Del sartén a las brasas - Por Andrés Gillmore

No creo que exista ningún chileno que viva en regiones que no este a favor de descentralizar y que no este a la expectativa de la tan esperada regionalización, estando completamente a favor que los Intendentes sean elegidos democráticamente y que las regiones tengan la autonomía que se merecen. Lo que complica de sobremanera, es la forma en cómo el gobierno ha iniciado el proceso dividiendo el proyecto en dos; entre la elección y las competencias y sin saberse a ciencia cierta cuáles serán las atribuciones. El simple hecho que el proyecto este dividido en dos, desde el mundo regional ciudadano da muy mala espina y solo de pensar cuáles han sido los verdaderos objetivos del gobierno para tal descriterio, nos demuestra una vez más, que hasta la misma ley de descentralización, esta estructurada y desarrollada de forma totalmente centralizada y como digo en el título; para las regiones es caer “del sartén a las brasas”.

En la actualidad los congresistas en general son muy poco creíbles y no es necesario entrar en detalles. La mayoría tiene serios problemas de toda índole y resulta dudoso por decir a lo menos, que esos mismos congresistas con éticas poco comprobables a sabiendas que no quieren entregar el poder y se anclan a el con todo lo que tiene, nos digan sueltos de cuerpo, que no nos preocupemos, que después (quien sabe cuando) legislarán las competencias. No existe la credibilidad; debería hacerse de una vez y no dividir el proyecto.

Sabemos con certeza que el crecimiento del país no ha sido para nada homogéneo desde el punto de vista territorial. No todas las regiones han crecido de manera similar y si decimos las cosas como son, la mayoría de las regiones se han transformado en zonas de sacrificio, al permitirse que las grandes transnacionales extractivistas usen y abusen de los territorios regionales para extraer los recursos naturales. Los indicadores reflejan que el dinamismo de la economía que podrían tener algunas de las capitales regionales, no son capaces de compensar y revertir los escuálidos indicadores que presentan las economías provinciales y comunales del Chile regional; produciendo un desbalance de forma en cómo crecemos y cómo nos desarrollamos. Con ello, las regiones con menor crecimiento, están concentrando el mayor número de personas en condición de pobreza y de asalariados que reciben el sueldo mínimo, con promedios estadísticos regionales que esconden la enorme asimetría existente y eso no es otra cosa que el siniestro sinónimo del centralismo.

La lucha en contra el centralismo ha sido histórica y llena de grandes fracasos, haciéndonos entender la imperiosa necesidad de combatir el centralismo, al ser el causante natural de la postración de las regiones y la terrible desigualdad de nuestra sociedad. Pese al discurso y la supuesta buena voluntad del gobierno. El discurso esta siendo utilizado como caballito de batalla para ganar las elecciones municipales y proyectarse hacia las presidenciales y eso le quita solidez y seriedad a la descentralización. Sobre todo que no se dice que si de verdad se quiere descentralizar, existe la obligatoriedad de cambiar el modelo administrativo del país y pasar del presidencialismo a uno parlamentario o semiparlamentario. Todo lo que no vaya en ese sentido no sirve y lo que es peor no resultara. 

Si partimos de la base que la desigualdad es el producto estrella del centralismo imperante, comprenderemos que la descentralización política, administrativa y fiscal, debe tener la capacidad de transferir poderes, recursos y decisión a las regiones y tener la capacidad de poner en práctica la cohesión territorial como tarea prioritaria y erradicar la pobreza, la exclusión, la desigualdad, la falta de voz y decisión de las regiones. El centralismo con todas sus implicancias y su nefasta dinámica administrativa debe erradicarse en su esencia, porque invisibiliza y margina las realidades regionales.

El gobierno de la Nueva Mayoría tal como lo prometió en la campaña por llegar a la Moneda, esta queriendo sustentar su promesa de campaña, en lo que se ha denominado su checklist institucional. Instituyendo lo que denominaron los dos pasos para la descentralización. Es indudable que nadie puede negar el gran avance que significaría una elección democrática directa para elegir al intendente regional. Sin embargo, la institución que saldrá de ese acto, será una institución con evidentes debilidades y bajo un formato a medias; que más que aportar sera un lastre difícil de sobrellevar para las regiones, introduciendolas en un caos total, al permitir que dos gobiernos regionales paralelos administren las regiones. El democrático, con casi ninguna competencia y el de la Moneda, con poder de decisión y con la competencia de los seremis a su disposición. 

Lo que es inentendible es que se acepte un proyecto desfigurado en dos etapas y no se realice de una vez y como un todo. No puedo dejar de recordar a HidroAysén, que cuando se vio complicada en su intención, para seguir pretendiendo dividieron el proyecto en dos; generación y transporte. Cuando todos sabíamos que es uno solo y que lo único que se pretendía era ganar tiempo. Lo mismo es aplicable para la descentralización, al no realizarse de una vez.

Todo se resume a una forma nueva de “hacer que se hace, pero realmente no se hace”, con una solución salomónica pero cínica. Los partidos políticos quedan tranquilos, porque no pierden su poder por el momento y dejan la tarea para al próximo gobierno y su injerencia en las regiones casi intocada y no se podrá acusar al gobierno de no respetar sus promesas de campaña. Los únicos que pierden una vez más, son los habitantes de las regiones, que heredan un formato deficiente, que se transformara en un caos administrativo, con un gobierno que le importa muy poco lo que resulte de este engendro.






Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo
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