Descentralización: la base del desarrollo sustentable - Columna de Andrés Gillmore

Cuando se vive en regiones se siente verdaderamente la falta de una descentralización efectiva en la toma de decisiones, aún más si se es de regiones extremas y si a eso le sumamos que somos ayseninos la situación se complica aún más; realidad que ha creado un doble estándar que va en contra de la armonía regional entre las políticas públicas y lo que queremos el resto de los ciudadanos. Hace años que luchamos con ahínco desde diferentes ángulos para conseguir un verdadero espacio representativo y decisorio, que respete la identidad cultural, social, comercial y productiva, que además cuente con una adecuada distribución territorial del poder de decisión y financiación; en ello se han sustentado ideológicamente los movimientos sociales en la región, por una ciudadanía que se ha sentido vulnerada en sus derechos básicos y al final no nos ha quedado otra alternativa que salir a las calles, realidad que al día de hoy se hace insostenible y debe de haber un cambio en la forma y fondo con que se analizan las regiones; lo demuestra fehacientemente que ayer lunes 18 de Mayo la mesa social de empleados fiscales ha retomado la movilización por lograr la nivelación de zona de sus sueldos. 

Un ejemplo real de esta dicotomía de intereses, es lo que sucedió con la ley de pesca impuesta por el gobierno de Sebastián Piñera, que no considero las regiones a la hora de decidir y destruyo la vida de millares de pescadores artesanales de nuestro litoral; el centralismo no dudo en entregar los derechos del mar que es de todos a perpetuidad a los industriales pesqueros y con la posibilidad que puedan subarrendar los derechos otorgados a terceros. Si hubiésemos tenido gobiernos regionales con intendentes elegidos democráticamente y con una debida autonomía decisoria, lo más seguro que la ley de pesca no hubiese sido aprobada, porque atenta contra la sustentabilidad regional.

La falta de representatividad de los gobiernos regionales con el tiempo se ha ido transformado en algo odioso, insidioso y en un verdadero obstáculo para el desarrollo de las regiones, al no poder contar con políticas de desarrollo que cuenten con perspectiva de futuro, al estar siempre supeditado a intereses que no son propios, sobre todo cuando se deben tomar decisiones relevantes y no se cuenta con una perspectiva regional a la hora de evaluar y decidir. En la actualidad los gobiernos regionales desrespetan la esencia regional con despotismo y con una frialdad en los procedimientos que son difíciles de explicar y cómo a instancias de la misma Moneda, los gobiernos regionales son obligados a manipular la información y bajo esa perspectiva se cometen delitos como cohecho, estafa y abuso de poder y de forma muy natural, amenazando la estabilidad regional. 

Hace 25 años cuando se instituyeron los gobiernos regionales, las regiones eran territorios de realidad precaria, se podría decir aunque todo es muy subjetivo al analizarlo y depende mucho de la ideología que se adopte en el análisis, que las regiones en ese entonces no contaban con la madurez necesaria para tomar decisiones y debían ser guiadas, fiscalizadas y financiadas en las estrategias de desarrollo. Aysén en este caso se podría decir que en lo que se refiere exclusivamente a la Carretera Austral fue beneficiada por ese concepto; la decisión de construirla bajo la dictadura de Pinochet no obedeció a un plan de desarrollo regional ni a nada parecido; si a una decisión política por la gravedad del ambiente que se vivía con la Argentina en esos años. Si no se hubiese tomado una decisión de acuerdo a los parámetros de hoy, seguro andaríamos a caballo (aunque muchos piensen que estaríamos mejor),porque dada la realidad del centralismo actual, hubiese sido muy difícil aprobar en el congreso la inversión de construirla, dada la poca densidad de nuestra población y la poca efectividad de nuestros parlamentarios. 

