El derrumbe de Michelle Bachelet - Por Nicolás Mansilla

Hace una semana se dio a conocer – quizás - una de las encuestas más penosas de los últimos treinta años en nuestro país. La presidenta de la República de Chile logró un 15% de respaldo lo que la ubica como la peor Jefa de Estado que ha tenido esta nación - por lo menos - en democracia. Desde sus inicios todos sabíamos que no iba hacer fácil. Chile no está acostumbrado a reformas profundas, ya que ninguna administración anterior se “atrevió” a realizar todo lo que Bachelet y su equipo propusieron para cambiar un país que cómo decía la señora Presidenta en época electoral: “Este es un Chile diferente, porque cambió”. 

El año 2013 cuándo Bachelet anunció oficialmente su candidatura, estábamos escuchando a la nueva presidenta de Chile y seamos sinceros: Evelyn Matthei no podía luchar, primero, con una ex presidenta que terminó su primer Gobierno con más del 84% de aprobación; segundo, no podía luchar con todos los políticos que se peleaban para aparecer al lado de ella y subir en las encuestas y tercero, ella era la hija de uno de los líderes de la Dictadura, me refiero al ex comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile, Fernando Matthei y con un programa de Gobierno “precario” frente a las verdaderas necesidades que el país necesita. Pero, ¿Cuál es el problema de Bachelet? 

Antes de escribir estas líneas, revisaba el programa de Gobierno y todo se ve realmente bonito. Educación gratuita, sin fines de lucro y de calidad, una nueva constitución para el país, reforma tributaria, descentralización, entre otros, son o eran (porque la verdad es que ya perdí el rumbo) promesas de Michelle Bachelet. 

Regresando a la pregunta anterior, creo que el socialismo que predice nuestra doctora se convirtió en una especie de neoliberalismo porque debemos entender que esa ideología que dice representar ella, está ligada a la igualdad económica, política y social ¿parece un chiste verdad? Creo que la sintonía entre el pueblo y élite llegó hasta el umbral máximo de una curva que desembocó en una profunda desconexión porque nuestras autoridades insisten en jugar con el cabro chico que sólo quiere alimentarse. Frente a esto, la actitud de la “Nueva Mayoría” es más reprochable aún. La semana pasada todo Chile fue testigo de que el ex presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, tiene problemas con su compresión lectora, pues, en una declaración insólita señaló que nunca entendió el programa del actual Gobierno, pero todos nos preguntamos ¿Por qué este personaje estaba en un panfleto con una persona que - según él - nunca entendió sus propuestas? Una vez más, la DC comienza abandonar el buque que se hunde a pasos de gigantes (como diría el grupo Bacilos) y algo que es mucho más reprochable, es la falta de lealtad de los políticos que cuando alguien está en la cima todos llegan como ovejas hacia su pastor, pero cuando se encuentra en el suelo, todos desconocen y prefieren ignorar y velar por el interés propio. A esos personajes hay que recordarlos. 

Sin embargo, a pesar de estos números rojos, esta administración no ha sido fácil por los múltiples casos de corrupción que se han visto en nuestro país y por un escándalo de proporciones: la nuera y el hijo de Bachelet están involucrados en el Caso Caval; luego, el escándalo de Penta, SQM, entre otros. Una verdadera tormenta de millones de pesos que nadie sabe dónde fueron a parar. Además, este Gobierno empezó a “cosquillear” a los empresarios con la reforma laboral y tributaria; se tuvo que poner los pantalones para poder enfrentar al Tribunal Constitucional, ya que es la herramienta más absurda, pero la única que le queda a la derecha, para poder acudir y frenar los proyectos que el oficialismo quiere liderar; catástrofes naturales y una crisis de desconfianza que está presente en varios países de la región. 

Lo que nos queda por proyectarnos es: ¿Quién será el nuevo presidente de Chile? Tenemos a Sebastián Piñera, el ex presidente que prometió un Gobierno de excelencia, quien no acabó con la delincuencia, realizó el peor censo en la historia de Chile, está involucrado por coimas en Argentina y EE.UU cuando era accionista de LAN y bueno, prometió el puente más moderno de Sudamérica que terminó siendo el más nefasto: el famoso Cau-Cau de Valdivia. Después, tenemos a Ricardo Lagos. Un ex Jefe de Estado que fortaleció aún más el neoliberalismo, creó la maravilla del Transantiago y es parte de los políticos viejos que nuestro país no quiere. Por la otra vereda nos encontramos con Marco Enriquez-Ominami que logra un 3% de las preferencias en la última encuesta CEP. En fin, no existe la renovación política que Chile necesita. Quizás hasta Optimus Prime - que apareció en la CEP como candidato alternativo – haga un mejor Gobierno. Lo que sabemos, es que Michelle Bachelet se ha derrumbado.






Por, Nicolás Mansilla.
Estudiante de periodismo, UACh.
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