“Los sueños que naufragan entre falsas expectativas" - Columna de María José Rozas

Los países que comienzan a gozar de cierta estabilidad, suelen ser buenos prospectos para migrar. Hace algunos años Chile se ha vuelto atractivo en esta materia, no sólo para nuestros vecinos, también se ha vuelto una opción interesante para otros países de Latinoamérica y el mundo. 

Si bien la diversidad nos favorece en temas de multiculturalidad, inclusión social, y apertura ante nuevas costumbres y sabores, me parece importante preguntarnos: ¿Está Chile preparado para esta integración? ¿Contamos con una estabilidad económica, política y social, para ofrecer oportunidades reales de desarrollo a quienes ingresan y quienes viven en nuestro territorio actualmente? 

En lo personal, jamás he pensado que los inmigrantes vienen a quitar el trabajo de un nacional, por el contrario, creo en la libertad de las competencias. Sin embargo observo con preocupación como muchos inmigrantes y nacionales están en las calles del país implorando oportunidades laborales, y no cualquier oportunidad, buscan como todos, una “oportunidad digna de trabajo”. ¿Existe en un sueldo mínimo, dignidad de trabajo, para inmigrantes y nacionales? 

Lo anterior, se complejiza en el momento que vemos a inmigrantes llegando con la ilusión de una “oportunidad”, la cual debe ser entendida como la circunstancia favorable que se da en un momento adecuado u oportuno para hacer algo… ¿Cuántas ilusiones mueren en el camino, al darse cuenta que no existen esas “circunstancias favorables” no sólo por la falta de trabajo, también por las inexistentes condiciones de inmigración integradora y faltas a la realidad, sobre que lo que puede ofrecer un país? 

Hace casi un año, asistí a una conferencia que se enmarcó en este tema; convocando a “jóvenes y no tan jóvenes promesas” que aún estaban en época universitaria. Había un variado, y sin fin de posiciones frente a la inmigración: por una parte, los que estaban totalmente contra de abrir las puertas de Chile, afirmando un apocalipsis total, creyendo que sólo los chilenos debían ser los beneficiados de este bello país; y en otra vereda, quienes estaban totalmente abiertos a integrar a todos aquellos que desean ingresar al país, enunciando que “la tierra es de todos, no más guerras ni más fronteras”. Todas estas futuras promesas, no se acercaron ni en su más mínima expresión a un punto en acuerdo, donde lo primero, y razonable, habría sido generar una mejora a la política pública de inmigración, saber si existen condiciones y espacios para integrar a quienes ingresan al país, evitando concepciones erróneas sobre las posibilidades que brinda Chile, y claramente sin cometer actos inequitativos con quienes ya son parte del territorio. Si bien la conferencia no llego a consenso, si permitió la germinación de dardos entre los asistentes, terminando en descalificaciones tildadas de “fascista - comunistas”… ¿y de la inmigración y sus oportunidades?, bueno, de eso nada o muy poco.

Hace unos días, la inmigración ha tocado fuerte en los medios nacionales, haciendo eco, a la voz internacional. Todo a raíz de un pequeño de tres años, encontrado en las orillas de una playa de Turquía. Este niño, fue una de las doce víctimas de una embarcación con 30 personas, que buscaban una oportunidad fuera de la “Primavera árabe”. La imagen de este pequeño niño, Aylan Kurdi de origen kurdo-sirio, fue comentario obligado, desde grandes políticos a simples conversaciones de pasillo. Sin embargo, y en forma personal, lo que me causo impacto, fue la pregunta de quién fuera el padre del pequeño: “¿de qué sirve ahora que se me ofrezca el mundo entero?” Esta sincera y clara pregunta, no ha generado el mismo interés que la foto de su hijo a orillas del mar, y tal como ha ocurrido en años con el conflicto en medio oriente, el mundo ha cerrado sus ojos, echando al olvido la pregunta de este padre. Curiosamente surgen manifiestos de “libertad”, “oportunidad”, “igualdad”, y claramente el invitado estrella: “Derechos Humanos.” Ante tanta arenga, interesante, para los “desinteresados líderes políticos” de éste y otros países, que no han desaprovechado la oportunidad de comentar ante las luces de tan concurrido escenario, sobre todo, si internamente el país que gobiernan, adolece precisamente de “libertades y oportunidades”. Por ello, este carro de la justicia, envuelto en una foto que recorrió el mundo, fue altamente cotizado por gobiernos como el Chileno, y curiosamente el Venezolano, generando un sinfín de dudas. ¿Puede un país que está fuertemente cuestionado por el trato a sus ciudadanos, ser capaz de recibir personas que buscan “circunstancias favorables” cuando su propia población adolece de ellas? ¿Es posible dotar de condiciones favorables, cuando tu país comienza a probar la amarga desazón de la inflación, el desempleo y la falta de inversión? ¿Puede ofrecer seguridad, tranquilidad y estabilidad un país cuya seguridad se está volviendo un problema inmanejable?…

