Presos políticos de un congreso sin representación - Columna de Andrés Gillmore

El diputado Jose Manuel Edwards (RN) no tuvo el menor empacho de discursar por los medios hace algunos días atrás, que Jovino Novoa (UDI) jerarca y líder ideológico de la derecha era un prisionero político de la Nueva Mayoría. 

La frase quedó rondando en mi cabeza y sin querer entrar en detalles específicos del caso de Jovino Novoa, que por lo demás todo el mundo conoce. Me recordó que para mi generación que vivimos la dictadura en todo su esplendor, hablar de presos políticos es algo muy serio y vuelve a introducirme en el oscuro mundo que vivimos esos años y que es indudable que todos esperamos que nunca más vuelva a repetirse en Chile una situación como esa. 

Reflexionando sobre la frase del diputado Edwards y lo aplicamos a la realidad bajo una perspectiva netamente ciudadana que es desde la cual escribo, perfectamente podríamos revertir la frase y sustentar que los verdaderos presos políticos somos los ciudadanos, engrillados a una clase política que tocó fondo y cada día que pasa vamos encontrándonos con sorpresas que delatan que la forma de actuar de los congresistas de todas las ideologías y partidos políticos no ha sido la más adecuada y que muchos si no fuera por el fuero parlamentario estarian respondiendo ante la justicia como el señor Novoa.

Lo que apreciamos desde el mundo ciudadano y eso es lo que hace que la situación sea tan complicada con la visión de este lado de la vereda, es que al parecer nuestros parlamentarios no quieren hacer un país mejor para todos y la idea que estaría prevaleciendo, es hacer lo mejor por ellos mismos dejando de lado el futuro del país, con actitudes faltos de lógica y gratitud hacia quienes los han elegido, con una falta de sentido común inentendible en una casta que debería tener la capacidad de ver más allá y entender la seriedad del momento histórico.

El tema de los aportes reservados no es un tema menor bajo ningún punto de vista en todo este engorroso tema. El otro día un amigo algo enojado cuando conversamos sobre el tema, defendió vehemente los aportes reservados con ojos enturbiados y casi encolerizado, aseverando que todo es perfectamente legal y que no había nada que decir al respecto; pero la verdad no es tan así y muchos como mi amigo no ven el fondo de la temática y lo nefasto que ello ha significado para el país. 

Cuando analizamos el objetivo de la ley que permitieron los aportes reservados, tuvo como fundamento permitir que las empresas aseguraran representación en el congreso, estructura que les dio a las empresas la oportunidad de tener bancadas de representación propia y aún más representativas que los mismos partidos políticos, haciéndose factible hablar de bancadas de SQM,PENTA,CENCO, CORPESCA desvirtuando totalmente la manera de legislar. 

Lo que hace estructuralmente poco adecuado la forma y el contexto del aporte reservado, no es el aporte propiamente tal, si el carácter reservado, al no transparentar la información al público como ocurre en los países miembros de la OCDE. Si fuesen aportes transparentes y por ley el parlamentario no pudiese votar en leyes que se relacionen con la empresa que realizó el aporte, no sería un problema tan grave como lo es en la actualidad. El carácter reservado lo hace altamente pernicioso por las implicaciones legislativas, creando la posibilidad cierta que nuestros parlamentarios puedan ser manipulados sea muy alta y como ha quedado demostrado en los últimos meses. Además estos aportes no son solo posibles en temporada de campañas como muchos creen, pueden hacerse en cualquier periodo de tiempo y no son tan reservados como nos quieren hacer creer. Las empresas lógicamente a través de sus lobistas se encargan de hacérselos saber de mil maneras a los parlamentarios.

El presidente del senado Patricio Walker (DC-Aysén), ha salido a la palestra con la propuesta de constituir una comisión de ética y probidad en el congreso para ver estos temas; pero todos sabemos que es complicado pedir que ellos mismos se fiscalicen, es ilógico y fuera de contexto, sobre todo si ya existe una comisión con ese objetivo que poco y nada ha hecho para que no ocurran irregularidades. Si el presidente del senado de verdad quiere solucionar el tema y no quedar solo en el discurso como ha sido la característica del congreso en estos temas, corresponderia a mi parecer crear una Superintendencia de Ética y Probidad, independiente, con autoridad y plenas capacidades de gestión, fiscalización y punición para aquellos parlamentarios que incurran en delito. Con ello no tengo dudas que se terminarían un gran porcentaje de estos delitos.

La renovación parlamentaria ha dejado de ser en la actualidad una intención y se ha transformado en una necesidad de sobrevivencia para el país y que definitivamente el congreso pueda cumplir con su rol legislativo como corresponde en representación de la ciudadanía que los eligió. Lamentablemente hemos llegado a un punto de no retorno histórico que no debemos desaprovechar bajo ningún punto de vista, si queremos tener una oportunidad para arreglar el entuerto. Cuando el vínculo soberano del todo fundamental de la confianza entre la ciudadanía y el mundo político se quiebra y no se repara a tiempo, es indudable que el caos y la anarquía pueden estar a la vuelta de la esquina.



Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo

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