Hemos perdido todo - Por Nicolás Mansilla

Estos días han sido episodios trágicos en la historia de nuestro país. El cielo ya no es azul y nuestros campos de flores bordado se convirtieron en la tristeza del Edén. 

La falta de recursos, la tardía reacción del gobierno y nuestra poca conciencia medio ambiental hacen que seamos testigos de uno de los desastres ecológicos más importantes de los últimos años. Pero, ¿En qué minuto todo se pudrió? Aún no logro contestar esa incógnita que hace algún tiempo la mencioné.

Nuestros vecinos sufren, la naturaleza llora, nuestro planeta se debilita, los héroes que están combatiendo las llamas se cansan, los que tienen poder reaccionan en twitter, la ciudadanía exige herramientas en Facebook, nuestros animales se mueren y, lo peor, es que nuestros compatriotas intentan escapar de un túnel que se esconde por esa densa columna de humo negra producto del infierno que se vive en la zona centro sur de Chile.

Si realizamos un análisis hay que ser críticos. Esto era una situación que se veía venir. Los territorios afectados – que en gran parte son de las familias Angelini, Matte y el amigo de Sebastián Piñera, Jorge Carey– son propiedades que ocupan las empresas forestales. Sí, esas mismas que están dejando sin el elemento básico de la vida a miles de chilenos, pero el Estado lo oculta por el bien económico y “desarrollo de la nación”.

Ahora, ¿te acuerdas del decreto 701? El documento que firmaron los de la Junta Militar tiene treinta y nueve años de vigencia y el gobierno de Piñera lo extendió por varios años más. Un decreto que es un regalo para las empresas forestales porque cada vez que podían hacer plantaciones (en extensos territorios) su bolsillo aumenta por el subsidio que el Estado les entrega. Esas plantaciones que en gran parte está la presencia de pinos y eucaliptos. 

El daño que ha dejado esta catástrofe es irreversible. Hace años que hemos escuchado sobre el cambio climático y las consecuencias que conlleva como el aumento de temperaturas, de los océanos, el cambio radical de los climas, pero no hacemos nada. 

¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Cuándo el Estado protegerá lo que en décadas dejaremos de ver? ¿Cuándo se redestinarán y estaremos preparados para el combate de emergencias que puedan ocurrir con nuestra tan diversa geografía?

No necesitamos políticos oportunistas; no necesitamos personas que exijan la renuncia de una presidenta que se le escapó de las manos su gobierno; no necesitamos que desde un computador aleguemos y critiquemos sin conocimiento e información previa sobre lo que sucede. Queremos soluciones, pero la mejor respuesta parte en casa. ¿Cómo? con el cuidado y conciencia medio ambiental, ya que, si no lo logramos, difícilmente volveremos a tener esa majestuosa montaña blanca que está escrita en nuestro himno nacional.






Por, Nicolás Mansilla
Estudiante de Periodismo, UACh.
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