LAUDATO SI, un grito a la conciencia - Columna de Dennis Jofré

El Papa habla fuerte y claro. Si algo nos ha enseñado es que el cristiano debe perder el miedo de hablar con verdad frente a la realidad que vive, es más, nos invita a asimilar una palabra que nos cuesta: “Parresia”

Bajo esta óptica se escribe “Laudato Si” la primera Encíclica de Francisco (La anterior, Lumen Fidei fue un proyecto iniciado por Benedicto XVI), su tema central, el cuidado de nuestra casa común.

El ser humano es parte de un todo llamado Creación, y desentenderse de ella es perder la esencia de lo que somos y seremos, desde allí el Pontífice comienza a hilar la intrínseca relación entre medio ambiente y humanidad. Desde el principio invita a la conciliación, al imperante dialogo que debe existir para construir nuevos puentes que unan a una humanidad herida y quienes tienen las herramientas para levantarla. Asumir como propio el clamor de lo creado para desde allí en un claro discernimiento encontrar lo que cada uno es capaz de aportar para generar un cambio.

Existe una débil reacción frente lo que hoy le pasa la humanidad ¿Y desde donde la Iglesia aporta para despertar las conciencias?....Las respuestas vienen desde el Evangelio de la creación. 

Una importante afirmación nos viene a nuestro encuentro, el Dios que libera y salva es el mismo que ha creado todo lo que existe. Desde allí se desprende entonces que sobre los creyentes recae una tremenda responsabilidad: Ser agentes concientizados en la gestión de un desarrollo sustentable y que ante todo vele por la dignidad que toda persona tiene. 

Animado entonces por esta certeza evangélica el Papa asume otro desafío, el mostrar con claridad donde está la raíz humana de la crisis ecológica, realizando un verdadero análisis de lo que estamos viviendo actualmente para desde allí comprender temas tan relevantes como el calentamiento global, la contaminación, la cultura del descarte, la cuestión del agua y por supuesto el deterioro de la calidad de vida del ser humano. 

Un excesivo antropocentrismo que nos está llevando a un “no me interesa” de todo el resto de las cosas es la fuerte denuncia de Bergoglio, el ser humano se ha ensimismado y ya no es capaz de mirar a su alrededor ni menos entender su justa posición en el mundo. La cultura del descarte nos afecta gravemente, todo lo utilizamos y después no existe, ya no sirve. La lógica del “uso y tiro” ha llegado a extremos tan fuertes que desde esta lógica se explica la explotación infantil, el abandono de los ancianos. 

Si ya nos parece fuerte el tono del Papa es bueno siempre entender que la intención es despertar conciencias, ya no podemos seguir así, es necesario actuar ahora desde una ecología integral, título que llevará su cuarto capítulo que por supuesto se ocupa del medio ambiente pero a la vez dándole el valor que el ser humano tiene dentro. Es imperante aprender a relacionarnos, entender que la naturaleza no está separada de nosotros y que no debe ser solo materia de unos pocos, sino asumida en la política, la economía y desde cada uno asimilándolo en lo cotidiano, en nuestro ambiente urbano. 

El dialogo es el camino. Los análisis, estamos claros parece que ya no bastan, ya no surgen efectos. El Papa aquí se mete de lleno en hablarles de modo franco, sencillo y directo a los líderes mundiales y sus políticas internacionales. Es imprescindible que la construcción de caminos concretos no se afronte de manera ideológica, superficial o reduccionista. Y con su tono habitual no teme formular un juicio severo sobre las dinámicas internacionales recientes: ''las Cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces''. Y se pregunta ‘‘¿por qué se quiere mantener hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo?”

Avanzando en las páginas de “Laudato Si”, se descubre el núcleo del documento, la raíz de la crisis cultural es profunda y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. La educación y la formación siguen siendo desafíos básicos: ''todo cambio requiere motivación y un camino educativo''. Deben involucrarse los ambientes educativos, el primero ''la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis''. Es tiempo entonces de apostar por otro estilo de vida, camino de conversión y el Papa va a más: ‘‘Ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social''. Es lo que sucede cuando las opciones de los consumidores logran ''modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los modelos de producción''

Como vemos, una carta que nos cuestiona, nos llama abrir los ojos y los oídos, para sentir con quienes sufren, para clamar con una naturaleza herida, para traer de vuelta al que ha sido excluido. Les he presentado una síntesis, donde claramente quedan fuera muchos aspectos relevantes, la tarea es ahora hacerla nuestra, avanzar por ella por los caminos de la Iglesia y de la sociedad toda. Francisco, una vez más nos sacude, sigue confiando en los hombres y mujeres que se la juegan por un mundo mejor y toda la humanidad, claro está….hace de “Laudato Si”, un grito a la conciencia.




Por, Dennis Jofré P.
Ex coordinador Vicarial de Pastoral Juvenil
Miembro del equipo de comunicaciones del Vicariato Apostólico de Aysén





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