Los idiotas y la política - Columna de Andrés Gillmore

Los griegos llamaban “idiotas” a los que no se interesan en política, entendían que la política era la base de sustentación de las ciudades estados y que la política abarca todo lo que es inherente al ser humano desde lo básico a lo más sofisticado. 

Decir en la actualidad que se es contrario a la política es una postura radical y política, que no suelen saber aquellos que dicen no interesarse en política y dicen detestar; cuando una junta de vecinos se reúne para tratar temas comunitarios hace política; cuando una madre va al colegio a una reunión de apoderados está haciendo política; cuando se marcha por reivindicaciones se hace política aunque sea en contra de la forma de hacer política; incluso se hace política en el seno de las familias cuando se toman decisiones y se imparten normas. La política es el todo mismo de las relaciones humanas bajo un marco institucional aceptado, en ello sustentamos la proyección de futuro de lo que somos y queremos ser; el problema no está con la política, sí con los que hacen política.

Todo cambió en referencia a partir del golpe militar de 1973, cuando la política nos fue presentada como algo nefasto, culpable de todos los males y nos inculcaron con determinación que la política la ejercian los ociosos y los mal intencionados que no tienen nada mejor que hacer y que no les gusta trabajar. Discurso machacado por décadas a sangre y fuego por la dictadura militar, tanto fue así, que terminó entrando en la psiquis de varias generaciones de chilenos y su estudio fue totalmente erradicado de las universidades y considerado como el mal de los males y lo único realmente importante era orden, disciplina y progreso; baluartes del positivismo francés de Augusto Comte, que hoy no tiene cabida en el nuevo formato. 

Con la nueva democracia surgida en 1989 la política se hizo entre cuatro paredes, las directrices estratégicas fueron lideradas por ingenieros comerciales y expertos en marketing, hacer política se cambió a hacer economía, transformando la política en un producto de consumo y de paso decidieron que lo mejor para la ciudadanía era que no entendiera, que no se involucra, que lo único exigible era que votaran cada cuatro años, porque el modelo debía tener un aura democrática lógica de acuerdo con los nuevos tiempos. Entendiéndose que los que tienen la verdad y la visión de futuro eran los políticos y eso de tener una democracia participativa y descentralizada es incómodo; una cosa es ofrecerlo para ganar votos y detentar el poder, pero una muy distinta era hacerla realidad. Las nuevas generaciones que se quedaron en Chile, no se hicieron parte del proceso al ser ignorantes en el tema y los que hicieron política fueron los mismos que habían sido derrocados en 1973.

En la actualidad esta visión con que se administró el país por tantos años ha comenzado a trastabillar y desvanecerse, su proceso de reversión esta iniciandose, a pesar de los grandes costos y conflictos sociales que conllevan, que son en sí mismo una muy buena noticia para una ciudadanía que ha entendido finalmente, que las irregularidades con que se había venido administrando el país, habían sido influenciado por las redes del poder económico internacional, hipotecando despatriadamente la forma de legislar y gobernar, sustrayendo la proyección del país en toda su expresión.

Aysén no se está lejos de estas terribles circunstancias y no somos ajenos a las vicisitudes nacionales; como territorio hemos vivido en carne propia la intromisión territorial, al haberse despertado el interés de las multinacionales por desarrollar proyectos energéticos, mineros y salmoneros en nuestra región, por nuestras potencialidades ambientales y los recursos naturales inherentes a nuestra región, que incluso como ocurrió con HidroAysén nos dividieron como nunca lo fuimos.

No hay duda que la única manera efectiva de iniciar un cambio real en temas de desarrollo y consolidar estrategias que de verdad permitan avanzar y no estancarnos, pasan indudablemente por mejorar la representación parlamentaria, que en la actualidad lamentablemente no responde con los intereses reales de la región. Ante esta realidad es imprescindible renovar la representación, porque sencillamente no está haciendo el trabajo como corresponde y de acuerdo con los intereses regionales. Todos nuestros parlamentarios responden a intereses externos, produciendo una descompensación entre los intereses de los parlamentarios y los de la región. 

Un ejemplo claro de esta dicotomía es el tema de la pesca artesanal, del cual dependen muchas familias del litoral que son una parte esencial del desarrollo la región; todos nuestros parlamentarios votaron a favor de la nueva ley de pesca, que destruyo la actividad para beneficiar a los grupos económicos, tanto es así, que hoy se está pensando en derogar la nefasta ley, ante la inmensa cantidad de pruebas que han empezado a hacerse públicas, que constatan fehacientemente cómo los industriales pesqueros habrian realizado suculentos depósitos a nuestros parlamentarios para que aprobaran la ley. 

Los pescadores artesanales no estaban a favor de esta destructiva ley, por algo iniciaron el Movimiento Social por Aysén, que en teoría todos los parlamentarios de Aysén apoyaron, entendiendo su objetivo y muy a pesar se hicieron los desentendidos, recibieron depósitos reservados para concretar este fin y votaron a favor de la ley en contraposición de lo que quería le región. 

Si de verdad queremos un cambio, es indudable que en las próximas elecciones para diputados y senadores del 2017, debemos tener la fuerza suficiente para cortar definitivamente con los actuales parlamentarios; entender que debemos renovar la plantilla y asumir conscientemente que los actuales parlamentarios no han respondido hidalgamente con los intereses de desarrollo de la región en los temas verdaderamente profundos que deben orientarlos.

Necesitamos poner en práctica un férreo control parlamentario, que sea más adecuado con los nuevos tiempos, contar con evaluaciones de desempeño para saber en realidad como trabajan nuestros representantes, conferir cómo votan en temas relacionados con los intereses de la región como medio ambiente, pesca, energía, desarrollo, minería, agricultura y ganaderia, en que proyectos de ley presentan alternativas y si son en temas relacionados con la región o se desvían en otros intereses, con transparencia total del actuar, con rendiciones semestrales en la región, mostrando el trabajo realizado y que bajo esos términos se sepa exactamente cómo votaran en leyes importantes para la región y sobre todo que las debatan antes con las comunidades.

Dejemos de ser idiotas.





Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo

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