La lucha por el respeto y dignidad humana - Por Nicolás Mansilla

Hace algunos días nos enteramos del primer caso de lepra en Chile Continental que se registró en la región de Los Ríos y encendió las alarmas en las autoridades y población en general. La persona afectada proviene de la humilde y pobre tierra de Haití. Una zona donde el hambre y la insalubridad es la madre de todos, pues esa nación es una de las más pobres del mundo. 

La información oficial fue dada a conocer por los medios regionales. “Confirman caso de lepra en Valdivia” fue el titular que varios medios de comunicación comenzaron a publicar en las redes sociales y, al ingresar al cuerpo de la noticia, hacían énfasis en que la persona afectada era proveniente de Haití. Varios nos empezábamos a preguntar el por qué de esta situación, ya que se pensaba que era una enfermedad erradicada en Chile.

La ministra de Salud, Carmen Castillo, salió a explicar la situación en que se encontraba el paciente, pero parece que encendió aún más las alarmas cuando señaló que habían otros casos sospechosos. Pero más allá de esta breve recapitulación de hechos, me llama la atención el límite de acción del ser humano, pues los improperios, descalificaciones, racismo, intolerancias e incluso, xenofobia, hacen que nos apropiemos de la verdad sin aceptar la diversidad. Una palabra que para muchos no está dentro del diccionario de vida personal.

Comentarios como “los negros transmiten ébola”, “la delincuencia es producto de los negros”, “no tenemos trabajo por los inmigrantes infelices”, entre otros, me hace reflexionar y poner en el debate una cultura de valores que, lamentablemente, no tenemos como sociedad. ¿Por qué tenemos que discriminar y tomar una postura grotesca con los mas débiles? ¿Quién soy yo para discriminar a la persona que está al lado mío? A ellos me dirijo porque su odio y rencor no la podemos permitir.

La tasa de inmigración de Chile está por debajo del promedio mundial y entre los países de la OCDE, lo que quiere decir que al señalar que los delincuentes son sujetos provenientes de otros países, es una falacia más de los “europeos a la chilena”. Este tipo de argumentos nos confirma que la educación no es la ruleta de movilidad social que el neoliberalismo quiere imponer en los demás. La meritocracia que nos gobierna nos dominó y destruyó.

Si hay algo que me enseñaron mis padres desde chico es el respeto y tolerancia por el otro, ya que los valores es el centro de nuestra formación personal. Sin embargo, eso se pudrió porque la competencia y el querer ser mejor que el otro nos imperó. 

Basta de decir frases como “los inmigrantes vienen a quitar trabajo”; “no soy xenófobo, pero hay que hacer un filtro migratorio”; “ellos tienen más derechos que los chilenos”; “nos quitaron nuestro país”; “el problema de la inmigración”, etc; porque la única forma de poder crecer y desarrollarnos como personas, es a través del intercambio cultural. Ese que es bienvenido de personas provenientes de Alemania, Inglaterra, Australia y Europa en general, pero que es rechazado y humillado para los que son de Latinoamérica e incluso, de nuestros mismos pueblos originarios. 

Si bien, es necesario mejorar las políticas migratorias, pero no para crear ese filtro racista que están proponiendo los candidatos de la derecha, sino que para fortalecer el sistema y permitir a miles de familias que deben salir de sus países, una nueva oportunidad de vida. ¿Es tan difícil entender esto? Una vez leí un artículo del medio inglés The Washington Post donde se referían a la “crisis de los refugiados: los transmigrantes del siglo XXI” y relataban los horrorosos hechos que estaban ocurriendo en países donde falló la política, el Estado y triunfó el odio y la guerra. Desde ese momento me llamó la atención la incapacidad de aprender de los errores del pasado, pues hace siglos, el color de piel, el origen y la raza eran puntos centrales para establecer una relación social. En la actualidad, eso se está repitiendo.

Finalmente, reitero mi humilde llamado a la tolerancia y no caer en conductas penosas que muestran lo peor de nosotros. Recordemos que existen patrones fundamentales en la identidad de las personas, que son creadas por nuestro sistema social, y que nos han llevado a las descalificaciones, ya que no se han entregado las oportunidades y herramientas para una adaptación necesaria en la cultura que nos sumergimos. Una vez más, debemos enfrentarnos a la lucha por el respeto y dignidad humana.




Por, Nicolás Mansilla.
Estudiante de Periodismo  UACh

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