Salvamos Tortel y destruimos la reserva nacional Las Guaitecas - Columna de Andrés Gillmore

El doble discurso entre estrategias de desarrollo y sustentabilidad siempre ha sido una realidad con la que hemos tenido que convivir inefablemente en Aysén, ante las diferentes políticas implementadas por el gobierno regional a instancias de la Moneda. Todas las actividades realizadas por emprendedores regionales como ganadería, agricultura y turismo, dependen de una u otra manera de la calidad medioambiental de sus territorios para proyectarse; pero a pesar de toda esta realidad, ningún gobierno ha querido hacerse cargo de este concepto en la región y siempre se ha tenido que convivir con el doble discurso en este sentido. Discurso que por lo de más en la actualidad es incompatible con las necesidades reales de las comunidades. 

Es indudable que el medio ambiente prístino de la región y único a nivel nacional y como pocos a nivel planetario, es un plus para cualquier producto que se produzca en la región y de cualquier servicio que se preste, marcando una diferencia muy propia de lo que somos, queremos ser y debemos proyectar si queremos salir airosos ante los desafíos del futuro, sobre todo si tomamos en cuenta que lo estamos haciendo desde un país que literalmente se esta cayendo a pedazos medioambientalmente. 

Por esas cosas del destino, lo tras mano de nuestra ubicación geográfica que en un pasado nos jugó tan en contra, hoy nos permite tener la posibilidad de marcar una diferencia importante como región y tener un plus inmejorable para desarrollarnos, proyectar el futuro y marcar una diferencia importante con el resto de las regiones. 

Cualquier carne que certifique su procedencia desde un territorio libre de contaminación, con manejo orgánico como lo hacemos en Aysén, es un plus magnífico de proyección sin igual al mercado nacional e internacional con la denominación de origen que poseemos; lo mismo sucede con los productos agrícolas que tenemos en la actualidad; como un gran ejemplo estan las cerezas de Chile Chico, muy bien recibidas en Estados Unidos por su calidad, su plus medioambiental y orgánico. 

Para que hablar del turismo de intereses especiales entonces, es más que obvio que la actividad depende totalmente de su certificación ambiental como territorio. Sería imposible proyectarlo y sustentar la actividad, si no tuviésemos el plus ecológico como base de desarrollo para la actividad turística. Además es un hecho de la causa que debemos comprender que la producción que necesitamos pasa necesariamente por la calidad y no por la cantidad como ocurría en el pasado, que fue lo que a fin de cuentas no nos permitió competir en el mercado internacional ( lease lana y vacunos para faenación).

Por otro lado tenemos las actividades sustentadas con capitales foráneos como lo son la salmonicultura y la minería preponderantemente; actividades que siempre han tenido como denominador común un pésimo manejo medioambiental. Las dos mineras establecidas (Mañihuales y Cerro Bayo) tienen actualmente serios problemas en este sentido y ampliamente conocidos por las autoridades regionales, pero siempre se las han ingeniado para sortear a las autoridades con la salvaguardia de los gobiernos regionales, que le cuidan las espaldas y hacen la vista gorda ante las innumerables infracciones que cometen hacia el medio ambiente para hacer más rentables sus producciones.

Con la salmonicultura pasa lo mismo, siempre se han caracterizado por hacer caso omiso del medio ambiente, no dudan en operar con serias anomalías para sacarle aún más rentabilidad a la actividad y al parecer a nadie en el gobierno regional le importa, tanto es así, que con el pasar de los años han contaminado los fiordos del mar interior de Aysén con niveles fuera de toda lógica y que en años pasados se destruyeron a sí mismos, al no saber controlar el virus Isa, por el mal el uso de antibióticos. 

Cuando las autoridades regionales nos representan fuera de la región y lo he podido constatar in situ, no dudan en vanagloriarse de los maravillosos y prístinos paisajes con que contamos; discursan que el turismo y la sustentabilidad ambiental es el presente-futuro por el cual la región trabaja en la actualidad. Que Aysén es una región con capacidad de proyectarse al futuro sin perder su esencia cultural, social, geográfica y ambiental, gracias a su su gran calidad escénica única a nivel planetario. Pero cuando llega el momento de decidir el discurso de la sustentabilidad ambiental se olvida totalmente.

