Turismo en Aysén: Debemos tener la capacidad de nivelar hacia arriba - Columna de Andrés Gillmore

Nada me podría llenar más de satisfacción y de esperanza en el futuro de Aysén, poder constatar cómo a pesar de todo y de todos los que en su momento no creían en el turismo como un medio de desarrollo para la región, que solo ponían piedras en el camino, desvirtuando la potencialidad que innatamente tenemos para hacer esta actividad y marcar una diferencia social en las comunidades, hoy es una realidad y la relevancia que ha adquirido como proyección económica, cultural y social es fundamental.

La frase que muchos decían con desdén y con un dejo minimizador en el pasado “el turismo es el futuro pero que hacemos por mientras” les podríamos decir que por fin el futuro llego y esta con nosotros, traspasando de a poco la barrera económica y social. En la actualidad no hay localidad de norte a sur de la región que no este involucrada como base de sustentación en la actividad; entendiéndose lógicamente que aún falta mucho por hacer y por mejorar, pero no hay duda que estamos en la senda adecuada y que finalmente se entendió.

Hace unos 15 años trabajando en representación de la Corporación Costa Carrera en un proyecto de Conaf con el auspicio de la Universidad de Berlín, desarrollado en las localidades del lago General Carrera talleres con las comunidades para crear diagnósticos y protocolos de evaluación y trabajo para involucrar a las comunidades en actividades económicas sustentables; nunca olvidare la última pregunta de un cuestionario del taller, “como se veían ellos mismos en los próximos 10 años”; en todas las comunidades respondieron de manera parecida, se veían muy pobres y la mayoría fuera de sus localidades precisamente por la actividad turística, al no sentirse ellos con la capacidad de poder involucrarse, se sentía miedo y desdén en las comunidades ante el futuro.

Hoy si volviéramos a hacer la misma pregunta en las comunidades, no tengo dudas que la respuesta sería mucho más positiva y esperanzadora y las comunidades responderían, haciendo turismo en las diferentes especializaciones que permite la actividad.

En los inicios de los años 90 cuando todo era un sueño y todo era tan difícil, al igual que los colonos a inicios del siglo pasado, los que iniciamos esta actividad no teníamos nada y lo queríamos todo, tuvimos que soportar que no se nos tomara en cuenta en las estrategias de desarrollo de la región, con el respeto y las consideraciones que deberían haber tenido con un grupo de emprendedores, que solo sustentados en la certeza interior y la lógica común, proporcionado por nuestra calidad escénica y ambiental que era de todos, pregonamos que si queríamos sobrevivir como región y proyectarnos al futuro en forma sustentable, la única forma posible era el turismo y de paso nos permitiría fomentar la reconversión del mundo rural que estaba totalmente deprimido y abandonado a su propia suerte en ese entonces, ante la crisis terminal de la ganadería por la asociación de Chile al Mercosur, que liquidó de una los poderes de compra de ganado y lana para siempre.

Lógicamente el proceso no fue fácil, la reconversión llegó sin la ayuda de nadie, menos del gobierno regional, que como consecuencia tuvo un tremendo costo social para la tercera y cuarta generación de colonos. Muchos pobladores ante el abandono y la falta de expectativas, no tuvieron otra alternativa que vender sus campos para parar la olla como decimos en el mundo rural. Personalmente en ese entonces(1996-97) recorrí en Coyhaique las diferentes autoridades de la época, para que entendieran la magnitud del problema rural y la importancia de poder capitalizar lo más rápidamente posible a los pobladores, reorientándolos hacia otras formas de hacer y que el turismo era una de ellas si queríamos una reconversión efectiva y evitar la pobreza.

Para no llegar con las manos vacías, presentaba el esbozo de un proyecto con la intención que se hiciera un catastro de todos los pobladores que tuvieran predios con proyección turística en zonas montañosas y en orillas de lagos y ríos en la cuenca del Baker, desde Villa Cerro Castillo a Caleta Tortel; con esa información hacer un proyecto de desarrollo, aprobar créditos blandos para financiar propuestas alternativas, sin abandonar la esencia rural y la crianza de ganado; con el objetivo de impedir que los pobladores tuvieran que vender los campos. Lógicamente no paso nada de nada y la gente quedó abandonada a su suerte definitivamente.

Pasaron los años y a pesar de los impedimentos como un árbol que crece a pesar de todo el trabajo se fue notando en las localidades, de a poco Aysén empezó a ser reconocido por su belleza, su gente y su cultura por el esfuerzo de los privados y de una manera u otra las localidades de norte a sur entendieron la oportunidad y exigieron la mejora de las condiciones de las localidades, los alcaldes fueron más eficientes y profesionales, se empezó a construir redes de alcantarillado, agua potable, se pavimentaron las localidades y de a poco se fue enraizando el concepto turístico como una esperanza de vida.

