Populismo y desigualdad - Columna de Andrés Gillmore

La dictadura del General Augusto Pinochet quito de forma autoritaria y desproporcionada a las regiones de Aysén, Magallanes e Isla de Pascua, la nivelación de zona a todos los empleados públicos a la que tenían derecho hasta antes de 1973, por residir y trabajar en zonas remotas, donde claramente los costos de vida son más elevados en todo sentido; realidad que genero todos estos años odiosas diferencias laborales, creando empleados públicos de primera y segunda categoría. 

Todos los gobiernos desde la llegada de la democracia en 1989 pos dictadura, se han comprometido de una u otra manera en resolver este intrincado tema dejado por la dictadura, pero como siempre ocurre con los temas que atañen muy especialmente a las regiones, todo ha quedado en veremos y en todos estos años no se ha tenido la capacidad de enfrentar la disyuntiva como corresponde. La deficiencia se ha utilizado popularmente para lograr los votos necesarios para llegar a la Moneda. 

El movimiento social por Aysén del año 2012 en su petitorio tenía como ítem, conseguir nivelar los sueldos de los empleados públicos y lograr un sueldo regionalizado para el resto de los trabajadores de Aysén, entendiéndose como una necesidad real ante el costo de vida que suele ser de casi el 40 % más elevado comparativamente con en el resto del país, principalmente por el concepto flete. Pero como todos sabemos el Movimiento Social fue acallado, destruido e intervenido por el gobierno de la Alianza por Chile y finalmente estas reivindicaciones tan necesarias entre otras tantas quedaron en nada y se volvió a estaca cero. A esto debemos sumarle la otra gran promesa que el gobierno de la Nueva Mayoría ha hecho caso omiso, de trabajar por una regionalización efectiva, que le permita a las regiones ser más autónomas en la toma de decisiones. 

La reivindicación de las regiones mencionadas, consiste en nivelar el porcentaje de la asignación de zona que perciben los funcionarios públicos del 105% de Derecho de Zona al que acceden los funcionarios de las Fuerzas Armadas, Carabineros, Investigaciones, poder Judicial y Médicos. También existen problemas con muchos empleados Municipales y públicos, que trabajan con boletas de prestación de servicios, con remuneraciones muy bajas y sin ninguna de las garantías legales por parte del empleador; con un claro doble estándar ante la sociedad. Los privados están imposibilitados de contratar por más de tres meses con boletas de honorarios.

La semana pasada los empleados públicos de Aysén se cansaron de las promesas incumplidas y muy a pesar que en la actualidad se está viviendo una de las crisis institucionales y políticas más graves de la historia reciente de Chile, no tuvieron otra alternativa que entrar en paro total a pesar de todas las implicancias que presuponen la realidad actual del país, porque definitivamente se cansaron del exacerbado populismo que se utilizó en la campaña de la Nueva Mayoría para llegar a la Moneda y se sienten rechazados y pasados a llevar.




El populismo se usa en casi todas campañas políticas tanto para llegar a la Moneda o para lograr un escaño en el parlamento, es un tema que en la actualidad se ha hecho muy controvertido y complejo, ante una ciudadanía que está cansada de las promesas incumplidas. En los gobiernos pasados de la Concertación y la Alianza por Chile, era más aceptado el concepto de “promesa incumplida” ante un congreso dividido, que complicada la elaboración de leyes, su presentación y posteriormente su aprobación; eso lo tenían muy claro los gobiernos y usufructuaban de esa realidad como una disculpa hacia los votantes de no poder cumplir con el programa de gobierno. 

Hoy esa realidad ha cambiado totalmente, poniendo en una serie de aprietos al ejecutivo y su relación con las regiones, al contar con mayoría en el Congreso en ambas cámaras, la disculpa tan adecuada de antaño de no tener quórum para hacer valer el programa en la actualidad no es valedera y la concepción que el programa aguanta todo en campaña y después vemos lo que nos conviene, al día de hoy es intolerable; aún más, es plenamente exigible que las reformas sean definitivas y bien hechas de una vez y no en la medida de lo posible como se actuaba en el pasado.

Lo que se entiende por populismo ha recibido una infinidad de acepciones y como siempre la mayoría de las veces suscita largas y controvertidas polémicas, como ocurrió la semana pasada con los dichos del ex ministro de la concertación Sergio Bitar, quien ante la crisis institucional parlamentaria que estamos viviendo y la posible deflagración de información delicada y relevante que pondría en tela de duda a muchos parlamentarios del mismo gobierno, amenazó ante las cámaras de televisión, que si no se llegaba a un acuerdo negociado se destruiría la institucionalidad y caeríamos en un gobierno populista, como si eso fuese el infierno total, mandando el mensaje subliminar que era mejor tener políticos corruptos, a tener que enfrentar un posible caudillo populista y todo lo que ello conlleva.

Pero que es verdaderamente el populismo, a decir verdad aún los especialistas en el tema no han llegado a un acuerdo real de que es el verdadero populismo y como este se adapta a los nuevos tiempos. Bajo el concepto de la derecha, populismo es el infierno total el caos en su máxima expresión y sería la antítesis de la economía de mercado que nos ha regido hasta ahora, con un estado más balanceado en todo sentido, funcionando como árbitro neutral, fiscalizando con rigor, con una educación pública, salud de calidad, con potestad total sobre sus recursos naturales, etc. Bajo estos parámetros un gobierno populista sería precisamente lo que pensamos muchos que nos hace falta en Chile en la actualidad. 

Conviene tener en cuenta que existen una serie de fenómenos históricos muy diversos en el tiempo, que han sido calificados como «populistas». Como tal han sido caracterizados por muchos estudiosos los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende y muchos movimientos sociales a nivel nacional surgidos desde ese entonces y otros desarrollados en Asia, África, Europa, Rusia o Estados Unidos, así también algunos estudios aplican esta misma categoría para analizar el Castrismo cubano o la Revolución china.

El populismo como base de sustentación tiene las siguientes características y quién sabe usted lector las puede reconocer en nuestra misma sociedad: líder carismático, masas insatisfechas, discurso emotivo y nacionalista, con el apoyo de los sectores populares, fundamentan sus valores nacionalistas en temas económicos y de desigualdad, por condiciones débiles de las instituciones que rigen el estado, son movimientos pragmáticos, normalmente aparecen por un errático actuar de los gobiernos anteriores, liderados por políticos individualistas y el cuestionamiento del actuar de los partidos políticos que son poco representativos.

Si entendemos que el populismo se desarrolla bajo esos parámetros, su significado y como se proyecta en las sociedades modernas, no hay duda que el gobierno de la Alianza por Chile fue muy populista y que el actual gobierno de la Nueva Mayoría es definitivamente populista y la amenaza de Sergio Bitar no corre ni debería ser tomada en cuenta, porque indudablemente estamos inmersos en una forma de gobernar de características extremadamente populistas. 

La gran equivocación del gobierno de la Nueva Mayoría, fue pretender gobernar bajo parámetros populistas, reformando bajo el alero de los grupos económicos y eso a decir verdad en el Chile actual es imposible de llevar a cabo y salir airoso; nadie en su sano juicio puede pretender jugar a dos bandas como en el pasado, porque a fin de cuentas te quedas desprovisto de aliados y sin base de sustentación social, repudiados por la ciudadanía y por los grupos económicos y eso es precisamente lo que le esta sucediendo al gobierno en la actualidad.





Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo








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