Tenencia responsable de animales - Por Cinthya Pantanalli

Si bien no hay una definición de tenencia responsable, podemos definirla como la posesión de una mascota y la proporción de las 5 libertades que generan bienestar animal, pero la verdad es que en el 90% de los casos una o las dos partes de la definición no se cumplen.

Lo cierto es que la mayoría de los humanos tenemos cierta empatía por el sufrimiento animal, pero lo relacionamos con falta de alimento y ya, ni siquiera el acceso al agua lo consideramos fundamental. Basta con ver como que se ponen los animalistas cuando ven un perro en la calle, nadie piensa ese animal está deshidratado, todos se preocupan de entregar alimento aunque sea de mala calidad como un pan o una galleta, pensando que con ello le hacen un bien.

Lo primero que se desprende de nuestras conductas es una falta de educación. Hemos perdido la dedicación de observar nuestro medio y la curiosidad científica. Ya nadie relaciona, ni piensa en las consecuencias de nuestros actos.

En general creemos que con dejar un plato de comida y agua al perro del barrio es suficiente, luego nos damos cuenta que es perra y que parió 10 perros, pero no hay un veterinario que la opere gratis, “pucha, que son mala onda”.  No pensamos jamás que con la primera galleta o trozo de pan que le tiramos nos hicimos cargo de esa vida y que es cruel que no tomemos conciencia de esto. Lamentablemente es equivalente a un mal concentrado comprado en el supermercado o en la local comercial de construcción.

No nos responsabilizamos en absoluto de colocar vacunas, desparasitar, esterilizar, alimentar con los nutrientes esenciales para cada etapa de vida del animal. Mucho menos nos ocupamos de darle una casa o de llevarlo a la peluquería para un baño. Al pensar en un veterinario es un lujo.

De hecho, nos toca escuchar a diario a los veterinarios en una situación de urgencia; el perro convulsionando o el gato desangrado y vemos a gente llorando alrededor, solicitando que se le salve la vida al animal. Colocando en nuestras manos  la responsabilidad de las decisiones mal tomadas de los dueños que no quieren hacerse responsables de estas vidas.

He aquí el dilema, ¿Por no haber estudiado veterinaria? Déjenme decirles que la tenencia responsable de una mascota recae en todos nosotros. Y  nace con la decisión de darle una galleta u otro alimento al animal callejero.

En cuanto cruzaste la primera mirada y decidiste dar el trozo de pan , fue ahí cuando decidiste hacerte cargo… ¿pero cómo?  “¡No! Yo solo le dí comida”. Entonces, ¿la satisfacción de dar un trozo de comida es más importante que el bienestar de ese animal?

Lamentablemente es un error. Con una acción como esa, sólo estamos alargando una agonía, haciendo fuerte lo suficiente a un perro para que se reproduzca y así haya más animales en condiciones de sufrimiento y abandono.

En ese estado,  tienen un objetivo y es reproducirse, aumentando las posibilidades de peleas entre jaurías y conflictos con los vecinos.

¿Debe el estado hacerse cargo de la empatía por esa falta de alimento?  No sólo el estado, su rol es educar, promover y colaborar con políticas públicas que apunten a la tenencia responsable. Cabe destacar que el aparato estatal también debe hacerse cargo del Sename, la gratuidad y calidad de la educación, obras públicas, vivienda, salud, etc.

Entonces, ¿qué hacemos?, pues sugerir que la próxima vez que vean a un cachorro hambriento hagan “la pega” completa. Llevárselo a un hogar, desparasítalo cada 45 días, vacunarlo, esterilizarlo, darle un nombre, llevarlo al operativo de chips. Otra cosa importante, también es comprar el mejor alimento que haya en el mercado.

Sacarlo a pasear un mínimo de media hora al día, cepillarlo al menos 3 veces por semana, llevarlo a chequeo al veterinario (Por lo menos dos veces al año) ¡vacuna todos los años! ¡Desparasitar y volver a desparasitar! Dale cariño, dejar que sea parte de una familia y por favor no lo dejes dormir en la calle.

Es importante que el Congreso y el gobierno impulsen la ley de tenencia responsable. A través de ella, definir razas peligrosas, multar dueños irresponsables, supervisar criaderos, proporcionar salud y esterilización para mascotas, medios de adopción y sacar de circulación perros y gatos que sean potenciales problemas de salud pública por infecciones o mordeduras. Las estrategias son varias y a nivel mundial, hay muchas dignas de ser emuladas. Lo principal son las estrategias de educación de la población.

 “Una sociedad educada, es una ciudadanía feliz”.






Por, Cinthya Pantanalli W.
Médico Veterinario
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