Acerca de las reelecciones - Columna de Andrés Gillmore

Cada día más ciudadanos quieren expresarse y luchar por su región o municipio, agregándole sus propios interrogantes a la agenda política en todo sentido, muchos pasan de la teoría a la práctica involucrándose en los procesos, dándole vida a los movimientos sociales, ante la supuesta democracia participativa. Esta función ciudadana ha experimentado ideológicamente un crecimiento importante en el pensar y en la conciencia de la comunidades ante su propia realidad, por organizaciones que se han tomado el tiempo de reflexionar y participar sobre todo en regiones, donde la realidad es más palpable y provocativa cuando las cosas no se hacen bien. 

En la actualidad pocos son los países que no disponen de instrumentos de participación; esto no quiere decir que en forma práctica se tomen en cuenta sus opiniones y pocos son los movimientos sociales que verdaderamente han logrado tener éxito en sus propuestas y eso en Aysén lo sabemos perfectamente bien. Pero si somos positivos al analizar la dinámica de los procesos, entenderemos que a pesar de todo y el gran sufrimiento que le han traído a las comunidades, han significado un avance importante ante la realidad que vivíamos hasta hace pocas décadas atrás. 

La prueba más clara y evidente de esta realidad surgió del mismo Aysén en una primera instancia por el movimiento en contra de HidroAysén y luego con el movimiento social por Aysén TU PROBLEMA ES MI PROBLEMA, que permitió a nivel nacional el cambio de paradigma de nuestra sociedad. Sin esa revolución social que luego se extrapolo hacia variadas realidades, aun estaríamos siendo parte de la corrupción solapada que por años tuvimos que aguantar y que tanto daño nos ha hecho.

La mayoría de los países democráticos cuentan con herramientas de participación democrática, para tomar iniciativas, proponer leyes, plantear reformas constitucionales, hacer referendos, cambios en las leyes vigentes y crear constituciones más agiles y armónicas, de acuerdo con la realidad vigente. En Chile aún estamos al debe en esta materia entendiéndose que los gobiernos siempre se han rebelado ante estas instancias y suelen atacar a los ciudadanos con todo lo que tienen para desestructurarlos en sus procesos, por eso no hay duda baja la perspectiva del mundo ciudadano que necesitamos cambios sustanciales en estas materias, haciéndose imprescindible poder contar con una constitución más representativa, que tenga la capacidad de proyectar el Chile del futuro desanclándolo del pasado y permitirnos desarrollarnos y estructurarnos mejor ante los grandes desafíos del mundo moderno. 

Las herramientas en las democracias directas se han transformado en la esencia misma del formato teórico democrático, no tenerlos activos representa algo inconcluso, mal definido, desfavorable e injusto para una verdadera democracia que tiene como objetivo primordial mejorar la calidad de vida de las comunidades, creando solapadamente profundas restricciones a la libertad. Con el tiempo se han implementado formas pero de difícil uso ciudadano, relacionados más pasivamente que activamente, pero es indudable que necesitamos mucho más, para que la democracia represente un verdadero complemento orgánico que permita la competencia interna por las buenas ideas y estrategias, con transparencia y participación.

La tendencia de los nuevos tiempos pasa inexorablemente por la expansión y el uso veraz de los instrumentos de participación ciudadana, creando más estabilidad y proyección social sustentados en el respeto comunitario de la igualdad ante la ley. América Latina es una de las regiones con más procedimientos para fortalecer la democracia directa, introduciendo consultas vinculantes, que le van entregando a los gobiernos una mejor comprensión del propio panorama social y de desarrollo, entendiéndose que la democracia solo puede funcionar si las instituciones y los gobiernos han alcanzado la madurez ideológica de los conceptos, que son tan necesarios para entender los procesos y las necesidades, comprendiendo que la democracia directa bajo el perfil de las herramientas complementarias no puede ni debe sustituir al congreso, sino más bien lo complementa y lo fortalece, permitiéndole a la democracia ser más representativa, activa y eficaz; en este sentido en Chile estamos muy al debe comparativamente con el resto de América Latina.

