¿Por qué juramos a la bandera? - Por Centro de Liderazgo de Ejército

Con motivo del acto solemne del Juramento a la Bandera, el Centro de Liderazgo del Ejército (CLE) pretende aportar a la reflexión sobre los contenidos del juramento y su vinculación con la esencia de nuestra profesión militar, destacando los atributos propios que un líder actual, que a todo nivel de la jerarquía militar, debe demostrar en su actuar. Los líderes militares deben demostrar hoy, como antes, la fortaleza y el carácter de los “77 chacabucanos”, que dieron su vida por Chile y la causa nacional.

Todos somos testigos de cómo distintos actores de la sociedad, civiles y militares, demuestran su patriotismo día a día en sus labores propias de aporte al desarrollo del país. No obstante, la labor militar (de tipo profesional o de servicio ciudadano) requiere una entrega límite y un pacto consecuente que demuestre frente a la ciudadanía aquella disposición incondicional para dar la vida por Chile, en los escenarios y situaciones más complejas y extremas que se deban enfrentar. Por esa razón, los militares chilenos no basan su compromiso patriótico en una simple promesa privada, sino en un juramento declamado públicamente que pone como testigo trascendental a Dios y a la Bandera, principal símbolo del patriotismo. Entre el soldado, la ciudadanía asistente y las autoridades se pone a un tercero trascendente en el cual se depositan todos los votos del compromiso militar. 

Lo que ocurre en el momento mismo del juramento es que el joven soldado empeña seriamente su palabra y su integridad moral para el resto de la vida. El vocablo “compromiso” nos remite precisamente a aquella palabra dada o empeñada, y que genera una obligación contraída voluntariamente; por esa razón, nuestra Ordenanza General pone como principio el Compromiso Básico de la Profesión Militar, que se ve expresado en la declamación misma del juramento ante la bandera. Por eso, cabe advertir que no es posible romper un juramento sin perder también la integridad moral frente a Dios, la Patria y la ciudadanía. A diferencia del patriotismo libre y valioso del ciudadano civil, el militar chileno sella públicamente un pacto de honor frente a sus compatriotas. 

Al proferir las palabras del juramento, el soldado chileno está llevando a cabo un acto de pleno sentido personal cuya trascendencia debe tomarse en consideración permanente durante toda la vida. En ese sentido, es un acto que debe cautelar la plena conciencia de quienes participan. Esto último vale no solamente para aquellos que realizan su juramento, sino también para quienes instruyen a la tropa para aquel acto solemne. Padrinos e instructores tienen la responsabilidad de transmitir el pleno sentido del juramento y deben cuidar que su trascendencia no quede supeditada a la máscara visible del perfeccionismo. Las palabras del juramento deben ser proferidas con el gesto y el tono apropiado a la trascendencia y la integridad moral que se pone en juego, y nunca deben exagerarse en una repetición mecánica ni en una vociferación automática que vacíe su sentido real para la vida del soldado. 

Si se revisa con atención, el juramento es la síntesis explícita de todos los valores y virtudes militares que establece nuestra Ordenanza General del Ejército; en él se verá reflejado plenamente el carácter propio del militar chileno: aquel sello que lo distingue del resto de los ciudadanos por su arrojo, valentía y espíritu de sacrificio. Desde el principio, el juramento expresa los valores de Lealtad e Integridad con el solo hecho de mencionar el grado y el nombre del soldado ante Dios y la Bandera. Precisamente, la Lealtad es el cumplimiento fiel de los compromisos personales y la adhesión a los órdenes normativas, y la Integridad es el actuar en plena concordancia con la conciencia moral, manteniendo la palabra empeñada y defendiendo aquello en lo que se cree.

Al jurar “servir fielmente a mi patria, ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar” se expresa, primero, el valor del Espíritu De Servicio, como disposición a ofrecer voluntaria y activamente los esfuerzos en beneficio de la patria y la cohesión social, asunto que hoy se ve de modo destacable en la participación del Ejército en todas las catástrofes naturales que han azotado a nuestro país. También es posible distinguir el valor de la Abnegación como principio psicológico básico de la vocación militar: es la disposición a subordinar los propios intereses en para el cumplimiento del deber. Las palabras del juramento hacen hincapié en que el militar realiza una entrega de servicio en cualquier lugar donde el destino, las circunstancias y la Institución lo requieran, asunto que se puede ver cotidianamente en las destinaciones, misiones de paz y designaciones en el extranjero, donde el militar debe representar al país y defender los intereses nacionales e institucionales a toda costa.

