrollo regional con un adecuado ordenamiento de cuencas. 

Todos sabemos que Aysén es una región muy especial y comparativamente diferente en todo orden de cosas con el resto del país, con una increíble diversidad escénica, ambiental, meteorológica, geológica y territorial, unidos en un solo hilo conductor cultural en un territorio del porte de Bélgica y Holanda juntas. Características que son por sí mismo un plus comparativo que marcan una diferencia positiva a nivel nacional y mundial, razones que deben obligarnos a reflexionar sobre la importancia y lo vital que es tener un plan de desarrollo estratégico regional y con el crear un fundamento de desarrollo propio, que nos permita potenciar nuestras tremendas ventajas comparativas y eso solo es posible con un plan de regionalización eficaz y sustantivo. 

El eje del desarrollo debe reunir necesariamente parámetros que vayan de acuerdo con nuestros propios procedimientos y planteamientos, proyectando nuestra forma de vida y nuestro relacionamiento con el medio ambiente; necesitamos un diálogo eficaz entre empresarios, emprendedores, comunidades, gobierno regional y la misma Moneda, para desarrollar estrategias diferenciadas entre el mundo rural y urbano, que permitan racionalizar las políticas públicas haciéndolas más representativas, directas y autónomas.

La regionalización para una región como Aysén, es al día de hoy más que una alternativa de desarrollo, es una verdadera necesidad de sobrevivencia ante la intervención de los grandes intereses comerciales y económicos que existen en la actualidad por nuestros recursos naturales por parte de las transnacionales; debemos sustentar modelos conceptuales diferenciados, orientados al tipo de desarrollo que queremos, de norte a sur, de este a oeste, de cordillera a mar, respetando y no imponiendo por sobre todas las cosas. Sin embargo en la actualidad la formulación y la conducción de la planeación de la política de desarrollo regional, tiene como domicilio el ministerio de Hacienda. Esta realidad tan ambigua nos hace extremadamente vulnerables, quitándonos la autonomía y la posibilidad de auto evaluarnos y programar nuestras propias políticas de desarrollo. 

La formulación y la conducción de la política de desarrollo ambiental debe ser el eje central, para obtener un aprovechamiento sostenido y sustentable de los diversos ecosistemas que poseemos y sus diferentes componentes, garantizando equilibrio, integridad, diversidad y la renovabilidad de los mismos hacia las comunidades, diseñados bajo una política ambiental propia y particular, reconociendo las interrelaciones de los ecosistemas y sus componentes, incluyendo a las comunidades en su dimensión social, cultural e histórica como objetivo real de sustentabilidad. 

El ordenamiento territorial como instrumento de desarrollo, es vital para una región como Aysén, porque permitiría tener una evaluación, programación y una legislación del suelo y de los recursos naturales, ante las diferentes jerarquías territoriales, otorgándonos un plus comparativo fantástico y pasaríamos a ser una región con proyección y no de reacción, entregándonos una perspectiva más vital y favorable para al medioambiente y las comunidades, que son a fin de cuentas el objetivo final de todo plan de desarrollo regional. 

Aysén como un todo debe ser analizado como un ecosistema a partir del cual es posible establecer balances de disponibilidad ante la oferta y demanda y el deterioro de los recursos naturales, con políticas aplicables y realistas; no como sucede en la actualidad, donde las estrategias de desarrollo son analizados como una disponibilidad económica-comercial de los recursos naturales y nada más, sin llevar en consideración las comunidades y su proyección de sustentabilidad social y cultural. 

La estructura social y los procesos históricos de Aysén, que hacen lo que es y lo que representa, son claves para incorporar las políticas de desarrollo. La regionalización debe representar el centro del proceso de planificación estructural, proyectando la factibilidad de los territorios en áreas con características propias, basándose en factores tales como los atributos físicos, bióticos y las condiciones ambientales de cada una y las características de cada territorio ante su perspectiva social, económica, ambiental y comercial. 

Aysén es lo que se denomina una unidad ecológica con una gran proyección mundial; bajo ese parámetro de sustentabilidad, debemos crear estrategias de desarrollo con base en sus condiciones actuales y sus fundamentos básicos de desarrollo, con políticas ambientales y sociales de aprovechamiento sectorial, que permitan su conservación y la restauración de los criterios de regulación ecológica que necesitamos. 

La planeación territorial con una adecuada estructura de fundamentación regional diferenciada por territorio, nos ayudaría considerablemente para la detección de los problemas específicos a futuro, auxiliándonos en los programas de control de contaminación, permitiéndonos un manejo racional de los recursos naturales y su relación interactiva con las estrategias de desarrollo.





Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo

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