Paralelamente se luchó con uñas y mugre por salvar la región de las garras de las transnacionales que nos quitarían el sello verde y la base de sustentación de la actividad, muchos no entendieron en un principio y solo pensaban en ganar dinero no importara como; y como la ley de Murphy que nos indican que lo que tiene que suceder, sucederá, toda esta realidad que antes se veía tan lejana comenzó a extrapolarse y hoy podríamos decir que el producto Aysén es muy reconocido y la región esta totalmente involucrada.

Ante esta realidad y la buena nueva que significa, un tema que se debe analizar en conjunto entre el gobierno regional, emprendedores rurales, empresarios y Sernatur Aysén, es que debemos tener la capacidad de generar patrones adecuados y profesionales en relación con la actividad y su formato de desarrollo, que unifique los criterios, desarrollando un control de calidad propio, para crear un valor ético en todos los ámbitos de la actividad que no son pocos, que nos identifique y que abarcan una serie de servicios diferentes entre sí, pero que unidos componen el producto final de los servicios turísticos de Aysén, con la capacidad de nivelar hacia arriba, con asesorías que abarquen todos los aspectos de la operación y la puesta en escena del producto turístico; definiendo la identidad de cada localidad y la construcción de planes de desarrollo propios y en cada localidad en conjunto con sus habitantes, para destacar las diferencias en un todo completo que es Aysén pero hacia un solo objetivo.

No basta con entregar financiación de acuerdo con criterios que además no son representativos de nuestra realidad; debe haber un acompañamiento profesional en las diversas etapas, educando en todos los conceptos posibles al emprendedor rural y al empresario, sustentado en la ética del hacer y en las buenas costumbres a la hora de tomar las decisiones del día a día, que de acuerdo con nuestra geografía se hace más que evidente su importancia vital, que enseñe como parte esencial de la actividad, que una buena toma de decisiones, abarca desde un plato de comida, una actividad de montaña, la disposición de una cama en un dormitorio, hasta la arquitectura que se utiliza para una cabaña o un restaurante.

Sernatur Aysén debe hacerse más parte de la actividad en todo sentido en las bases, salir más a terreno, su director no puede estar encerrado en la oficina y sólo salir cuando le llegan invitaciones al extranjero a ferias mundiales de turismo o a cocteles en complejos turísticos grandes; su perfil debe de ser el de un hombre todo terreno, recorriendo de norte a sur de cordillera a mar la región, conociendo la realidad de la oferta y los servicios que se prestan y en teoría aportando con sus consejos y sabiduría profesional. Los empresarios y emprendedores deben conocerlo personalmente, no esperar que ellos lo visiten en su oficina; siempre hemos entendido que es un organismo que cuenta con pocos recursos económicos, por eso mismo debe tener la capacidad de escuchar a los involucrados, hacer participes a los involucrados la hora de desarrollar proyectos, porque a decir verdad nadie sabe más que los mismo involucrados. En los emprendedores rurales esta la base del trabajo, en ellos se sustenta la actividad del mundo aysenino y por ende la sustentabilidad de la región y de la actividad, nivelando hacia arriba, que la diferencia entre los servicios que se prestan en las localidades tenga una mínima diferencia o ninguna con los prestados en un complejo turístico de orilla de lago o río.

Los convenios de capacitación y certificación no pueden quitarnos la esencia de lo que somos y representamos como producto turístico propio, en ello está nuestro plus comparativo sobre todo internacionalmente y sin caer en la tentación de transitar por el camino fácil, copiando modelos externos; debemos tener la capacidad de crear nuestros modelos propios, sin olvidar que uno de los objetivos primordiales que debería tener Sernatur Aysén, pasa necesariamente de preocuparse de la conectividad, que este en buen estado, ya que el turismo depende que los caminos estén en buen estado, por ende debe ser el representante natural del mundo turístico ante O.O.P.P. y ante cualquier ente que quiera destruir el medio ambiente de la región.

El turismo en Aysén ha demostrado con creces su potencialidad y su gran valor social para lograr la reconversión definitiva de las comunidades y lograr la prosperidad como un todo en el mundo regional, atacando de esa manera la esencia de la desigualdad social que también tenemos en Aysén y que como todos saben es muy profunda.




Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario Turístico
Consultor de proyectos de desarrollo en Aysén
Chelenko Noticias
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