Quizás, la parte más importante del juramento es cuando el joven soldado declama servir “hasta rendir la vida si fuese necesario”. Aquí no solo se reflejan los valores de la Abnegación, el Honor y el Valor (como valentía frente a las circunstancias que puedan atentar contra la vida del soldado); la frase apunta más allá, pues ¿qué quiere decir “rendir la vida”? Hay que comprender que, en esta frase, el soldado entrega no solo la posibilidad última de morir por la patria, sino el entregar la vida en su completo sentido: tanto la vida biológica, la entrega del cuerpo y sus energías; como la vida biográfica o historia personal (e incluso familiar): el militar chileno, por auténtica vocación de servicio y patriotismo, entrega sus tiempos personales, subordina sus propios intereses y está dispuesto a ser empleado en cualquier parte, entre otras muestras de sacrificio; en síntesis, entrega su vida completa al servicio. De esta forma, se amplía el sentido de la frase “rendir la vida”, cuando el joven soldado se compromete para la entrega total de su rendimiento, de sus energías físicas y mentales.

A continuación, el juramento se centra en algunas cuestiones de suma importancia para el funcionamiento eficaz del Ejército cuando dice “cumplir con mis deberes y obligaciones militares”. Esta frase nos remite a la Disciplina y al Cumplimiento del Deber como valores que definen la mentalidad y el comportamiento distintivo del militar. La disciplina, como método de instrucción, ordenamiento y formación, es el que permite forjar el carácter necesario para el cumplimiento de los deberes militares relacionados al empleo de la fuerza. El cumplimiento de obligaciones está relacionado a las responsabilidades propias del puesto y cargo asignado, así como también a la doctrina institucional; esto último se refuerza con la frase siguiente: “conforme a las leyes y reglamentos vigentes…”. Aquí también está implicada la Subordinación Al Derecho, que no es más que lo señalado por la Constitución Política de la República de Chile para todas las fuerzas armadas como instituciones “obedientes” y “no deliberantes”. Hoy, el cuerpo legal que rige la administración del Estado está sustentado bajo principios de probidad y transparencia, cuestiones en que el militar chileno debe ser siempre un ejemplo de Integridad moral para sus conciudadanos en la gestión de recursos materiales y humanos a su disposición.

Nuevamente, se refuerzan los valores fundamentales de la Disciplina y el Cumplimiento Del Deber cuando el soldado a continuación jura “obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de los superiores”. Aquí la Integridad del soldado también se pone en juego, pues empeña su palabra en la obediencia de las órdenes emitidas por el escalón superior. Hoy nuestra doctrina operacional incorpora a este cumplimiento la comprensión de la intención del escalón superior para que el soldado pueda cumplir con las misiones de una forma proactiva y autónoma. Si bien la actual filosofía del mando tipo-misión puede abrir una reflexión en torno a esta frase del juramento, conviene destacar que el cumplimiento de las misiones encomendadas y encuadradas en una intención general deben ser cumplidas en la forma de “iniciativas disciplinadas” que respeten el sentido final de las órdenes que se imparten. 

Nuestro juramento termina con una frase que resume el anhelo y la disposición vocacional del joven soldado chileno en “poner todo empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de mi patria”. El militar basa su Honor en ser considerado alguien valeroso, fuerte e íntegro desde el punto de vista moral. El patriotismo (o “amor a la patria”) aparece con un acento especial bajo la forma de un afecto profundo que debe ser común a todos los soldados chilenos, que juran o han jurado a la Bandera. El Espíritu de Cuerpo, como afecto común que une a una comunidad militar, se puede comprender como el amor compartido por todos los soldados a Chile. Desde ese afecto común, los militares se entregan juntos a una ardua y cotidiana tarea de Abnegación y entrega, con dignidad y sentido trascendente para el país; es la pasión que une a los soldados, genera hermandad, el sentido del honor y anima la sana camaradería en las unidades. 

Si se toma el concepto de Carácter como la encarnación y la expresión viva de los valores militares en la personalidad del soldado, la síntesis virtuosa que significa el Juramento a la Bandera compromete al soldado chileno a un trabajo permanente de auto-conocimiento y auto-desarrollo para el cultivo de las virtudes señaladas, motivado por las más altas aspiraciones e ideales nacionales. 

Conviene recordar acá porqué el acto solemne se realiza el día 9 de julio en conmemoración de la gesta heroica de La Concepción: la entrega de la vida por la patria y la insigne demostración de liderazgo y carácter de parte del Capitán Ignacio Carrera Pinto y sus “77 Chacabucanos”. Si se relaciona este hecho heroico y dramático con nuestra doctrina operacional actual, se comprende por qué el carácter aparece como el Componente Moral más importante del Poder de Combate: es la adhesión y cultivo de virtudes y valores militares lo que permite al soldado demostrar la fortaleza de su espíritu para lograr algo que es improbable para los seres humanos comunes: no huir ante el peligro inminente y proteger a Chile hasta rendir la vida si fuese necesario. 

Hasta el final, el Subteniente Luis Cruz Martínez con sus 4 últimos hombres sin munición, frente a los ofrecimientos peruanos que le gritaban: “¡Subteniente Cruz, ríndase hijito, no tiene para qué morir!”, no claudicó en sus convicciones, respondiendo con firme carácter la célebre frase que da vida a la auténtica vocación militar de servicio: ¡Los chilenos no se rinden jamás!... 

Por eso, los militares chilenos juramos a la Bandera.


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