Apuntes de un poblador de la cuenca del Baker sobre Tompkins - Columna de Andrés Gillmore

Es indudable que después del trágico deceso de Douglas Tompkins es políticamente correcto hablar bien de él y sumarse a su legado. Personalmente creo que no hay nada que pueda ser más sospechoso como una persona que le cae bien a todo el mundo y que adapta su discurso de acuerdo al escenario donde se encuentra, lo que llamamos en Aysén “ un moneda de oro”. Tompkins en este sentido siempre fue claro en sus puntos de vista, nunca pretendió esconder sus intenciones, podrías estar de acuerdo con el o no pero sabías a qué atenerte con él. En el mundo rural de Aysén respetamos a los que viven con convicciones y se atiene a ellas, a pesar que muchas veces no estés de acuerdo con ellas, sin apelar a falsos estereotipos como suele ocurrir tan a menudo en la actualidad en un mundo que a decir verdad es difícil creer en alguien y lo único que pedimos es honestidad. 

Douglas Tompkins se afincó en Aysén a principios de los años 90, cuando recién había entrado en operación el tramo sur de la Carretera Austral Sur, que definitivamente unió toda la región y se concretó el gran anhelo de los colonizadores y dio paso a otra era en Aysén. Personalmente no conocí muy profundamente a Douglas Tompkins, solo en calidad de vecino de la cuenca del Baker, cuando tomó posesión del Valle de Chacabuco lo que es hoy Parque Patagonia y habernos encontrado en un par de reuniones de Patagonia Sin Represas en Coyhaique. La única vez que tuvimos la oportunidad de profundizar una conversación, se dio por pura casualidad en el aeropuerto Comodoro Arturo Merino Benítez de Santiago en la sala de embarque; nos reconocimos entre la multitud esperando que dieran el visto bueno para embarcar. La espera se alargó más de lo presupuestado por un par de horas esperando que el volcán Caulle nos diera la pasada y tuvimos la oportunidad de hablar con tranquilidad. Lógicamente el tema no podía ser otro que HidroAysén y sus implicaciones.

Ese final del 2011 estábamos en el auge de la batalla en contra de HidroAysén y lógicamente el cómo estadounidense y yo como chileno, teníamos visiones diferentes de cómo debían hacerse las cosas en Patagonia Sin Represas, aunque teníamos un objetivo en común, salvar Aysén de las grandes transnacionales y hacer de la región un territorio sustentable. Lo que me quedó claro en esa conversación es que teníamos más cosas en común de lo que pensaba y que mucho de lo que se decía por los medios era una simple manipulación de los intereses creados, que el supuesto Plan Andinia y que él representaba intereses israelíes era una mera ilusión confabulada por HidroAysén. Porque a decir verdad en un mundo tecnológico como el actual, con el Wikileaks haciendo de las suyas en ese entonces, hasta ahora nadie había presentado pruebas que fuera verdad lo que se decía; hubiese bastado una simple foto aérea de las supuestas construcciones clandestinas que decían existían en Pumalín para haberlo dejado en evidencia. 

En mi calidad de secretario de la Corporación Costa Carrera, (Asociación de empresarios turísticos del lago General Carrera) por 12 años y poblador de la cuenca del Baker por 27 años, la llegada de Douglas Tompkins a la región no pasó desapercibida a pesar de la distancia, cuando llegó al sector de Chaitén y desarrollo el proyecto conservacionista del Parque Pumalín y luego cuando llegó a kilómetros de mi casa de Puerto Guadal al Valle de Chacabuco. 

Como en todo orden de cosas en un país tan manipulado como el nuestro por los intereses creados, desde siempre se han venido estableciendo teorías que no coinciden con la realidad y lo que es peor, sin tomarse en cuenta el escenario político y social que vivíamos en ese entonces en Aysén cuando llegó Tompkins a la región. La gente olvida que Aysén sólo se reconoció a partir de 2011, cuando las multitudes marcharon por la Alameda en contra de HidroAysén para salvar Aysén de sus garras y cien mil gargantas gritaron PATAGONIA SIN REPRESAS y cambio Chile para siempre, antes que los estudiantes salieran a la calle a reclamar por sus derechos. Antes poco se reconocía el valor escénico, ambiental y cultural de Aysén; se lo veía como un territorio insignificante y sacrificable en todos los aspectos, por la ignorancia del centralismo que querian intervenirla con proyectos poco sustentables. Deseos que indudablemente Tompkins vino a complicar con su fundamento y presencia. No olvidemos que la Carretera Austral se construyó para que pasaran tanques y tropas ante un posible conflicto bélico con Argentina en la década de los ochenta. La Carretera Austral no fue producto de una estrategia de desarrollo por parte del Estado; casi toda ella (salvo algunos tramos) fue construida por el Cuerpo Militar del Trabajo (CMT). Si en democracia hubiésemos tenido que pedir financiación al congreso para su construcción, seguramente andaríamos a caballo todavía.

