La capacidad de pensar no es electiva ni menos direccionada - Por Soledad Cifuentes

Frente a la propuesta del Mineduc de quitar Filosofía del Plan Común de Enseñanza Media, surge inmediatamente la pregunta sobre la dirección que se desea dar a la educación chilena.

La elección de un curriculum obedece a una lectura de la historia y de la sociedad actual que se desea transmitir o proponer a las jóvenes generaciones con la intención de formarlos para la sociedad del mañana que se espera construir. Las diferentes “asignaturas” propuestas se ajustan a una reestructuración jerárquica según la ideología que realiza esta selección de contenidos y de énfasis para mostrar la historia e inducir el modo de pensar que se desea para todos los estudiantes en aras de una equidad mal entendida. Todos deseamos y esperamos educación para una sociedad más participativa, de pluralismo social, pero, ¿desde qué perspectiva y referente se la construye? No puede ser que la capacidad de pensar, y su formación, sea electiva ni menos direccionada.

Quisiera llamar la atención sobre un par de reflexiones que nos pueden servir a todos para el debate:

1.- La asignatura de filosofía no debiera ser una reducción didáctica escolar de la correspondiente ciencia académica universitaria, porque aquella no tiene el fin de la filosofía más pura que es completar formalmente un argumento, más bien el fin de la asignatura es extrínseco a la disciplina misma: las exigencias del educando, las necesidades de una persona en desarrollo. Se necesita, por lo tanto, proponer un itinerario de desarrollo de la racionalidad, dentro de la filosofía, que pueda ser asumido por cada estudiante como proceso de crecimiento de la propia humana racionalidad, con el fin de poder definir personalmente su propio “rol” en nuestra sociedad.

2.- El docente de filosofía escolar está llamado a respetar el noble objetivo de esta asignatura, expresado en el punto anterior. Para esto un sistema educacional debiera favorecer, por ejemplo, un mejor uso educativo de los criterios de formalización de los contenidos destinados a proporcionar herramientas para que el estudiante, por sí mismo, llegue a una interpretación y organización de la realidad; un sano principio de historicidad y realidad, dando espacio al principio de la divergencia en la que radica la maduración del pensamiento, la recreación de la realidad y el desarrollo del conocimiento.

Necesitamos jóvenes que maduren la capacidad crítica, que se les ofrezca buenas herramientas para ello, de calidad. No cercenemos por favor lo que otorga finalmente la categoría de humano a nuestra especie: la espiritualidad racional que da espacio a hacerse las preguntas y a buscar respuestas, entre todos y no direccionadas.





Por, Mª Soledad Cifuentes C.
Licenciada en Ciencias de la Educación y Pedagogía.
Magister (t) en Educación Superior.


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