Un sentimiento llamado Aysén - Por Andrés Gillmore

Aysén ha sido desde siempre un territorio al que no se le ha dado la prioridad que se merece en políticas de desarrollo. Se ha forjado gracias al titánico esfuerzo de hombres y mujeres, atraídos por la esperanza de conquistar el tan ansiado bienestar, abriendo esta frontera a fuerza de hacha, sueños y mucho esfuerzo para conseguir un futuro para ellos a comienzos del siglo XIX. Dando origen a una cultura muy propia y una forma de hacer y de vivir, diferente a la del resto del país. Desde esos años donde pioneros forjaron los cimientos, para que los colonos se transformaran en la década de los setenta en pobladores bajo el espíritu del hacer, poco y nada ha cambiado la manera de ver y sentir el territorio por los nuevos contingentes que se han atrevido a enfrentar la verdad del territorio. 

Los que llegaron primero enfrentaron a las Sociedades Explotadoras y los expulsaron en la Guerra de Chile Chico. En la actualidad enfrentamos a las transnacionales, que a fin de cuentas es lo mismo que las Sociedades Explotadoras, bajo las mismas premisas con las cuales se dio inició a la vida en el territorio y podrían considerarse en la actualidad tan valederas, verdaderas y vigentes como en antaño, bajo sólidos conceptos de vida, donde todos eran parte de un solo objetivo, adaptados en la actualidad a nuestros tiempos.

Pocos son los que recorren el territorio y no quedan maravillados por lo que ven y sienten al internarse en esta tan especial propuesta de vida. De una mística cultural que seduce y se introduce queramos o no, en el alma de los que visitan el territorio, que con el tiempo terminan queriendo ser parte, cambiando definitivamente la manera de ver y sentir la vida, modificando su comportamiento, hacia uno más humano y generoso, preocupado por el entorno y las formas del hacer.

Hoy más que nunca Aysén esta atado a esa verdad que va y vuelve constantemente y se hace más indudable que nunca, que ningún aysenino haya quedado inmune a los desatinos de un Iván Fuentes o los de un Patricio Walker recientemente y del pedido de renuncia que le solicitó el gobierno a la rectora de la Universidad de Aysén, Roxana Pey. Los dos primeros pasaron a la historia regional por su traición a los valores tradicionales de lo que queremos conservar, olvidándose completamente de la responsabilidad valórica al representar a Aysén por sobre todas las cosas. Por otro lado en el caso de la rectora Pey, es una representación de lo contrario; al caer en desgracia ante el mismo gobierno que la apoyó, por ser apegada a los valores de Aysén y representarlos ante el gobierno central. 

Sustancialmente los valores regionales del hacer y representar, más que una impronta es un sentimiento, que afloraron en la fortaleza de los que llegaron primero y prevalece hasta los días de hoy, que mueve y empuja el territorio, estructurando los cimientos de su defensa, ante todo aquel que vaya en contra de estos principios. En la actualidad ante las empresas transnacionales son representación de ello, que a toda costa quieren represar nuestros ríos, intervenir nuestro mar, destruir nuestro subsuelo y intervenir nuestra educación.

La principal característica que sustenta la lucha por salvar Aysén de los intereses foráneos y de todo aquel que vaya en contra de la cultura, es que la gran mayoría lo hacen por principios morales y conceptuales, entendiendo que el territorio de norte a sur de cordillera a mar es uno solo y que las comunidades poseen la convicción de tener una premisa real por el cual luchar. Resumible en el título de esta columna en el cual todo se sustenta. “Un sentimiento llamado Aysén”.

Por eso choca la actitud del estado chileno y de sus diferentes gobiernos, al desarrollar políticas públicas oscuras ante nuestra idiosincrasia y naturales ventajas comparativas, sin capacidad de entender lo que proyecta y lo que significa Aysén como reserva de vida y territorio de excepción y lo beneficioso que concentra esa visión aysenina para el Chile de hoy y para el desarrollo sustentable que como país debemos proyectar.

Malas decisiones del pasado han producido importantes vacíos en el desarrollo regional, ante la pérdida de actividades que fueron de relevancia historica como la ganadera, por una gestión inadecuada, que pretende compensar una ineptitud intransigente y sin sustento, sacrificando al territorio y sus comunidades por actividades atentatorias, sin entender que la proyección regional es más, bajo los planteamientos ayseninos, que por los pretendidos desde fuera; proporcionándonos desbalance social y una desarmonía ambiental en las prioridades de desarrollo histórico, que nos podría llevar a una catástrofe sin vuelta atrás.

Aysén es mucho más que bosques, ríos, montañas, glaciares y lagos, como muchos quieren creer. No es un producto del cual podemos lucrar y pretender generar ganancias a como dé lugar, sacrificando lo que es y proyecta el territorio en su forma cultural, que a fin de cuentas es el verdadero punto de inflexión de la riqueza que poseemos, ante la preservación de este magnífico territorio de excepción y que se fundamenta en su gente.

Aysén ante todo es una forma de hacer, un estilo de vida, una proyección y forma de relacionarse con el medio económico, social, cultural, histórico y medioambiental, que no podemos darnos el lujo de perder por decisiones insuficientes y por seudos líderes políticos con dobles discursos, que en verdad no representan la verdadera idiosincrasia de lo que somos y proyectamos, que solo están interesados en sus ventajas personales. 

En Aysén, la justicia social debe ir de la mano de la justicia ambiental; las dos son parte importante de un todo general, que debe respetarse en pro de un desarrollo sustentable para todos y no solo para algunos como muchos pretenden.

El éxito y la viabilidad de una estrategia de desarrollo coherente, sustentable y con sentido común, debe basarse en que no podemos confundir medios con fines. El crecimiento económico constituye un mecanismo para ir en pos de un objetivo hacia el desarrollo y no el objetivo final, de una estrategia para lograr el ansiado bienestar de las comunidades y de las personas que las componen. En Aysén no podemos sacrificar la proyección cultural y las formas de hacer de las comunidades, por el beneficio de algunos pocos, que solo quieren usufructuar de algo que no les corresponde.







Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo
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