El desafío turístico de Aysén - Por Andrés Gillmore

Desde hace un tiempo que se viene diciendo, que dentro de los objetivos de la actividad turística de la región, es tener la capacidad de transformarnos en una alternativa real al Parque Nacional Torres del Paine. Afirmación que en una primera instancia tiene una serie de implicaciones directas y indirectas, positivas y negativas y como no, muchas obligaciones en todo orden de cosas. Pero antes de cualquier cosa, debemos tener la capacidad de resolver una serie de contradicciones que tenemos en nuestro propio fuero interno como región, antes de emprender un objetivo de tal magnitud. Pero es indudable que la afirmación tiene fundamento, pero no precisamente para transformarnos en una alternativa a Torres del Paine, sino, para ser lo que somos, empoderandonos con voluntad y decisión, para transformarnos en un destino propio en todo sentido, sobre todo si consideramos que Aysén de norte a sur y de cordillera a mar, tiene mucho que ofrecer con sus casi 1200 KM de carretera austral y su maravillosa diversidad geográfica, climática, escénica, cultural y ambiental, sobre todo ahora que Chile fue nombrado por el World Travel Awards 2016, como el mejor destino turístico de aventura de Sudamérica, donde Aysén es parte sustancial del premio concedido y que también le fue otorgado en el 2015.

La posibilidad que Aysén sea considerado como un destino turístico de relevancia internacional, es un hecho de la causa, que en la actualidad lamentablemente tiene una gran cantidad de peros que deben solucionarse, si queremos concretar definitivamente la decisión política, que Aysén tome la actividad turística como eje central de su proyección de desarrollo y que las otras actividades productivas, se regulen en base a ese fundamento. 

La temporada pasada fue excepcional para la actividad turística de la región, con conocimiento de causa puedo decir que puede considerarse como la mejor temporada de todos los tiempos y si en ello fundamentamos la proyección de desarrollo de la actividad, se podría decir que estamos ante una mina de oro, pero que a la vez, nos ha revelado una serie de grandes incapacidades que debemos afinar y saber resolver en todos sus aspectos, si queremos proyectarnos como un producto sustentable. 

Teniendo como comparación otros procesos de desarrollo nacionales e internacionales, es indudable que para no cometer los mismos errores y tengamos la capacidad de entregarle a nuestro proceso turístico la tan necesaria cuota aysenina del hacer y logremos una concreción cohesionada como destino, necesitamos una planificación con proyección de futuro en formas y desarrollos, que más temprano que tarde de no hacerlo, nos pasara la cuenta, a pesar de lo indudable que Aysén tiene todo para ser un destino de interés mundial de turismo aventura.

Basado en mi experiencia turística de 20 años en la actividad y haber sido propulsor de la actividad en la cuenca del Baker a orillas del lago General Carrera desde 1988 y tener algo de expertise en el tema y entender lo que implica políticamente concretar el objetivo, puedo decir sin temor a equivocarme, que la región en la actualidad no esta preparada para transformarse en una alternativa real a Torres del Paine sin colapsar, de lo que ello implicaría en la proyección regional, sin que perdamos la esencia de lo que somos y representamos como cultura y forma de hacer histórica. Todavía nos rondan profundas contradicciones internas en el seno regional, en los planteamientos de desarrollo de la actividad, al no contar con la sincronía necesaria, para lograr una relación armónica y positiva entre las comunidades, empresarios, emprendedores, gobierno regional y nacional, ante la significancia de lo que representa entender la importancia del medio ambiente como piedra angular de la actividad turística en Aysén; sobre todo, si tenemos un gobierno que quiere represar los ríos más emblemáticos de la región (Pascua, Baker, Cuervo, Blanco y otros) para transformar la región en una zona de sacrificio ambiental y seudo polo de desarrollo energético hidroeléctrico; que va en contra directamente del desafío turístico. 

En la actualidad no existe ningún proyecto de desarrollo estratégico a nivel turístico regional, que siente las bases definitivas para proyectar la actividad con la solvencia que exige el desafío y lo que implica para el mundo regional, trabajar profesionalmente por un desarrollo turístico sustentable para todos y no solo para algunos, con una perspectiva de proyección de 20 años o más, involucrando de forma coherente a las comunidades. 

La carencia de un Plan netamente aysenino, que estratifique las verdaderas necesidades, para promover una proyección sostenible a través del mejoramiento de la capacidad institucional a nivel regional en lo que a recursos humanos se refiere, introduciendo la problemática ambiental e investigativo en la planificación local como parte fundamental, sin asegurar la protección de la territorialidad, asegurando que los beneficios quedarán en la región, racionalicemos y potencializando las ventajas comparativas del turismo bajo una perspectiva ecológica de desarrollo, para que la actividad sea un reflejo real de nuestra cultura, con la posibilidad de aumentar los ingresos y la empleabilidad de las comunidades, hace que en la actualidad todo este en veremos y nada más.

Ante esta realidad, debemos tener la capacidad de crear un fundamento de ordenamiento turístico territorial, arriba de los mismos ZOIT (Zonas de Interés Turísticos) que se están desarrollando en la actualidad, como un factor articulador y ordenador de la actividad, que logre equilibrio y facilite un ordenamiento territorial sustentable, como un instrumento eficaz de desarrollo regional, que estratifique eficazmente los procesos productivos, como consenso regional ante la proyección de la actividad, aumentando el nivel de ingresos de los pobladores, mejorando la empleabilidad local y de gestión, con una planificación que este basada en la diferenciación cultural y que vaya en relación directa con la territorialidad de los productos turísticos; definiendo resultados, objetivos, productos, servicios y certificaciones, con planes de acción que en forma coherente estén de acuerdo con las capacidades propias de la región.

El turismo sustentable debe tener como objetivo primordial, atender las necesidades de los territorios involucrados, protegiendo y fomentando oportunidades para los locales, concibiendo la actividad como un todo total, para satisfacer las necesidades económicas, sociales, estéticas, escénicas, ambientales, comerciales y culturales, respetando la integridad cultural e histórica ante su propia diversidad, defendiendo los sistemas que sostienen la vida y que el desarrollo turístico no produzca cambios sociales irreversibles, sin menguar la capacidad productiva de las comunidades y por sobre todas las cosas, reteniendo sus características culturales e históricas, asegurando viabilidad y proyección de futuro en la actividad turística.







Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empesario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo
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