Democracia sin renovación es anti democrática - Columna de Andrés Gillmore

Quién lo diría con un mundo político desprestigiado y sin representación, nuevamente empezamos a ver cómo la maquinaria de los partidos políticos ha empezado de nuevo a vomitar candidatos para las próximas elecciones municipales y resulta increíble constatar, cómo una vez más quieren seguir haciendo como que aquí no ha pasado nada y tendremos que enfrentar todo un 2016 con partidos políticos en campaña, alejándonos de temas importantes y lo que es peor, con los mismos de siempre haciendo de las suyas por continuar en el poder. 

Por todas estas razones es de importancia vital que el mundo ciudadano tenga la capacidad de votar responsablemente en esta ocasión, no elegir a los mismos de siempre y entender que esto no tiene nada que ver con ideologías de ninguna especie, entendiéndose que lo único que importa es la región, su futuro y su sustentabilidad. Los partidos políticos llamados tradicionales no responden a los intereses de las regiones, si a los intereses del centralismo, lo que hace que por naturaleza trabajen con visiones de desarrollo que no son propias de la región y eso en Aysén es fácil de constatar y la única manera de corregir esa realidad es por medio del voto responsable y con conocimiento de causa. 

El desprestigio del mundo político no tiene nada que ver con la política en sí mismo y lo que representa en democracia;el desprestigio es producto principalmente de la incapacidad por parte de los partidos políticos, de no saber renovar las propuestas que aseguren la re-democratización y la evolución de las ideas de un modelo de desarrollo. Democracia sin evolución irremediablemente cae en el inmovilismo estructural, perdiendo la intención de entregar oportunidades de producir nuevos liderazgos y formatos realista con representatividad y que estos aprendan a relacionarse con la ciudadanía.

El mundo ciudadano en la actualidad esta mucho más exigente que en el pasado reciente al tener información en tiempo real, obligando al mundo institucional a tener que enfrentar constantemente nuevos desafíos en formas y protocolos de transparencia; entendiéndose que hoy es mucho más relevante tener un compromiso real ante la comunidad, ser honesto, ético y con sentido común, que ser de una familia con legado político, tener estudios universitarios, capacidad económica para la participación en política o que un partido político solvente la candidatura. 

En la actualidad los valores morales de los procedimientos sociales, se han transformado en la base de sustentación de cualquier candidatura, haciéndose imprescindible si queremos sanar nuestra alicaída democracia y la percepción que tenemos de nuestros políticos, tener la capacidad de reconocer esos valores y apoyarlos. Es imperioso contrarrestar la percepción que la política esta al servicio de los intereses particulares o de ambiguas ambiciones personales, entendiendo que la política esta fundamentalmente al servicio del país y de su ciudadanía.

El desencanto que en la actualidad se tiene con la política, responde más que nada con lo que puede entenderse como la crisis suprema de la representación institucional; todas cuentan con un denominador común, codicia por adjudicarse poder; crisis que esta en nuestra sociedad desde hace décadas y que en los últimos ha quedado en evidencia ante la llegada de los nuevos paradigmas informativos y comunicacionales a través de las redes sociales. En la actualidad los vínculos entre la ciudadanía, (que es soberano en democracia), no están representados como corresponde y aplicable en ambos bandos de la ecuación. Cuando los políticos miran en menos a los ciudadanos y los ciudadanos no confían en sus gobiernos y parlamentarios, es el principio del fin si no se enfrenta.

Esto no quiere decir que todo sea negativo; bajo el punto de vista global podríamos decir que en la actualidad la realidad es más positiva que negativa, porque vivimos lo real y no lo ideológico- fantasioso del pasado y la oportunidad de remediarlo, sobre todo bajo el punto de vista de las nuevas generaciones, que tendrán en un futuro no tan lejano una sociedad más justa, equilibrada, armónica y sustentable en todos los aspectos.

En la actualidad la gran esperanza de renovación, es que de una manera u otra tengamos la capacidad de renovar la forma de hacer política y la capacidad de cambiar rápidamente el paradigma y eso pasa necesariamente por cambiar la base del problema, que no es otro que cambiar los ejecutantes políticos, sobre todo aquellos que llevan demasiado tiempo y como es normal y lógico, con el tiempo han traído un sin número de problemas de forma y protocolos de trabajo, que han producido el estancamiento de las ideas y del modelo mismo de desarrollo con el inmovilismo. Las leyes, normas, reglamentos que rigen las estructuras de nuestra sociedad, hacen parte de un pasado que se ha ido estancado por los intereses creados. El problema esta fundamentalmente en los que aplican el fundamento y por ello necesitamos una renovación real en quienes aplican. No sacamos nada con desangrarnos por años para conseguir una nueva constitución, si quienes la aplicaran son los mismos de siempre.

La verdadera renovación política es una consigna que en la actualidad ha pasado ha inundar los discursos progresistas de muchos candidatos que están esperando su oportunidad. Es indudable que en las próximas elecciones los titulares de los diarios y las apariciones televisivas de los diferentes candidatos apelaran a la “renovación” y se tornara algo tan natural y tan cotidiano, que encerrara otro problema ante el uso creciente del vocablo, que se verá manipulado y puede perder la esencia de lo que realmente esperamos que represente el interés verdadero acerca de lo político y sus mutaciones contemporáneas de lo que verdaderamente significa renovación política.

Los partidos tradicionales se apropiaran de la consigna y la autodesignación de candidatos como “renovadores” no serán una novedad y formarán parte de una forma de hacer política, que todo el tiempo hará uso extendido de una supuesta “renovación” y será evocada ampliamente y constantemente, propagándose a todo el seudo mundo político y en aquellos que no tienen nada de renovadores y que solo se esconden bajo el vocablo.

Aquellos que se consideran parte del sentido común democrático de la nueva forma con la que debemos hacer política, deben leer bien las intenciones de esos candidatos que supuestamente dicen ser renovados. La universalización y la naturalización de lo que entendemos como “renovación”, comenzará a diluirse en el sentido más puro ante la necesidad de la búsqueda de una verdadera renovación por parte de la ciudadanía; que en consecuencia si no tenemos la capacidad de reconocer la verdadera renovación, terminará por “no significar nada”, ante la flexibilidad que se le dará a su significado en el discurso político y la imposibilidad de no poder fijar su significado como verdaderamente es; que no es otra cosa que entender el carácter supremo de lo que consideramos renovación.




Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo



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