Pocos saben que en los años noventa cuando llegó Tompkins, Aysén vivía una profunda crisis existencial bajo el gobierno de Patricio Aylwin, cuando se decidió unirnos al MERCOSUR, con ello quebró toda la industria textil chilena, desestabilizando el que hacer regional, que se sustentaba históricamente desde la colonización en la ganadería, con la venta de lana a la industria nacional: Oveja Tome, Yarur, Summar, Irmás, etc, y la venta de ganado bovino en pie para faenación. Para que se tenga una idea de la magnitud de lo que sucedió: el kilo de lana en 1991 se vendió a 820 $ el kilo; en 1992 a 220 $ el kilo, en 1993 no hubo precio y la lana quedó en bodega. En 1993 además se tipificó la carne por el mismo tratado, permitiendo la entrada de carne faenada desde Brasil, Paraguay, Argentina, liquidando la venta de ganado vacuno en Aysén, que en ese entonces se vendía a Frigoríficos y supermercados de Santiago y el colapso fue total.

En ese escenario llegó Douglas Tompkins al sector de Chaitén en el límite de Aysén con la región de Los Lagos, encontrándose con pobladores dejados totalmente de lado por el Estado chileno que no los quiso ayudar, sumidos en una pobreza incipiente comiéndose el capital y sin ninguna proyección de vida al cual aferrarse. Cuando se dijo que un “gringo” compraba campos, los pobladores no tuvieron otra alternativa que ofrecer sus predios como única alternativa de sobrevivencia. No olvidemos que en esos años el disgusto hacia el gobierno de Aylwin era profundo; literalmente había regalado Laguna del Desierto a los argentinos, por simple desidia de no saber reconocer la región y protegerla como era su deber. 

Tompkins a decir verdad lo único que hizo fue llenar el vacío que había dejado el gobierno y obro como el modelo económico neoliberal permitía, compro todo lo que le interesó a precio de mercado. Indudablemente los pobladores vendieron con dolor, muchos nunca se recuperaron de la pena, pero no había otra salida en ese entonces, pero muchos consiguieron trabajo en los mismos predios que vendieron a Tompkins, calificación y por sobre todas las cosas tuvieron esperanza de un futuro mejor y nadie fue presionado a vender como algunos seudos políticos han dicho por ahí. En Aysén eso es impensable, dado el carácter y la cultura en la que se sustentan los pobladores.

Cuando la colonización belga dueños del Valle de Chacabuco puso en venta el predio, lo hizo precisamente por la crisis terminal de la ganadería. Desde hacía mucho venían trabajando con fuertes pérdidas por décadas y eso lo sabíamos todos que nos dedicamos a la crianza. La calidad de las tierras del Valle de Chacabuco no son buenas para la ovejeria donde predomina el coirón, pasto de baja calidad vitamínica y muy duro, más que nada producía por la gran extensión (cerca de 85 mil hectáreas). Por oveja la producción nunca pasaba de 2 kilos por animal, cuando lo normal es 4 kilos en los predios de mejores empastadas de pasto ovillo y miel. Masticando coiron las ovejas pierden la dentadura en 3 años y había que darlas de baja. Si a eso le sumamos la baja calidad de la lana en el competitivo mercado de este producto, la falta de precio del mercado, era indudable que la ecuación era mala. Lo que finalmente decidió la cuestión de la venta de Valle de Chacabuco, fue el cobro de contribuciones atrasadas por más de veinte años, que finalmente obligó a tomar la determinación de vender y lo más rápidamente posible. 

