El pasado me condena - Columna de Andrés Gillmore

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero nada es tan taxativo en la vida se podría decir; lo que si podríamos decir sin temor a equivocarnos, es que todo depende bajo el punto de vista con el que se mire el pasado y que es lo que reconocemos como tiempo pasado y si va de acuerdo con nuestras experiencias de vida y si estas fueron buenas o malas. En Aysén en algunas cosas hemos avanzado mucho y en otras hemos retrocedido a niveles inconcebibles, sobre todo para mí que llegue en la década de los ochenta cuando Aysén tenía una cultura rural muy fuerte y es indudable que me hace falta la fuerza del poblador de tercera o cuarta generación de colonos, que me impresiono por su honestidad y su fuerza para salir adelante ante las adversidades. 

Nadie que haya conocido Aysén cuando predominaba el caballo y la economía regional se sustentaba en la ganadería puede dejar de compararla con la de ahora, cuando en ese entonces producíamos lana y ganado para faenación y la cultura del mundo rural era productiva; no compararla con la realidad actual para los que conocimos esa vida es imposible, es un hecho doloroso para muchos ante la pérdida y no puedo imaginar siquiera el dolor para aquellos que nacieron y se criaron bajo esa forma de hacer, cuando el caballo, los botes y las barcazas sustentaban el transporte del territorio y cualquier diligencia por simple que fuera podía tomar días semanas, incluso meses en algunas determinadas circunstancias; pero a pesar de todo no hay duda que se vivía mejor bajo todo concepto, no existían las grandes desigualdades que hoy enfrentamos y todos los intereses creados, todos de una forma u otra trabajábamos codo a codo, de igual a igual y sin diferenciaciones sociales u económicas por el Aysén que queríamos y soñábamos.

La mayoría de los jóvenes muy especialmente los del sur en esos años cuando el poblador que menos animales tenía poseía a lo menos 800 ovejas al corte, algunas decenas de vacunos y una tropilla de caballos (12) y los campos eran verdaderamente productivos y los productos tenían un vasto mercado interesados en ellos, estos muchachos antes de emprender la vida adulta y formar familia, como una manera de adquirir experiencia de vida, especializarse en algún oficio u como simples experiencia de vida como rito de iniciación se podría decir, cargaban el pilchero y partían a la argentina a buscar trabajo a las estancias y luego volvían con la experiencia adquirida transformados en verdaderos hombres de campo, con un recado de bastos (montura argentina) con ahorros y dos caballos, se podría decir que comenzaban desde ese entonces la vida adulta, los que lo hacían eran respetados y marcaban la diferencia y muchos se transformaban en leyenda. Aprendían a domar potros, alambrar, trabajar con animales, algo de construcción y sobre todo a valerse por sí mismos. 

Los tiempos fueron cambiando y en los inicios de los años 90, los muchachos ya no iban a la Argentina en busca de experiencia y el destino cambio a los lejanos territorios de Estados Unidos y partían a trabajar a Nebraska, Colorado por tres años cuidando animales, con sueldos que comparativamente eran mejores, pero indudablemente bajos para Estados Unidos en labores que los americanos no querían hacer en los campos, pero era una oportunidad y no solo para adquirir experiencia. 

Muchos se casaron con americanas y se quedaron por esas tierras como embajadores de Aysén; otros más audaces se trajeron a las americanas a la región y el resultado no fue muy bueno que digamos por lo menos por lo que me tocó ver. Los casados mantenían a las familias y cuando llegaban de vuelta se compraban algún pedazo de campo para reiniciar sus vidas. Muchos se repetían el plato y volvían, otros lamentablemente murieron en esas lejanas tierras y el dolor familiar era muy intenso. 

En esos años se compraban los “vicios” (mercadería) en la argentina en la medida de lo posible, no solo porque el precio era favorable, también por la calidad de los productos que en esos años era muy superior a los nacionales que encontrábamos en la extinta ECA. Muchos viajaban con varios pilcheros y traían harina y yerba mate fundamentalmente. Eran odiseas de semanas cabalgando por fantásticas huellas en escenarios maravillosos. Se imaginan lo increíble que era cabalgar a la usanza gaucha de esos tiempos con un objetivo tan noble como ese, por una huella estrecha costeando el lago General Carrera pasando por el paso las llaves con toda la impronta que eso significa, vadear el río Jeinimeni y entrar a los Antiguos a caballo; eran verdaderas experiencias de vida.

Habían personajes que se dedicaban en forma profesional los conocidos marca chifle a los cuales podías encargarles de todo, pero muy especialmente tabaco, balas del 22, cuchillos eskiltunas, mandiles, pretales, bastos, licor, revólveres, botas entaquilladas, gabardina por metro para confección y ropa en general. Estos valerosos comerciantes recorrían los valles con sus pilcheros aceptando como forma de pago también animales y cueros de liebre, ovejas, vacunos, coipos, zorros, crin de caballo y porque no decirlo cueros de león (puma). Solía hacer esos trueques con uno de estos comerciantes que pasaba por mi casa en el valle del León por cueros de ovejas que carneaba para el consumo de la casa y algunos cueros de liebre que cazaba para alimentar las gallinas y algunos de hurones, por harina, aceite y remedio para bañar ovejas contra la sarna y la garrapata, que era de mejor calidad y rendidor que el chileno de marca Bayer, que secaba mucho la lana de las ovejas, también traían tijeras de esquila, piedras para afilar, bolsones de arpillera dura para transportar lana y pita para coserlos y los típicos artículos de plástico que tanta ayuda prestan en el campo. 

En fin todo ha cambiado a esta altura y todo es parte de un pasado que para mí fue glorioso, que lamentablemente se perdió para siempre; hoy todo es más moderno como dicen por ahí. Las localidades cuentan con médicos estables que manejan las postas de salud, que conocen a los que atienden y saben cómo evaluarlos y no se tiene que ir a la Argentina para obtener salud de calidad como antes. La educación en las escuelas rurales ha mejorado mucho y es increíble constatar que al parecer en pocos años la Universidad de Aysén será una realidad y nuestros muchachos podrán realizar sus estudios universitarios en la misma región y no tendrán que dejar sus familias con todo el dolor y el sacrificio que eso con lleva, para que puedan conseguir sus títulos y su futuro y la familia aysenina será mucho más feliz y unida que nunca y no se desangraran económicamente para lograr un futuro para sus hijos.

Pero a pesar de todos los beneficios y que de los caballos poco se sabe de ellos y todos tienen camioneta y que el turismo ha venido ha venido a fortalecer la región remplazando a la ganadería, no hay duda que la edad ha estado haciendo mella en mí y lo reconozco y tal como decía en el párrafo de inicio de esta crónica, es indudable que a esta altura de la vida puedo decir sin ningún temor que todo tiempo pasado fue mejor. Tengo conciencia que hemos avanzado y que en la actualidad la vida es más cómoda y menos sacrificada, pero por contrapartida hay más pobreza y desigualdad que en ese entonces; siento falta del Aysén de a caballo, donde la vida era más simple, los hombres eran más hombres, la palabra valía y el trabajo duro era recompensado en su verdadero valor y convivíamos en forma natural y armónica y más de acuerdo con lo que somos y con lo que proyectamos culturalmente como territorio. EL PASADO ME CONDENA.





Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo


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