Una que otra reflexión en torno a la literatura y la no realidad - Por Nicolás Díaz

La realidad no tiene ninguna obligación de ser entretenida. Esas palabras elucubró alguna vez Jorge Luis Borges y en cierta medida – quizás – el maestro argentino esboza una verdad cotidiana de la cual no podemos parapetarnos. Fue por esa razón que a temprana edad me enrolé en un viaje que me llevó y me ha llevado a encontrarme cara a cara con la única oportunidad de discernir de la cotidianidad sofocante que nos ahoga a diario: el mundo de las letras, de la ficción y de la no realidad. 

Este universo paralelo, que empecé a concebir cuando mi hermana Patricia me leía cuentos de Oscar Wilde y que reforcé posteriormente con la tinta de Julio Verne, me dio la posibilidad de crear y armar piezas a mi antojo y a descubrir que un libro abierto es una caja de pandora, un cofre misterioso donde el tiempo se detiene y las páginas marcan un ritmo donde los acentos acostumbrados obedecen a vibraciones disimiles que nuestros ojos no suelen observar. 

En ocasiones, los libros nos muestran la exacerbación de las emociones y de los sentimientos primarios del ser humano. Somos testigos en primera fila del suicidio de los amantes de Verona, de las vicisitudes de la familia Buendía, de un loco que pelea con molinos de viento o del ludópata ruso que juega su vida en torno a una ruleta. En otras, en tanto, vemos como se construyen veredas inalcanzables para nuestra esencia mortal condenada al fracaso y a la muerte, sin embargo, para ese instante, no existe más que una realidad marcada por el sabor de saber que unos personajes fueron felices para siempre. 

Sé, por antonomasia, que este cosmos es complejo, que requiere dedicación, tiempo, paciencia y por sobretodo, entrenamiento. No es fácil adentrarse en la orbe de la potencialidad de conjunciones verbales, de la adjetivación o presunción adverbial. Sacar el velo de las palabras cuesta, sin embargo ver estas emociones y sentimientos plasmadas en un papel nos permite reconocernos y sentir que nuestras soledades no son tan definitivas. No hay libro que no sea tan malo que no tengo algo bueno, decía Plinio el Viejo y en cierta medida – quizás – su elucubración tiene validez. 

Es por este motivo que gran parte de mis conversaciones están lejos de la política y de las coyunturas actuales porque la vida paralela de la ficción me parece – lo digo sin animo de ofender a nadie – con mayor valor que las otras. 

Cada vez que puedo y también por mi proclividad de parlanchín, es que converso de letras, de estas historias que llenan el alma y así, como pupila que se regocija con la belleza, pregono que vale la pena detenerse y encontrar un espacio en ese cetro literario de la no realidad. 

Dada esta descripción es que invito e ínsito a leer. Siempre hay un libro esperando ya sea en una librería, en un viejo anaquel o en alguna empolvada feria de pueblo. Siempre. A su vez, insto a regalar y compartir lecturas, a releer viejas páginas, a discutir porque la opinión ajena refuerza o enriquece, con la discrepancia, el punto de vista personal. Permitamos que nuestra mente vuele, que la imaginación haga de las suyas y que se revele ante lo posible y lo tangible. 

Este viaje vale la pena. Leamos, aunque sea de vez en cuando, literatura.






Por, Nicolás Díaz S.
Profesor de Historia y Geografía
Mg en Educación, Planificación y Evaluación
Compartir en Google Plus

Sobre El Chelenko

Desde nuestra agencia, Chelenko Comunicaciones, realizamos asesorías periodísticas, asesorías comunicacionales, nos especializamos en el posicionamiento de marcas, generación de contenidos y administración de redes sociales, además de difusión de publicidad en nuestro medio.