Navegando el Lago General Carrera - Columna de Andrés Gillmore

El lago General Carrera desde siempre ha sido una masa de agua peligrosa y para navegantes intrépidos y osados, o para aquellos pobladores que muchas veces por obligación no tuvieron otra alternativa que surcar sus aguas para transportar carga en los años en que no existía la Carretera Austral y navegar era una obligación. Ningún poblador en su sano juicio navegaba el Carrera por placer; los que vivieron esos años, le tienen un profundo respeto, ya que muchos pobladores se ahogaron en el. Todos los que habitan la cuenca del Carrera saben lo peligroso y lo cambiante que puede ser cuando arrecian los vientos huracanados y como en minutos llegan olas de hasta tres metros y según mi opinión, por momentos más peligrosas que las del mismo mar, al ser más tupidas y con una cadencia que puede ser abrumador.Con conocimiento de causa puedo decir, que más que un lago, el Carrera es un mar interior y no por nada es el lago más grande de Chile con 1850 km cuadrados. 

Cuando llegué al valle del río león en el año 1984, todo el transporte de carga y pasajeros desde Puerto Ibáñez al interior del lago hasta Puerto Guadal, se realizaba en la barcaza Pilchero. Recuerdo la embarcación el Transportador, que era administrada por la mina de cristal y los civiles la podíamos llamar para emergencias sanitarias. Era muy rápida y podía enfrentar cualquier temporal al estar completamente sellada. Les puedo decir que el viaje de 12 horas desde Puerto Ibáñez a Puerto Guadal y su respectiva vuelta en La Barcaza Pilchero, en sí mismo era una aventura, al enfrentarse los despóticos vientos huracanados en una nave sin aerodinámica, sin quilla y totalmente plana. Los pobladores sufrían con el constante bamboleo que les traía intensos mareos y en condiciones poco dignas en una nave que más que nada era de carga, con un solo baño. Muchas veces en pleno invierno le era imposible surcar el sector del Avellano por ambas costas y se veía en la obligación de pasar la noche en el puerto de Mallin Grande, para reanudar al amanecer. Muchas veces dadas las pésimas condiciones del lago, tocaba llegar a Puerto Ibañez pasadas las tres de la mañana y llegábamos a Coyhaique bien entrada la mañana con todo lo que eso significaba y si se transportaba lana o ganado complicaba aún más. 

En los inicios de la colonización y hasta que se puso en operación la carretera Austral sur en 1990, las aguas del Carrera fueron navegadas por los pobladores de una localidad a otra, transportando familias, leña, víveres, ovejas, vacunos y lana desde los predios a lugares de acopio después de las esquilas. Las travesías comúnmente se hacían en embarcaciones menores, botes de madera de ciprés de no más de 8 metros de eslora (largo), con mangas (ancho) de no más de 3 metros. Navegaciones que siempre tenían un alto grado de peligrosidad e incertidumbre y muchos pobladores por falta de conocimiento se ahogaron en estas travesías.

En las décadas del 30 al 60 del siglo pasado, las travesías se hacían a remo y los pobladores enfrentaban estas tormentosas aguas sólo con la fuerza de sus brazos, sin salvavidas, aunque todos sabemos que solo sirven para encontrar el cuerpo y nada más, ya que por la temperatura del agua, es poco el límite de sobrevivencia y sin que ningun poblador supiese nadar. A mediados de los años 60 llegaron los primeros motores fuera de borda y se hizo más “cómoda” la navegación, pero el peligro era el mismo. Mi suegro a quien no conocí murió cuando mi ex señora tenía 6 meses de vida (Adriana Vargas de Puerto Guadal); Carlos Vargas Reheners, poblador del valle del León, productor de lana, que fue uno de los primeros pobladores que tuvo motor fuera de borda en el Carrera. Se ahogó transportando 5 bolsones de lana a la Estancia Leones en el año 1965, al verse envuelto en una tormenta al intentar cruzar. Los restos de los tres embarcados más el de mi suegro, nunca fueron encontrados. Los restos de la embarcación fueron encontrados en la costa de Mallin Grande meses después.

