El pasado te condena - Por Nicolás Mansilla

Este martes y prácticamente con honores, fuimos espectadores, al estilo Festival de Viña, del lanzamiento de campaña del ex presidente Sebastián Piñera quién aseveró que “Chile cambió”. Una frase que la escuchamos hace cuatro años atrás cuando entonces, Michelle Bachelet, anunciaba que iba a competir nuevamente en una elección presidencial.

La idea de un volver a crecer en materias económicas y un tajante descontento ciudadano se viene escuchando en las voces de la élite hace bastante tiempo. Una fórmula que parece perfecta para poder convencer a los ciudadanos de esta enorme desconfianza que ha sido producto de las mismas contradicciones que los políticos y empresarios han creado, pero que no se hacen una autocrítica responsable y nos culpan de sus pecados cometidos.

El discurso de Piñera en su lanzamiento de precandidatura nos hace recordar, pensar y analizar varias situaciones. Entre las cuales se pueden mencionar: los gritos aludiendo a un “Viva Chile” y restaurando la figura de Augusto Pinochet; un discurso que crítica al actual gobierno de la Nueva Mayoría, repasando logros de la administración anterior y dejando a la figura del expresidente como un “rockstar”; el apoyo de políticos de la centro derecha, que en gran parte, están siendo investigados y procesados por graves delitos tributarios; y, por último, la presentación de un candidato que es imputado e investigado por supuestos delitos. Pero, ¿Quién es realmente Sebastián Piñera? Y ¿Cuáles fueron los episodios vergonzosos de su primera administración que omitió en su discurso?

No quiero en estas líneas defender a un sector (como muchos me lo han dicho), pero esta parafernalia y el salvavidas que se le está otorgando a su figura me parece que tocó su punto máximo. 

Recordemos que cuando la derecha volvió a gobernar - después de cincuenta años - no fue fácil. A pocos días de que asumiera el “gobierno de excelencia” - como se denominaron en aquel entonces - un devastador terremoto provocó la muerte de cientos de chilenos y cerca de un millar de personas se vieron afectadas por la fatídica noche del 27F. Luego, las esperanzas comenzaron a dar frutos cuando se empezó a trabajar en el programa de gobierno que Piñera incentivó. Las chaquetas rojas se veían en todos lados y dejaban una imagen bastante limpia e interesante en la forma que se estaba gobernando. 

Sin embargo, no todo fue un arcoíris. Mineros atrapados encendió las alarmas en el Gobierno en intentar rescatar a treinta y tres personas que estaban a 800 mts bajo tierra. Después, la revolución de los estudiantes que marcó cifras inéditas en movilizaciones y descontento social que llevó, incluso, a regiones extremas a paralizar por demandas que parecían necesarias y urgentes, pero que cada vez se veían con menos esperanza, ya que la respuesta del Ejecutivo no era dialogar, sino utilizar la herramienta más oscura del Estado: La represión y el miedo.

Asimismo, se crearon y aprobaron leyes como la famosa “Ley Longueira” que, a propósito, le entregó el mar siete familias del país, dejando de lado a los pequeños pescadores artesanales; la aplicación de un Censo que iba hacer el “mejor” y que terminó en el peor de la historia; la supuesta eliminación de las listas de espera, que terminaron siendo un fraude; la creación de un millón de empleos que nunca fue; en fin. 

El registro del expresidente tiene altos y bajos. No todo es tan malo. Hay que reconocer que se impulsaron políticas públicas a favor de la ciudadanía, pero el historial oculto que todos ignoran o no quieren reconocer, es espantoso.

Sí amigos y amigas, Piñera llegó y en el día de su lanzamiento aseguró que “la retroexcavadora” iba a llegar. Por ende, estoy seguro que todas las reformas impulsadas por el Gobierno de la Nueva Mayoría van a desaparecer. ¿Qué pasará con la gratuidad en la educación?, ¿Volveremos a entregar este derecho a unos pocos?, ¿Las estadísticas infladas regresarán?, ¿Crecerá la economía de golpe con la varita mágica del señor precandidato?, ¿Las empresas celebrarán con la desaparición de la Reforma Tributaria y Laboral? 

Pareciera ser que a los ciudadanos lo único que les importa es que nuestros empresarios sigan haciéndose fortuna, evadiendo impuestos y beneficiando a su propio bolsillo. “Arriba los corazones, ya vendrán tiempos mejores” es la gran mentira de Piñera.






Por, Nicolás Mansilla
Estudiante de periodismo UACh
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