La crisis existencial del modelo productivo - Por Andrés Gillmore

Uno de los grandes problemas que tenemos a nivel regional, es que en la actualidad las regiones no tienen una estrategia de desarrollo territorial, soberana y propia, que les permita ser productivamente sustentables, con estrategias que esten de acuerdo con sus ventajas comparativas y con criterios objetivos en base a su propio destino. Con el tiempo el tema de la sustentabilidad se ha transformado en la lucha por la sobrevivencia de las regiones y se ha ido transformando en un caldo de cultivo en contra de los intereses de las comunidades, de lo que denomino un centralismo sin equidad, truncando la posibilidad que las regiones crezcan y se desarrollen con armonía, balance y sustentabilidad.

El cambio climático llegó para quedarse y se hace imprescindible si queremos proyección de futuro y la sustentabilidad de las regiones, reformular la estrategia productiva, que desde los años ochenta cuando se decidió por la economía de mercado y se dejó de lado producción industrial, optando por la producción forestal, la salmonicultura, la producción de cobre, vino y frutas, sin normas ambientales que regulan los procesos y se hiciese la vista gorda ante la sobreexplotación de los recursos naturales, hicieron que en la actualidad estemos inmersos en una profunda crisis existencial del formato productivo, al no haber sabido armonizarnos con medioambientales.

En lo que se refiere a la industria forestal y los grandes incendios que están azotando las comunidades desde la cuarta a la séptima región en el mismo corazón de la producción forestal. Esta terrible destrucción se ha producido al no tomarse en consideración que desde hace décadas que se viene deteriorando los territorios del centro sur para aumentar la producción de los monocultivos forestales del Pino y Eucaliptos. Si a eso le sumamos la gran crisis hídrica de cinco años a la fecha y que nadie que se hiciese cargo para parar la desertificación, han conformado la tormenta perfecta para que los grandes incendios azotaran estas regiones .

Hace 15 años que estamos comprando el 50 % del trigo que consumimos a Argentina, Estados Unidos y Canadá, porque los trigales del pasado se han transformado en monocultivos forestales. Hace décadas que las grandes empresas forestales han estado diciendo que sus plantaciones de pinos y eucaliptos captan el CO2 y lo filtran y eso es verdad; pero han omitido que las plantas procesadoras son altamente contaminantes y devuelven con creces los porcentajes de CO2 que filtran a la atmósfera. 

Ninguna comunidad aledaña a una forestal cuenta con agua para uso domiciliario y dependen de camiones aljibes municipales para surtirse, porque pinos y eucaliptos consumen las reservas subterráneas de agua y absorben los nutrientes y reducen la flora autóctona por su actividad alelopática, al producir compuestos químicos que destruyen otros organismos vivos. Por eso no podemos seguir confundiendo plantaciones forestales con bosques nativos, que es lo mismo que confundir desarrollo con crecimiento; desarrollo es cuando la ciudadanía mejora su calidad de vida y crecimiento es cuando las empresas lucran y crecen. 

La plantaciones comerciales necesitan preparar el suelo, seleccionar plantas de rápido crecimiento como el pino y el eucaliptus y desarrollar biotecnología para mejorar los rendimientos, fertilizar los terrenos y eliminar las malezas con herbicidas muy contaminantes para el medio ambiente. Además deben regular las plantaciones a distancias regulares, asemejándose a cualquier otro cultivo agrícola. Un bosque nativo es todo lo contrario, produce diferentes tipos de árboles, vegetales, animales, frutas hongos, miel, forraje, abono, leña, maderas de uso local, fibras, vegetales, incluso medicinas naturales de uso humano y animal y como si esto fuera poco: conserva la biodiversidad de los suelos, protege los recursos hídricos y regula el microclima. 

Países desarrollados como Dinamarca y Canadá que en el pasado fueron grandes productores de celulosa, entendieron que producir sería destruir sus territorios y optaron por comprar en Chile. No es por nada que las comunidades que viven en torno a las plantaciones forestales en la actualidad son las más pobres de Chile y reciben remuneraciones apenas un poco más altas que el salario mínimo estipulado por ley y trabajan doce horas diarias, a pesar que las forestales reciben la bonificación del 75 % del gasto productivo por parte del estado por medio del decreto ley 701, que les ha permitido obtener un lucro exorbitante y crecer como industria.

La suma de todas estas realidades, ha creado un vacío en la integración productiva del mundo regional, al aplicar formatos sin considerar los objetivos propios que toda región necesita para resguardar su diversidad cultural, histórica, social, productiva y medioambiental y es preocupante que ninguna región de Chile cuente con un Plan de Ordenamiento Territorial, que estipule lo que puede o no debe hacerse en los territorios regionales, delimitando fronteras productivas y sin ninguna oportunidad de ser soberanas y producir de acuerdo con sus ventajas comparativas.





Por, Andrés Gillmore
Estudió sociología
Empresario turístico
Consultor de proyectos de desarrollo
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