Sernatur invierte todos los años decenas de millones de pesos para promover el turismo regional. Las campañas son potentes y de alto impacto; es común encontrar en el metro de Santiago hermosas gigantografías con paisajes ayseninos. Se invierten importantes fondos para la participación de empresarios y emprendedores regionales en ferias de turismo por el mundo afuera, que precisamente fundamentan sus servicios en la calidad escénica y ambiental de la región. 

El director de Sernatur Aysén recorre el mundo con magníficas fotos de nuestros glaciares, ríos, lagos y bosques dando a conocer nuestra bellezas escénicas. En el último tiempo se han traído importantes certificadores europeos en servicios turísticos, para dictar charlas y cursos a nuestros emprendedores, para que por ese medio podamos mejorar los servicios y ser más competitivos en el mercado mundial. Pero cuando llega la hora la hora de defender la pristinidad de la región Sernatur peca por su ausencia y es como si no existiese.

En la actualidad existen una gran cantidad de fondos concursables a disposición de los ayseninos con la posibilidad de postular a diversos proyectos de desarrollo, donde es facil constatar que la mayoría estan orientados hacia el turismo de intereses especiales; haciéndose innegable que todos los municipios de norte a sur de la región están orientados hacia el turismo como forma de proyección futura y con ello tener la posibilidad de mejorar la calidad de vida de las comunidades y hacerse sustentables en el tiempo. 

El turismo hace mucho rato que dejó de ser el futuro de Aysén como le tocó vivir a mi generación; en la actualidad se transformó en un presente que debemos cuidar. Cada día aumentan los visitantes y es indudable que las temporadas son más extensas que en el pasado reciente. Incluso desde hace un par de años a la fecha existe mucho interés por visitar la región en invierno para disfrutar las actividades propias de la temporada. Pero aún a pesar de toda esta realidad, no hemos tenido la capacidad de desarrollar a nivel regional, una estrategia de desarrollo con un fundamento político, que nos asegure el buen manejo ambiental en cualquier actividad.

El reverso de la medalla y en total contrasentido por defender la región de los malos manejos ambientales, existen los intereses creados que siempre están pretendiendo usufructuar de los recursos naturales de la región y están a diario al acecho de nuestras debilidades y no tengo duda alguna que si les fuese posible dejarían la región como un cuesco, (porque eso demostraría lo eficientes que son). Siempre están trabajando por descifrar las grietas del modelo y lograr sus objetivos por medio del lobby con el gobierno regional y nacional. 

Con esto no quiero decir que la región debe cerrarse a actividades como la salmonicultura y la minería, en ningún caso pasa por eso; sino simplemente dejar claro que si queremos proyección y sustentabilidad regional, debemos tener la capacidad de respetar el medioambiente, trabajando con respeto hacia las comunidades, entendiéndose que la región es de todos y no solo de algunos. 

Una clara muestra de cómo los intereses creados continúan operando y no trepidan en hacer de las suyas, es constatar cómo nuevamente el gobierno regional a instancias de la Moneda, posibilitó que los salmoneros a pesar de todo el daño que le han causado a la región en los fiordos, se apoderaran la semana pasada de 41 nuevas áreas de cultivo en una Reserva Nacional como lo es la de Las Guaitecas y todo esto sin hacer una consulta ciudadana en las comunidades implicadas; sin presentar estudios de factibilidad ambiental que corresponderian a una iniciativa de tal magnitud y lo que es peor, sin tener antecedentes cientificos que sustenten la aprobación. Todo esto con el aval del Estado.

Resulta complicado celebrar que Caleta Tortel se salvó de la intervención de la acuicultura en su mar interior, para que a la vuelta de la esquina tener que aceptar que intervinieran una Reserva Nacional como la de Las Guaitecas. Aysén es uno solo territorio, por ende como núcleo se merece respeto en su totalidad y la condicionalidad de la toma de decisiones no puede ser negociable bajo ningún punto de vista.

En fin lo que sí esta claro; que la Batalla por la sustentabilidad de Aysén aún no esta resuelta como muchos podrían pensar y que aún quedan muchas batallas por dar.




Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Asesor de proyectos de desarrollo



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