Hoy en día la figura del gobierno regional es precaria ante la ciudadanía, con muy poca credibilidad;teóricamente debería ser un puente entre el gobierno y las comunidades, pero ambos viven en mundos paralelos, con objetivos diversos y adversos a la vez y todos sabemos que los puentes no escuchan, no hablan y menos representan. Con el tiempo los gobiernos regionales pasaron a ser meros buzones de la Moneda y no ha sido en vano que hayan pasado 25 años desde que se implementaron. Hoy podríamos decir sin riesgo a equivocarnos, que bajo el puente desde ese entonces mucha agua ha pasado y es innegable que las regiones han madurado en su fundamentación, entendiendo que la única manera de mejorar las condiciones de vida y crear sustentabilidad regional y que el país se encamine hacia un desarrollo consecuente, es que las regiones tengan la capacidad de tomar las riendas de su realidad y las responsabilidades y consecuencias que eso implica.

El 30 de diciembre del 2014 la presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de reforma constitucional, para hacer elecciones directas para elegir al Intendente regional y posibilitar gobiernos autónomos, avanzando el proceso de descentralización del cual se nos viene prometiendo hace décadas y muy especialmente por el actual gobierno de la Nueva Mayoría, entendiéndose académicamente y en forma práctica por el ejemplo que tenemos en los países desarrollados, que la descentralización es la única manera para que las regiones logren un desarrollo sustentable, entendiendo esa realidad como verdadera, se hace urgente otorgarles autonomía con determinación financiera y decisoria a las regiones, para implementar estrategias de desarrollo que vayan de acuerdo con las necesidades propias y con una mejor impulsión político,institucional, financiera y administrativa.

Bajo esta perspectiva es indudable que el desafío es enorme para las regiones de concretarse la intención, exigiendo un alto grado de concentración y de eficiencia a la hora de administrar y decidir los objetivos del desarrollo; la gran expectación que tendrán las comunidades ante el nuevo concepto será importante, por eso es vital para que la reforma logre su objetivo, que sea redactada en forma clara, sin ambigüedades, que en lo posible tenga un lenguaje coloquial entendible por todos y no tenga interpretaciones varias con un lenguaje rebuscado. 

Es relevante entender que si queremos salir airosos y que el cargo de intendente elegido bajo el voto popular sea auspicioso y represente un aporte al mundo regional por todo lo que ello implica, que no podemos caer en la misma lógica partidista de siempre, entendiéndose que eso es parte fundamental del desafío de lograr un gobierno autónomo, si no invariablemente volveremos a caer en los mismos vicios inherentes a los partidos políticos que tanto daño nos han hecho en Aysén en el último tiempo. 

No hay que ser muy sabios para entender cómo en la actualidad la maquinaria de los partidos políticos están en plena campaña por hacerse del cargo y eso en sí mismo es una negación ante la realidad que estamos viviendo como país con el desprestigio total de estas instituciones. No podemos aceptar que las mafias interdictas de los partidos políticos que centralizan la toma de decisiones y manipulan las regiones y sin tener representación, se hagan cargo de Aysén y tomen de asalto el futuro gobierno independiente regional. 

Los nuevos intendentes deben tener herramientas suficientes para llevar a cabo la tarea, no se puede permitir un gobierno paralelo representando a la Moneda y se debe contar con una financiación a la altura para cumplir como corresponde; nada de aceptar procesos paulatinos de menor a mayor o planes pilotos con plazos de 10 años para lograr el total. Cada región es autónoma, responde a realidades distintas y diversas entre sí, por ello deben hacerse las cosas bien y no a medias como suele suceder; de no ser así se corre el riesgo de caer en una barbarie regionalista sin precedentes, por la falta de una buena implementación y se use como excusa para derogar como suele ocurrir cuando los gobiernos pierden sus cuotas de poder en un formato presidencialista como el nuestro, porque descentralización es eso, pérdida de poder y quien tiene el poder no lo quiere perder. 

El mayor contrario de la descentralización son los gobiernos aunque digan lo contrario; por eso la importancia de trabajar con fundamento, tomando la opción con madurez, entendiendo la relevancia de la oportunidad histórica de conseguir definitivamente un Aysén para todos y no solo para algunos.



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