Sin mayores análisis, Chile ha manifestado que podría beneficiar al menos 50 familias provenientes de Siria, claramente este anuncio no tendría origen, sin las imágenes de Aylan Kurdi. Este beneficio nacido en el fervor de la falta de “calidez humanitaria” y de lo importante que es brindar “Seguridad” y claramente fortalecer una democracia basada en los “Derechos Humanos”. Tal como en el citado seminario, el anuncio genera polémicas: algunos negándose a prestar ayuda, sólo por el hecho de no querer a otras culturas, y otros, viendo en esto una oportunidad de gestar nuevos movimientos, movimientos que últimamente el mismo Gobierno no ha sabido encausar. Mi preocupación ante esta medida, aparentemente nacida desde las entrañas del mundo, conmovidos por las imágenes de una guerra, que… días antes les era totalmente indiferente y ajena (ya que de haber sido una real preocupación, no habrían barcos naufragando en los mares…) radica en comprender, si nuestra apertura ante esta causa, es desinteresada y con condiciones adecuadas, o simplemente es un acto para desenfocarnos de los problemas que actualmente aquejan al país, entre ellos: “la seguridad”. ¿Puede Chile brindar condiciones de seguridad, estabilidad, y esperanzas a quienes nos miran como nueva tierra prometida? Somos un país que comienza a doblegarse ante la delincuencia, con parlamentarios que votan contra la seguridad de quienes trabajamos y luchamos por oportunidades de vivienda, trabajo y dignidad humana, apoyando a delincuentes “víctima de las circunstancias, ante quienes hemos obtenido más por nuestros esfuerzos, y malignamente no les ofrecemos al menos la mitad de nuestros salarios”, razón por la que nuestros parlamentarios consideran que merecen mayor protección que el resto de los ciudadanos, permitiéndoles entrar sin impunidad a nuestros hogares robando lo que por “derecho es de ellos” violentando nuestras familia, incluso asesinarlas en nombre de la injusticia social. ¿Puede este modelo brindar seguridad? ¿Tenemos las condiciones para brindar paz e integración en un país donde es más importante votar por conveniencias políticas que por convicciones? ¿Somos capaces de brindar seguridad para los nacionales y los inmigrantes que vienen arrancando de la inseguridad, en búsqueda de paz? ¿Chile tiene actualmente las condiciones y la educación suficiente para saber que la seguridad y estabilidad social no es algo que se exporta, si no algo que se gesta en el interno de la conciencia de cada cultura? ¿Tenemos las condiciones para ofrecer tranquilidad a quienes buscan en nuestro país oportunidades?

Sin duda, Chile es un país lleno de bondades, pero querámoslo o no, siempre es necesario un plan tras las buenas intenciones, después de todo no en vano está el dicho: “no sólo de buenas intenciones vive el hombre”. Los seres humanos necesitamos sentir seguridad y estabilidad para desarrollarnos, y con ello desarrollar aperturas hacia nuestro entorno. Sin duda, Chile se vería beneficiado con una buena política de cara la inmigración, sin embargo todo esfuerzo será vano, si no generamos las condiciones necesarias para fortalecer una política pública que ofrezca verdadera estabilidad, y que sea garante de buena convivencia. Chile debe abrir su puerta ante la libertad y la promoción de condiciones favorables para todos quienes viven o vivirán en su territorio. Esta apertura debe estar basada en estudios que aporten a la realidad, sin doble discurso ante los carroñeros acontecimientos noticiosos, para ocultar otras debilidades internas. 

No podemos permitir a un país ofrecer sueños que no podrá cumplir, pues es jugar con las expectativas, lo que da como resultado insatisfacción, y todo país que ha generado alta insatisfacción termina en un caos social. No permitamos que Chile sea escenario para ver sueños ahogados a orillas del mar, suscitemos la generación de buenas políticas públicas de inmigración que favorezcan la integración, donde todos ganen, donde todos puedan co-crear condiciones de crecimiento. 





Por, María José Rozas Z.
Administrador público
Cientista político


Chelenko Noticias
Compartir en Google Plus

Sobre El Chelenko

Desde nuestra agencia, Chelenko Comunicaciones, realizamos asesorías periodísticas, asesorías comunicacionales, nos especializamos en el posicionamiento de marcas, generación de contenidos y administración de redes sociales, además de difusión de publicidad en nuestro medio.