Pocos saben que en una primera instancia quien compraría el Valle de Chacabuco fue el grupo Ariztía, que había ofrecido más que los empresarios Eliodoro Matte,José Yuraszeck y José Antonio Guzmán. Aysén es una región donde todos nos conocemos, sobre todo en esos años donde el espectro era mucho menor que en la actualidad. La venta del predio era un tema que se debatía a todo nivel en la cuenca del Baker y les puedo decir con seguridad, que la posible venta al grupo Ariztia no era bien recibida por nadie, dado el perfil depredador del grupo y con burla decíamos que lo único que nos faltaba era que se criaran pollos en el Valle de Chacabuco y eso sería “yeta”=mala suerte y quien sabe mas. 

Cuando llegó la oferta de Tompkins por el predio se supo inmediatamente y muchos respiraron aliviados y fue la tabla de salvación de los Belgas, porque no tengo dudas que no querían venderle al grupo Ariztía y que solo lo harían por necesidad y no querían pasar a la historia como los que destruyeron el Valle de Chacabuco. Después se supo que lo que decidió el tema en definitiva a favor de Tompkins, fue que al negociar se comprometió a desarrollar un parque y entregarlo posteriormente en comodato a Conaf Aysén, (unos años después Conaf no lo quiso recibir alegando falta de financiación), que decidió el cambio en el postor y que Tompkins adquiriese la tierra.

El predio se compró a puertas cerradas, con todas las ovejas y la venta que se realizó posteriormente de varios miles de ovejas, fue el proceso natural de ponerle fin a una forma productiva que dejaba pérdidas ante la falta de mercado de la lana, que fue precisamente lo que había originado la venta y la llegada del nuevo propietario. Nunca fue como se ha dicho por un capricho de Tompkins.

Un par de años después en plena batalla en contra de HidroAysén, indudablemente Tompkins tomó un punto de lideranza por su ideología de vida, su poder económico, sus enlaces con diferentes ONG y contó con la ayuda de la Corporación Kennedy y sobre todo por su experiencia personal en estos temas. Es indudable que sin el envión que le dio a la causa de una -Patagonia Sin Represas-, poco hubiésemos podido hacer un simple grupo de pobladores de la cuenca del Baker, ante los oscuros intereses de HidroAysén, sus millones de dolares y la portentosa nómina de políticos que tenía HidroAysén para defender sus intereses en el congreso y con el gobierno de turno.

HidroAysén debido a la lideranza de Tompkins, sobre todo en la primera etapa, lo reconoció estratégicamente como la cabeza de turco que necesitaban emblematicamente para darle nombre y apellido al objetivo; era poco rendidor ir en contra de los pobladores. Para ello invirtió mucho dinero para crear una campaña con ese fin a nivel nacional y en Aysén, en la cual Copesa y muchos políticos que estaban en la nómina de hidroAysén se pusieron a disposición inventando historias. Además financiaron asociaciones gremiales de pobladores en la localidad de Cochrane para desarrollar “seudos” proyectos de ayuda comunitaria, con la condición que específicamente atacaran a Tompkins y lo hicieran responsable de la muerte de la ganadería en Aysén y en especial la del sector de Valle de Chacabuco. La Asociación de ganaderos del Río Baker fue creada y financiada por HidroAysén con ese objetivo, para que discursaran que Tompkins presionaba a los pobladores para que vendieran sus tierras y otras barbaridades, tan ridículas como que traía leones africanos al sector para que se comiera las pocas ovejas que quedaban. 

Con ese propósito HidroAysén arrendo espacios radiales en radios de Aysén, crearon un programa semanal animado por la “seuda periodista María Irene Soto”, que en la actualidad es la flamante relacionadora pública de Metro S.A. (debe de ser por su amistad con Daniel Fernández) para difamar a Tompkins y todo aquel que fuese en contra de los intereses de HidroAysén, con el objetivo de justificar HidroAysén. Incluso entablaron una campaña en Aysén con el nombre de -Patagonia Sin Tompkins-.

Es indudable que la historia de Tompkins y sus fundamentos ha sido mal contada y manipulada por los intereses creados en los que interfirió, proporcionándole enemigos políticos de gran envergadura. Indudablemente no era una persona “moneda de oro” y nunca pretendió serlo. Algunas de sus actitudes sin tener claro el contexto político y social pueden ser mal interpretadas y la acusación que no quería la continuidad de la carretera austral en Parque Pumalín a decir verdad como chileno la considero injusta. Bastaba con haberle expropiado y punto, tal como lo hacen con cualquier chileno hijo de vecino que cae en esas circunstancias y pretende coartar el desarrollo del país. Como decimos en Aysén, “la verdad verdadera es una sola y la que al final se impone”.






Por, Andrés Gillmore.
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo

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