La peligrosidad de las aguas del Carrera radica más que nada en su gran extensión que hace que el envión del viento sea muy fuerte y por sus límites. Al sur con campos de hielo norte y al norte con la república Argentina, donde el lago cambia de nombre a Buenos Aires. Al subir la temperatura en primavera y verano, la potencia de los vientos alcanzan más de 40 nudos al chocar con la masa de hielo, produciendo las descompensaciones, disputándose la supremacía con los vientos cálidos que llegan desde la pampa argentina, creando los famosos vientos huracanados, que luchan diariamente por predominar. El que llega desde campos de hielo norte se le conoce como “viento león” y el de la argentina se le llama “de afuera”. A veces ganando uno y otro día el otro; cuando entran en disputa en el corredor de lo que es el lago, se generen peligrosos golfos que fácilmente pueden hacer zozobrar una embarcación. Normalmente estos vientos arrecian cuando el sol comienza a calentar, aproximadamente desde las 11:00 y terminan cuando se pone el sol a eso de las 20:45. Si las tormentas son extremadamente fuertes, es posible que el lago quede con lo que se denomina “vuelo” y las olas continúen hasta bien entrada la noche y en la madrugada predomine lo que se reconoce como el efecto “tuba”; olas de cadencia baja de no más de un metro y medio de alto, pero muy anchas de 2 metros aproximadamente.

Me tocó navegar el lago Carrera desde que llegué al valle del león en 1984 como poblador y varias veces cruce desde la costa del valle a Puerto Guadal en todas las modalidades, remo, motor fuera de borda, con víveres especialmente y algunas veces al año trasladando a mi familia a la ronda médica. A caballo el trayecto a Puerto Guadal era de 8 horas y navegando solo de una hora y media, que a veces hacía que uno corriese el riesgo de navegar el Carrera si las condiciones estaban buenas. Cuando cruzaba desde el valle del León a Puerto Guadal y su respectiva vuelta en bote, nunca deje de aplicar el protocolo del poblador, navegar de amanecida cuando normalmente no hay vientos en primavera y verano, que es la norma de seguridad del poblador y que todo navegante en esa época del año debe respetar. En invierno por lo general por el frío no hay viento y si existiesen no son de consideración.

Todo cambio para mi a partir del año 1991, cuando tuve que cambiar de giro, pase de criador de ovejas y productor de lana y ganado vacuno y tuve que comenzar un emprendimiento turístico y dedicarme a trasladar pescadores especialistas en pesca con mosca y de arrastre, al río Baker, Leones, desde el desagüe del lago General Carrera al lago Bertrand. Tuve que aprender a navegar rutinariamente por ríos y lagos y todo lo que ello significa, al ser responsable de vidas humanas, hacerlo a diario y no solo un par de veces al año. Lógicamente tengo cientos de anécdotas que podrían llenar un libro. Muchas veces tuve salvadas increíbles, que pude sortear por cierta habilidad náutica adquirida y mucha sangre fría, o como muchos dicen o explican, porque sencillamente no había llegado mi hora todavía. Experiencias que me enseñaron que el destino la mayoría de las veces te marca a fuego y aunque uno no crea en él, es indudable que uno no puede adelantarse a los hechos o atrasarse a la hora que el creador nos tiene señalada.

Los vientos más complicados son los que nos salen al paso en los denominados lagos chicos, en este caso el Bertrand y Plomo, que en el fondo son parte integral del Carrera; cuando llegan entran sin aviso y al ser lagos chicos con poca perspectiva visual, se transforman rápidamente en una verdadera batea, desencadenando un verdadero infierno con olas no tan grandes, pero aún más tupidas que en el Carrera, por el rebote de estas en las bardas, que vuelven al centro del lago con mucha más fuerza. Bajo este contexto el más peligroso según mi experiencia es el lago Plomo; ubicado al final del lago Bertrand en dirección sur-este hacia al ventisquero Soler, que al no tener mas de 4 km de largo y poca playa por ambos costados, se desencadena un proceso de rebote de olas altamente peligroso para un navegante poco prolijo.