La reforma realizada al binominal permite la reelección de senadores y diputados indefinidamente; todos entendíamos que este ítem era fundamental, porque no le hacía bien al país, fomentaba las malas prácticas, frenando el armónico desarrollo de la política y sus componentes y sobre todo su proyección de futuro. Si a eso le sumamos que la reforma no exige a los senadores residencia efectiva en las regiones para ser candidatos, ante una realidad que coarta el desarrollo normal de las regiones y que desde siempre nos ha complicado en Aysén y los ejemplos están ahí para el que quiera verlo. Al quedar al descubierto la intervención del congreso por los grupos económicos, la reforma quedo obsoleta al aumentar el número de senadores y diputados, lo que en sí mismo es una gran contradicción del actual gobierno. 

La reforma al Binominal se realizó semanas antes que estallaran los escándalos de PENTA, SOQUIMICH y CAVAL, dejando la posibilidad abierta, que si se hubiese realizado después de los sucesos, lo más seguro es que este ítem se hubiese decidido bajo otro contexto y seguro se hubiera limitado la reelección (eso creo, pero no estoy tan seguro), tal cual como lo estipulo la comisión Engel en el informe que entrego a la Presidenta Bachelet hace unas semanas, limitando la reelección de los parlamentaros y alcaldes, pero que mientras el congreso no lo confirme en ambas cámaras es solo una idea. 

En Aysén tenemos casos emblemáticos de lo que se podría decir una reelección perpetua de nuestros parlamentarios, que al analizarla detenidamente veríamos como con el pasar de los años van perdiendo influencia y en forma natural se van achanchando, carcomiendo la representatividad y se van olvidando de sus responsabilidades; realidad plenamente demostrable; basta con ver como en el último tiempo hemos perdido todas las batallas que se han dado en el nombre de la región (Movimiento Social y por el sueldo regionalizado) los parlamentarios “hacen que hacen pero no hacen”.

En el pasado perdimos soberanía territorial (Laguna del Desierto), en el 2013 perdimos la soberanía del mar de Aysén y nuestros parlamentarios que debían haberlo defendido a toda costa, incluso apoyaron esta iniciativa y los tres (Horvath, Walker, Sandoval) votaron a favor de la ley de pesca. Ninguno de nuestros parlamentarios ha dicho nada ante los escándalos de PENTA Y SOQUIMICH y más que nada embolinan la perdiz y los aiseninos no conocemos sus puntos de vista y sus planteamientos ante la corrupción y lo que muchos esperamos es su denuncia y ratificarnos que ellos no están de acuerdo y que condenan.

Lo mismo es aplicable a los alcaldes; la mayoría luego de la primera reelección se transforman en reyezuelos discordantes que quieren ser diputados y pierden el concepto de la realidad. Hacen y deshacen a voluntad, olvidan las reglas básicas de convivencia comunitaria y se trasforman en déspotas en su gestión y se olvidan que deben ser el ejemplo, trabajar en equipo y en concordancia directa con las comunidades del municipio, sobre todo en comunidades pequeñas, donde todos se conocen y no existen secretos. Muchos aunque hagan una labor administrativa correcta, terminan mal y con sus comunas en estado de sitio al no saber manejar el poder que les entrega el cargo edilicio. 

La limitante a las reelecciones perpetúas según mi punto de vista, le proporcionan a la política una energía propia que se hace vital para su proyección y transparencia en la forma de representar y sobre todo del hacer, actuando como defensa natural ante la corrupción y los malos manejos que comúnmente ocurren cuando los personajes creen estar arriba del bien y del mal. Además y esto es fundamental para la estructura social, la reelección le cierra el paso a las nuevas generaciones, que podrían aportar nuevos conceptos y formas que necesitamos con urgencia para desarrollarnos como región y no empantanarnos en falsos contextos.


Por, Andrés Gillmore
Estudió Sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo

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