Lo más peligroso al navegar en aguas tormentosas en el Carrera, es la ola que te toma de popa. Si no tienes la capacidad de surfear la ola que va adelante, encaramándose en ella de costado para después bajarla en diagonal y de costado, para volver a subir en la próxima ola, sencillamente atravesaras recto la ola de adelante con el envión de la ola, entrando como mínimo tres mil litros de agua en la embarcación y eso se podría decir que es el principio del fin para cualquiera. Las olas que te toman de costado tanto por babor o estribor, son llevaderas con habilidad y con una buena embarcación con un buen diseño marino no hay problema y basta con saber utilizar las diagonales, tal como se hace cuando tienes olas de frente, que aunque se hace mucho más largo el trayecto, el uso de las diagonales son la única vía para llegar a destino. En el Carrera existen corredores entre los vientos, algo así como senderos de agua entre los vientos, cuando los conoces son seguros y te pueden salvar de peligros inminentes.

Mi compás de navegación se centró básicamente en la costa hacia el desagüe al sur, hacia el norte hasta Mallin Grande y al frente por la costa del río Leones, Puerto Río Tranquilo, Puerto Sánchez y esporádicamente el Avellano, ese era mi territorio. En mis primeros años como navegante, cuando no existía el servicio de capilla de mármol que tenemos en la actualidad, los clientes me pedían visitar la capilla y de paso hacer algunas horas de pesca por esa costa de grandes acantilados, donde existe una excelente pesca, tanto de arrastre como con mosca y cometía la imprudencia de prestar el servicio y me lleve sustos importantes, sobre todo de vuelta a media mañana y nunca vi olas tan grandes como en ese sector. 

En uno de estos viajes una ola de popa pegó tan fuerte al golpear el espejo (trasera) del bote que lo partió y casi pierdo el motor en el medio de la tormenta. Por un reflejo pude contener con el brazo el motor que llevaba el timón y pude apretarlo de nuevo en lo que quedaba de espejo. Por suerte volvió a partir al instante y llegue a duras penas a puerto. Varias veces tuve que pasar a la isla macias que esta en el medio del trayecto entre Puerto Guadal y la capilla de Mármol a esperar por algunas horas a que amainara el temporal, porque de seguir corría riesgo de zozobrar. 

Cuando uno navega tiene que tener todo muy controlado y contener los nervios; que el motor este impecable, que la mezcla aceite que usa la bencina sea lo justo, nunca de más y nunca de menos, porque afecta el rendimiento al empastarse las bujías y una falla en el medio del lago puede ser el fin. Mantener siempre la embarcación en buen estado es básico; saber leer las nubes; su formato nos indicara de donde vendrá el viento y saber leer la presión atmosférica. Ella es un indicador certero del viento; si es alta, lo más probable que el viento llegara tarde y puede que no haya, pero si es baja llegara y más temprano que tarde, habrá que cuidarse y estar atentos a los imprevistos. Cuando conoces el lago puedes ver desde la distancia la arremetida del viento y como este entra en abanico con su tono blanquecino de crestas arremolinadas.

Al tener a cargo una embarcación, tiene que entenderse que bajo sus decisiones esta la vida de las personas y debemos tener la capacidad de saber adelantarnos a los hechos y sobre todo saber decir QUE NO aunque eso signifique problemas y nunca saltarse los protocolos de seguridad y en lo posible avisar a carabineros cuando no exista capitanía de puerto y de haber, informar a la Marina en Chile-Chico. Nunca correr riesgos innecesarios en el lago General Carrera, porque él tiene todas las de ganar y uno todas las de perder. En eso se sustenta la sabiduría de cualquier actividad de riesgo, sea montaña, navegación, cabalgatas o aérea.



Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo


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